Cada año, el 16 de septiembre recibe en silencio a más personas que cualquier otro día del calendario: un hallazgo de Harvard que no habla solo de estadísticas, sino de cómo las estaciones, las celebraciones y la biología humana se entrelazan para escribir, sin que nadie lo planifique, el ritmo colectivo de la vida. Nueve meses antes, en diciembre, el frío y las festividades acercan a las personas; la naturaleza hace el resto. Es un recordatorio de que incluso los momentos más íntimos obedecen, en parte, a fuerzas más grandes que nosotros.