Hasta el 57% de Cuba se quedará sin luz este domingo por crisis energética

Los apagones masivos paralizan la economía, han provocado protestas sociales generalizadas y afectan directamente a millones de cubanos sin acceso a servicios básicos.
La oscuridad se ha convertido en la norma para millones de cubanos
En dieciocho meses, Cuba ha sufrido siete colapsos totales del sistema eléctrico, con cortes que superan veinte horas diarias.
Mark

¿Por qué Cuba no puede simplemente importar más combustible para los generadores diésel?

Mimi

Porque el bloqueo estadounidense desde enero ha cortado prácticamente todas las fuentes de suministro. Aunque Cuba produce algo de petróleo, no es suficiente. Y los países que podrían venderle diésel enfrentan presiones de Washington.

Mark

Pero el informe dice que necesitan 6.600 millones de dólares. ¿De dónde saldría ese dinero?

Mimi

Esa es la pregunta que nadie puede responder. Cuba no tiene acceso a los mercados financieros internacionales por las sanciones. No puede pedir préstamos. No tiene reservas. Es un círculo cerrado.

Mark

¿Entonces esto va a empeorar?

Mimi

Probablemente. Ocho de dieciséis plantas están rotas. Sin dinero para repararlas, seguirán rotas. Sin combustible, los generadores diésel no funcionan. Y cada apagón masivo empuja a más gente a las calles.

Mark

¿Qué pasa con los hospitales durante estos apagones?

Mimi

Tienen generadores de emergencia, pero esos también necesitan combustible. Y cuando hay cortes de veinte horas diarias, incluso los generadores se agotan. Los médicos trabajan con lo que pueden.

Mark

¿Ha habido muertes relacionadas con los apagones?

Mimi

El reportaje no lo especifica, pero cuando un hospital pierde luz durante horas, las consecuencias son reales. Pacientes en cuidados intensivos, cirugías interrumpidas, medicinas que se echan a perder sin refrigeración.

Mark

¿Cuándo podría cambiar esto?

Mimi

No hay un horizonte claro. Mientras las sanciones sigan en lugar, el combustible será escaso. Y sin inversión masiva en infraestructura —dinero que Cuba no tiene— las plantas seguirán envejeciendo. Esto podría durar años.

  • El sistema eléctrico cubano solo podrá generar el 44% de la energía que se demandará este domingo en horas pico, dejando sin luz a cerca del 57% del territorio nacional.
  • En los últimos 18 meses, el país ha sufrido siete colapsos totales del sistema, y en muchas regiones los cortes superan las 20 horas diarias, convirtiendo la oscuridad en la experiencia cotidiana de millones.
  • Ocho de las dieciséis plantas termoeléctricas están fuera de servicio y los motores diésel que cubrían el 40% de la generación llevan meses parados por falta de combustible, sin que haya solución inmediata a la vista.
  • La crisis ha detonado protestas en La Habana y Morón, recordando la intensidad de las manifestaciones de julio de 2021, mientras hospitales, fábricas y escuelas operan al límite o directamente cerrados.
  • Sanear el sistema energético costaría al menos 6.612 millones de dólares, una cifra que el Gobierno cubano no puede reunir mientras el debate entre sanciones externas y negligencia interna sigue sin resolverse.

En la Cuba de este domingo, más de la mitad de la isla quedará sumida en la oscuridad cuando caiga la tarde, no por un fallo técnico aislado, sino como consecuencia acumulada de décadas de infrafinanciación, sanciones internacionales y una infraestructura que nunca recibió el cuidado que necesitaba. La Unión Eléctrica prevé un déficit de 1.740 megavatios durante las horas pico, una brecha que solo puede cerrarse apagando la luz a millones de personas. Lo que ocurre en Cuba es el retrato de una sociedad que ha llegado al límite de lo que puede sostenerse sin inversión, sin energía y sin salida visible a corto plazo.

Este domingo, cuando las familias cubanas enciendan las luces al caer la tarde, millones de ellas se quedarán a oscuras. La Unión Eléctrica solo podrá generar 1.360 megavatios frente a una demanda de 3.100, y el déficit resultante —1.740 megavatios— se cubrirá desconectando al 57% del país. No es una sorpresa: es la expresión más reciente de una crisis energética que lleva más de un año sin tregua.

Desde mediados de 2024, Cuba ha vivido siete colapsos totales del sistema eléctrico en apenas dieciocho meses. En amplias zonas del país, los cortes superan las veinte horas diarias; en barrios de La Habana, rondan las quince. La semana pasada hubo dos desconexiones totales. Para una parte creciente de la población, la electricidad se ha convertido en una excepción, no en una garantía.

Las causas son estructurales. La mitad de las plantas termoeléctricas del país está fuera de servicio por averías o mantenimiento en instalaciones que nunca fueron modernizadas. Los motores diésel que aportaban otro 40% de la generación llevan meses parados por falta de combustible. El Gobierno señala el bloqueo petrolero impuesto por Washington; los analistas independientes apuntan a décadas de infrafinanciación crónica que las sanciones han agravado pero no creado.

