Herpes zóster: por qué aumenta el riesgo de infarto y ACV hasta 35%

Pacientes con herpes zóster grave que requieren hospitalización presentan mayor incidencia posterior de infarto, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca, con riesgo elevado especialmente en personas mayores de 50-60 años con antecedentes cardiovasculares.
El virus puede infectar directamente las arterias cerebrales y remodelar su estructura
Hallazgos de autopsias respaldan que el virus varicela-zóster no solo causa inflamación sistémica sino daño vascular directo.
Mark

¿Por qué recién ahora estamos descubriendo esta conexión entre el zóster y los eventos cardiovasculares? Parece algo que debería haberse notado hace mucho tiempo.

Mimi

Los estudios grandes y sistemáticos son recientes. Necesitaban bases de datos masivas de pacientes y seguimiento a largo plazo para ver el patrón. Hace veinte años no teníamos eso.

Luke

Pero hay que ser precisos: estos son estudios observacionales. Muestran una asociación estadística, no que el zóster cause directamente el infarto. Hay correlación, no necesariamente causalidad.

Mark

Entonces ¿el virus realmente infecta las arterias cerebrales, o eso es todavía teoría?

Mimi

Lo encontraron en autopsias. ADN del virus en arterias cerebrales. Eso es evidencia física, no especulación.

Luke

Sí, pero en autopsias. Eso significa que miraban casos donde ya había pasado algo grave. No sabemos cuántas personas tienen el virus en las arterias sin sufrir un ACV.

Mark

¿Entonces quién debería realmente preocuparse?

Mimi

Alguien mayor de 50 o 60 años con hipertensión, diabetes, colesterol alto o que fuma. Si además tiene un episodio grave de zóster, ese es el momento de estar alerta.

Luke

Y aun así, el riesgo es temporal. Baja después de los primeros meses. No es que el zóster te deje con un riesgo permanente de infarto.

Mark

¿La vacuna previene todo esto?

Mimi

Previene el zóster. Si no tienes zóster, no tienes ese riesgo transitorio. Es prevención indirecta.

Luke

Pero no hay datos que digan explícitamente que la vacuna reduce infartos. Solo que previene la infección que podría llevar a eso.

Mark

¿Y si ya tuve zóster? ¿Qué hago ahora?

Mimi

Si tienes factores de riesgo cardiovascular, necesitas seguimiento médico y conocer las señales de alarma. Dolor en el pecho, falta de aire, cambios en la visión o dificultad para hablar son razones para ir al hospital inmediatamente.

  • El riesgo de accidente cerebrovascular sube 34% en los tres primeros meses tras el zóster, y el de infarto un 35% en el primer mes, según estudios que abarcan millones de pacientes.
  • El virus no solo inflama: puede viajar por los nervios hasta las arterias cerebrales, infectar su pared directamente y remodelar su estructura, estrechando el flujo sanguíneo y favoreciendo la formación de coágulos.
  • Las personas con enfermedades cardiovasculares previas, hipertensión, diabetes o tabaquismo son las más vulnerables, y quienes padecen zóster grave con hospitalización presentan mayor incidencia posterior de infarto e insuficiencia cardíaca.
  • El tratamiento antiviral iniciado dentro de las primeras 72 horas reduce los eventos cerebrovasculares en casos de zóster oftálmico, y la vacunación se posiciona como la herramienta preventiva más importante.
  • Médicos advierten que ante dolor en el pecho, dificultad para hablar o pérdida súbita de visión durante o después de un episodio de zóster, la consulta médica debe ser inmediata.

El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, no es solo una enfermedad de la piel: investigaciones recientes revelan que quienes lo padecen enfrentan un riesgo elevado de infarto y accidente cerebrovascular en los meses siguientes, a través de mecanismos que van desde la inflamación sistémica hasta el daño viral directo en las arterias cerebrales. Este hallazgo sitúa a una infección considerada menor en el centro de la conversación sobre salud cardiovascular, especialmente para las personas mayores de 50 años con antecedentes previos. La ciencia, una vez más, recuerda que el cuerpo humano es un sistema interconectado donde ninguna enfermedad ocurre en aislamiento.

