¿Hay que leer a los clásicos? Sembrando curiosidad en la generación digital

Solo conociendo el pasado se puede comprender el presente
La autora argumenta que los clásicos son esenciales para entender el mundo actual, no solo como entretenimiento.
Mark

¿Por qué insistes en que los jóvenes deben leer clásicos si claramente prefieren otra cosa?

Mimi

No se trata de obligación. Se trata de que alguien les muestre que existe un camino. La mayoría nunca lo intentó de verdad porque en la escuela se presentó como castigo.

Mark

Pero tienen acceso a todo. Pueden ver cualquier película, leer cualquier cosa. ¿Por qué los clásicos?

Mimi

Porque un clásico te enseña a pensar de formas que una película no puede. Te obliga a construir el mundo en tu cabeza. Eso es un músculo que se atrofia sin uso.

Mark

¿Y si simplemente no les interesa? ¿Si prefieren historias modernas?

Mimi

Pueden preferir historias modernas. Pero si nunca experimentaron la profundidad de un clásico, no saben qué se pierden. Es como preferir comida rápida sin haber probado nunca un buen plato.

Mark

Entonces, ¿cuál es la solución? ¿Obligarlos a leer en la escuela?

Mimi

No. La solución es mostrar que leer clásicos es posible, que el diccionario no es enemigo sino herramienta, y que la dificultad inicial se convierte en placer. Eso solo ocurre si alguien lo modela, si lo hace ver como algo valioso.

  • El 75% de jóvenes españoles entre 14 y 24 años lee libros por placer
  • Influencers viralizaron momentos de confusión ante vocabulario clásico y desconocimiento de autores
  • Cambios en hábitos de consumo digital, educación y narrativas audiovisuales alejan a jóvenes de clásicos

Los jóvenes españoles leen más que nunca (75% entre 14-24 años), pero prefieren literatura contemporánea sobre clásicos que consideran aburridos y difíciles. Factores como redes sociales, cambios educativos, distancia lingüística y competencia con contenidos audiovisuales explican el alejamiento de obras clásicas tradicionales.

Un análisis sobre por qué los jóvenes españoles encuentran dificultad para leer clásicos literarios, no por falta de lectura sino por cambios culturales, educativos y en los hábitos de consumo digital que requieren nuevas estrategias pedagógicas.

Uno se da cuenta de que envejece cuando comienza a pronunciar las mismas frases que alguna vez criticó en sus padres. "En mi época..." sale de la boca sin permiso. Así sucedió hace poco, observando en redes sociales a una influencer que se proponía leer Cumbres borrascosas. La intención era sensata: acercarse a la novela después de ver su adaptación cinematográfica reciente. Pero apenas comenzó, la sorpresa la detuvo. Palabras como "lidiar", "faz", "mundanal ruido", "misántropo" se interpusieron entre ella y la página. "Pensé que me lo leería rápido", explicó a cámara, "pero necesito un diccionario al lado. ¿Cómo sigo si no entiendo la mitad?" Y luego: "El problema es que está escrito de una forma que la literatura actual no usa. En el instituto nos dan cosas más sencillas".

Días después, otra influencer literaria se hizo viral al recibir una edición de la Odisea de Homero y preguntar, genuinamente confundida, si era "la película nueva que salió en cines". Estos momentos parecen anécdotas cómicas, pero revelan algo más profundo: la distancia que ha crecido entre los lectores jóvenes y las obras que durante siglos han formado el canon occidental. Y aquí viene lo importante: no es culpa de ellos.

Los jóvenes españoles, según los datos más recientes, leen más que cualquier otra generación. Alrededor del 75% de los adolescentes y adultos jóvenes entre 14 y 24 años lee libros por placer, más de diez puntos por encima de la media nacional. El problema no es la lectura en sí. El problema es qué leen y cómo fueron educados para leer. Operan aquí varios factores simultáneamente: el cambio radical en los hábitos de consumo cultural, donde las redes sociales, los videojuegos y el contenido breve dominan la atención; la distancia lingüística y cultural que separa a un lector moderno de una novela del siglo diecinueve; los cambios en los planes de estudio, que priorizan fragmentos y resúmenes sobre textos completos; la presentación de los clásicos como aburridos o inaccesibles en las aulas; y la competencia feroz de la literatura contemporánea y juvenil, que ofrece entretenimiento sin fricción, personajes con los que es fácil identificarse, estructuras narrativas simples.

Además está el hecho de que muchas historias que hoy consumimos como películas o series fueron antes libros. El padrino, Blade Runner, La guerra de los mundos, Psicosis. Generaciones enteras desconocen que existieron primero en la página. Las formas de contar historias se han multiplicado: audiolibros, podcasts, series, películas. Cada una compite por la atención con una ventaja: no requieren el esfuerzo sostenido que exige un clásico.

Pero aquí está el quid: no basta con leer novelas adaptadas o sagas de fantasía que no presentan dificultad. Lo que falta es aprender a leer de verdad. Los clásicos demandan una atención prolongada y específica, un músculo que la vida digital actual no ejercita. Esa capacidad solo se desarrolla con una educación consciente, comenzando desde los primeros años escolares, donde la lectura se cultive como un hábito deliberado. Sí, habrá palabras desconocidas. Sí, habrá que tener un diccionario a mano. Pero con el tiempo, eso se convierte en disfrute.

Nadie discute que los estilos de escritura, las tramas y los mundos de los clásicos no pueden ser idénticos a los que viven los jóvenes hoy. Las aventuras de Celia, los romances de Isabel Allende, las expediciones de Julio Verne, el mundo colonial de Pearl S. Buck o el poscolonial de Arundhati Roy no fascinan a esta generación como fascinaron a la anterior. Eso es inevitable. Pero lo que se debe hacer es sembrar en ellos la curiosidad por esos tiempos pasados, por otras civilizaciones, por otras formas de relacionarse y pensar. Los clásicos no son aburridos ni están pasados de moda, como algunos respondieron en redes. Son exactamente lo opuesto: son los únicos que pueden ampliar el vocabulario, que permiten disfrutar de las obras más allá de sus adaptaciones comerciales, que revelan que las sagas de hoy tienen sus raíces en las novelas de ayer. Y más importante aún: son los que nos ayudan a entender el mundo, porque nos muestran cómo era el pasado. Y solo conociendo el pasado se puede comprender el presente.

Necesito un diccionario al lado. ¿Cómo me voy a leer el libro si no entiendo la mitad del vocabulario?
— Influencer literaria sobre Cumbres borrascosas
Los clásicos no son aburridos ni están pasados de moda, sino los únicos que pueden ayudarnos a aumentar nuestro vocabulario y disfrutar de las obras más allá de las adaptaciones comerciales
— Análisis del artículo
Quieres la nota completa? Lee el original en El País ↗
Contáctanos FAQ