El coste humano es profundo. La economía se ha contraído más del 15% desde 2020. Sin electricidad, las fábricas paran, los comercios cierran y los hospitales dependen de generadores de emergencia. El hartazgo ha vuelto a las calles: nuevas protestas han estallado en La Habana y Morón, con una intensidad que recuerda a las manifestaciones de julio de 2021.

Un informe del Cuba Study Group cifra en al menos 6.612 millones de dólares lo que costaría simplemente reparar y modernizar la capacidad de generación existente —no crecer, sino funcionar. Mientras ese dinero no aparece y el debate sobre responsabilidades continúa, la pregunta que sobrevuela la isla es cuánto tiempo más puede una sociedad sostenerse en la oscuridad.

Cuba se enfrenta este domingo a un apagón masivo que dejará sin electricidad a más de la mitad de la isla durante las horas de mayor consumo, cuando las familias preparan la cena y las luces de las casas se encienden al caer la tarde. La Unión Eléctrica estatal prevé poder generar apenas 1.360 megavatios en el horario pico, mientras la demanda alcanzará los 3.100 megavatios. El hueco entre lo que se puede producir y lo que se necesita —1.740 megavatios— se cubrirá desconectando el suministro a aproximadamente el 57 por ciento del territorio nacional.

Esta crisis no es nueva ni sorpresiva. Desde mediados de 2024, la isla atraviesa una tormenta energética sin precedentes en décadas. En los últimos dieciocho meses, el sistema nacional ha colapsado completamente siete veces. Cuando no hay averías mayores, los cortes de luz superan las veinte horas diarias en amplias zonas del país, y en algunos barrios de La Habana rondan las quince horas. Hace apenas una semana ocurrieron dos desconexiones totales del sistema. Para millones de cubanos, la oscuridad se ha convertido en la norma.

La raíz del problema es doble y compleja. Ocho de las dieciséis plantas termoeléctricas del país están fuera de servicio por roturas o mantenimiento. Estas instalaciones son responsables del cuarenta por ciento de la generación nacional, pero funcionan con equipos que tienen décadas de antigüedad y nunca han recibido las inversiones necesarias para modernizarse. El otro cuarenta por ciento provenía de motores diésel distribuidos por toda la isla, pero desde enero están completamente parados por falta de combustible. El Gobierno cubano ha señalado que el bloqueo petrolero impuesto por Washington desde principios de año es el culpable de esta escasez de diésel, aunque expertos independientes subrayan que el verdadero problema es una combinación de décadas de infrafinanciación crónica del sector y las sanciones estadounidenses actuales.

El impacto económico es devastador. La economía cubana se ha contraído más del quince por ciento desde 2020, según cifras oficiales. Sin electricidad, las fábricas no producen, los comercios cierran, los hospitales funcionan con generadores de emergencia, y la vida cotidiana se paraliza. Las universidades suspenden clases. Los restaurantes no pueden cocinar. Las personas trabajan desde casa pero no tienen luz para hacerlo.

Los apagones también han encendido la mecha de la protesta social. Las manifestaciones del once de julio de 2021, que sacudieron la isla con una intensidad no vista en décadas, fueron detonadas en gran medida por la frustración con los cortes de luz. En las últimas semanas, nuevas protestas han estallado en La Habana y Morón, ciudades del centro de la isla, con cubanos saliendo a las calles para expresar su hartazgo. El malestar no es abstracto: es el malestar de vivir sin luz, sin agua, sin los servicios básicos que cualquier persona espera tener.

Un informe publicado esta semana por el Cuba Study Group, un centro de investigación estadounidense, ofrece una cifra que ilustra la magnitud del desafío: el sistema energético nacional necesita al menos 6.612 millones de dólares —más de 5.700 millones de euros— solamente para reparar y modernizar su capacidad de generación. No es dinero para crecer o expandir. Es dinero solo para que funcione. El Gobierno cubano ha culpado a Washington de una "asfixia energética" deliberada, mientras que analistas independientes señalan que aunque las sanciones han agravado la situación, el verdadero problema es que la isla no ha invertido en su infraestructura durante demasiado tiempo.

Este domingo, cuando caiga la noche y el consumo de electricidad alcance su pico, millones de cubanos se quedarán a oscuras. No es un accidente. No es un fallo técnico aislado. Es el resultado de años de decisiones, de sanciones, de falta de recursos, de infraestructura envejecida. Y mientras la luz se apague, la pregunta que flota en el aire es cuánto tiempo más puede aguantar una sociedad así.

El Gobierno cubano ha acusado a Washington de 'asfixia energética' deliberada
— Gobierno de Cuba
Expertos independientes señalan que la crisis responde a una combinación de infrafinanciación crónica y el bloqueo estadounidense actual
— Analistas independientes
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