El herpes zóster lleva años asociado a complicaciones neurológicas como la neuralgia posherpética, pero la última década de investigación ha revelado un vínculo más inquietante: quienes atraviesan un episodio de culebrilla enfrentan un riesgo significativamente mayor de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en los meses siguientes. Los datos provienen de revisiones sistemáticas y análisis de millones de pacientes, y los porcentajes son contundentes: 34% más de riesgo de ACV en los primeros tres meses, 35% más de riesgo de infarto en el primer mes.

La explicación no es única. Por un lado, cuando el virus varicela-zóster se reactiva, desencadena una respuesta inflamatoria sistémica que libera sustancias proinflamatorias capaces de desestabilizar placas de grasa en las arterias y favorecer la coagulación. En personas con aterosclerosis preexistente, ese escenario puede precipitar un infarto. Por otro lado, el virus puede desplazarse directamente a través de los nervios hasta las arterias cerebrales, infectar su pared y generar un remodelado estructural: engrosamiento, daño de la lámina elástica y pérdida de células musculares, todo lo cual estrecha el espacio por donde circula la sangre.

Este segundo mecanismo es especialmente relevante en el zóster oftálmico, donde el nervio trigémino tiene conexiones directas con la vasculatura intracraneal. Estudios han encontrado que los pacientes con esta forma de zóster que iniciaron tratamiento antiviral dentro de las primeras 72 horas presentaron menos eventos cerebrovasculares posteriores, lo que subraya la importancia de actuar rápido.

No todos corren el mismo riesgo. Los especialistas coinciden en que la asociación es mucho más relevante en personas mayores de 50 o 60 años con antecedentes cardiovasculares, hipertensión, diabetes, colesterol elevado o tabaquismo. Para ellos, un episodio importante de zóster debe ir acompañado de seguimiento médico estrecho y conocimiento claro de las señales de alarma: dolor en el pecho, dificultad para hablar, pérdida súbita de visión o inmovilidad de algún miembro exigen atención inmediata. La vacunación y el tratamiento antiviral precoz son, hoy, las herramientas más poderosas para reducir este riesgo silencioso.

El herpes zóster, la infección viral que causa la erupción dolorosa conocida popularmente como culebrilla, ha sido vinculado durante años con complicaciones neurológicas como la neuralgia posherpética. Pero en la última década, investigadores han descubierto algo más inquietante: quienes atraviesan un episodio de zóster enfrentan un riesgo significativamente elevado de sufrir un infarto o un accidente cerebrovascular en los meses siguientes. Los números son claros. Durante los primeros tres meses después del zóster, la probabilidad de padecer un evento cerebrovascular aumenta 34 por ciento. En el caso del infarto, ese incremento llega al 35 por ciento durante los primeros treinta días. Estos datos provienen de investigaciones rigurosas: una revisión sistemática de 2017 que analizó doce estudios con información de aproximadamente 7,9 millones de personas, y un análisis de 2023 que examinó más de 2,1 millones de pacientes del sistema de salud de veteranos estadounidenses, entre los cuales casi 72.000 habían padecido zóster.

La pregunta que surge es inevitable: ¿por qué ocurre esto? El herpes zóster aparece cuando el virus varicela-zóster, que permanece dormido en el sistema nervioso después de la varicela, se reactiva. Cuando eso sucede, el virus viaja por los nervios provocando la infección cutánea característica. Pero ese proceso desencadena mucho más que una erupción dolorosa. Según explica Luis Cicco, cardiólogo, la clave está en la respuesta defensiva del organismo. Cuando el virus se reactiva y recorre los nervios, el cuerpo genera inflamación y libera sustancias que afectan no solo el sitio de la infección sino todo el sistema circulatorio. Una revisión científica de 2024 publicada en la revista Vaccines señala que esa inflamación desencadena la liberación de sustancias proinflamatorias que pueden comprometer el sistema vascular y favorecer la coagulación. En personas que ya tienen aterosclerosis, este escenario puede desestabilizar una placa de grasa en las arterias, favorecer la formación de un coágulo y obstruir una arteria coronaria, precipitando un infarto.

Pero existe un segundo mecanismo, particularmente relevante para los accidentes cerebrovasculares, que es aún más directo. El virus varicela-zóster no solo causa inflamación generalizada. Cuando se reactiva en los ganglios sensitivos, puede desplazarse a través de las fibras nerviosas hasta las arterias cerebrales e infectar directamente su pared. Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires, describe este fenómeno como vasculopatía por virus varicela-zóster. No se trata de una hipótesis teórica sin respaldo. En estudios de autopsias, investigadores han detectado ADN y antígenos del virus varicela-zóster en arterias cerebrales. El virus parece alcanzar primero la capa externa de la arteria, la adventicia, y luego propagarse hacia las capas más internas. En su camino genera inflamación y un verdadero remodelado de la estructura vascular. Los cambios observados incluyen engrosamiento de la capa interna, daño de la lámina elástica y pérdida de células musculares de la pared arterial. Como resultado, el espacio disponible para que circule la sangre se estrecha, aumentando la posibilidad de formación de coágulos e ictus isquémico.

Para Andersson, sin embargo, probablemente no existe una única explicación. El estado inflamatorio y protrombótico general que acompaña a la infección, junto con la disfunción vascular, probablemente también contribuye al aumento transitorio del riesgo. Esa combinación de mecanismos ayuda a entender por qué los estudios encuentran una asociación temporal tan marcada: el riesgo es mayor en las primeras semanas y meses después del zóster y luego disminuye. La asociación parece particularmente pronunciada en el zóster oftálmico, probablemente porque el nervio trigémino tiene conexiones directas con la vasculatura intracraneal. Andersson también señala un hallazgo importante: en pacientes con herpes zóster oftálmico que iniciaron tratamiento antiviral dentro de las primeras 72 horas, se observaron menos eventos cerebrovasculares posteriores.

La evidencia también revela que ciertos grupos de personas requieren atención especial. Un estudio poblacional de 2018 que utilizó registros del sistema nacional de salud de Corea del Sur analizó más de 20.000 pacientes con herpes zóster. Entre quienes padecieron cuadros graves que requirieron hospitalización, se observó posteriormente una mayor incidencia de infarto, accidente cerebrovascular isquémico e insuficiencia cardíaca. El trabajo encontró además una asociación bidireccional: las personas que habían sufrido previamente enfermedades cardiovasculares también presentaban mayor probabilidad de ser hospitalizadas por zóster. Guillermo Luis Cozzarin, jefe del Servicio de Cirugía Cardiovascular del Hospital Sirio Libanés, advierte que la relevancia de esta asociación varía enormemente. No tiene el mismo peso en una persona sana que en alguien que ya presenta factores de riesgo cardiovascular o antecedentes claros de enfermedad cardíaca. Hipertensión, diabetes, colesterol elevado y tabaquismo son factores que deben considerarse especialmente. Luis Cicco coincide: las infecciones favorecen la activación inmunológica, y eso pone en riesgo lugares donde ya existe enfermedad cardiovascular subyacente, muchas veces desconocida.

Para una persona con riesgo cardiovascular que atraviesa un episodio importante de herpes zóster, el seguimiento médico es fundamental, pero también lo es conocer las señales de alarma que justifican una consulta inmediata. Cozzarin subraya que en pacientes mayores de 50 o 60 años con antecedentes cardiovasculares o múltiples factores de riesgo, deben darse pautas claras. El dolor en el pecho, la falta de aire o la sudoración inusual pueden advertir sobre un problema cardiovascular. También es importante reconocer rápidamente las señales compatibles con un accidente cerebrovascular: la inmovilidad de alguno de los miembros, la dificultad para hablar o la pérdida de la visión, aunque sea temporaria. Frente a cualquiera de estas manifestaciones, se debe buscar atención médica inmediatamente. La vacunación emerge como una herramienta de prevención clave, y el tratamiento antiviral precoz sigue siendo una intervención que puede reducir significativamente el riesgo de complicaciones cardiovasculares.

Cuando se despierta, se reactiva y corre por los nervios, produciendo la conocida infección en la piel, que puede ser muy dolorosa. Todo esto genera un proceso de defensa, que es la inflamación, y se liberan sustancias que pueden afectar sistémicamente, es decir, a todo el cuerpo.
— Luis Cicco, cardiólogo
El herpes zóster no produce solamente una inflamación sistémica transitoria. El virus varicela-zóster, cuando se reactiva en los ganglios sensitivos, puede desplazarse por las fibras nerviosas hasta las arterias cerebrales e infectar directamente su pared.
— Alejandro Andersson, director del Instituto de Neurología de Buenos Aires
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