Votar sin ser influenciados por las encuestas
A pocos días de una segunda vuelta presidencial en Colombia, la confiabilidad de los sondeos electorales vuelve a ocupar el centro del debate público. La estadística Hanwen Zhang cuestionó la encuesta del Celag —que proyecta un empate técnico entre Cepeda y De la Espriella— señalando ausencia de registro legal ante el CNE e inconsistencias metodológicas que difuminan la frontera entre encuesta y sondeo. En el fondo late una pregunta que trasciende los números: hasta qué punto las mediciones que pretenden retratar la voluntad popular terminan, en cambio, modelándola.
- El Celag publicó un empate técnico que el presidente Petro amplificó en redes, convirtiendo un dato estadístico en combustible de campaña a seis días de la votación.
- Zhang advierte que Celag no figura en el registro del CNE, lo que haría ilegal la difusión de sus resultados bajo la ley colombiana de encuestas.
- La ficha técnica del estudio mezcla criterios de encuesta y sondeo, y su diseño muestral —53 localidades por cada uno de los 25 departamentos para apenas 2.046 personas— genera dudas sobre su solidez.
- Zhang conecta el problema con la primera vuelta: votantes que confiaron en sondeos favorables a Cepeda podrían haberse abstenido, un efecto de desmovilización que teme se repita.
- Petro respondió con una llamada a inscribir un millón de votantes y a 'cuidar el voto', mientras Serrano Mancilla defendió el estudio como fotografía fiel de una paridad real.
- La controversia llega en el momento más sensible: cuando los indecisos, los jóvenes y los abstencionistas de la primera vuelta podrían inclinar la balanza en cualquier dirección.
A días de la segunda vuelta presidencial del 21 de junio en Colombia, la estadística Hanwen Zhang publicó un cuestionamiento directo a la encuesta del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), que mostraba un empate técnico entre Iván Cepeda (40,8%) y Abelardo De la Espriella (39,7%) sobre una base de 2.046 encuestados. Los resultados, amplificados por el presidente Gustavo Petro en sus redes sociales, alimentaron una narrativa de competencia cerrada en los días finales de la campaña.
Zhang identificó dos problemas centrales: Celag no aparece registrado ante el Consejo Nacional Electoral como empresa autorizada para realizar encuestas, lo que haría ilegal la difusión de sus resultados; y la ficha técnica no distingue con claridad si el trabajo es una encuesta o un sondeo. Además, el diseño muestral —53 localidades en cada uno de los 25 departamentos para una muestra de apenas 2.046 personas— le pareció metodológicamente desproporcionado.
Más allá de lo técnico, Zhang advirtió sobre un efecto político concreto: en la primera vuelta del 31 de mayo, De la Espriella superó a Cepeda con 43,74% frente a 40,90%, un resultado que contradijo los sondeos que favorecían al candidato oficialista. Su hipótesis es que esos sondeos desmovilizaron a votantes que se sintieron seguros de la victoria, un riesgo que podría repetirse.
Desde Celag, el director Alfredo Serrano Mancilla defendió el estudio y señaló que la batalla real se libraría entre indecisos, abstencionistas y jóvenes progresistas. Petro, por su parte, lanzó una campaña de movilización masiva. La controversia dejó en el aire una pregunta de fondo: si los sondeos que pretenden medir la voluntad popular terminan, en los hechos, condicionándola.
A días de la segunda vuelta presidencial en Colombia, una estadística con credenciales académicas internacionales levantó una bandera roja sobre uno de los sondeos más citados de la campaña. Hanwen Zhang, investigadora china que ha trabajado como contratista para el Gobierno Petro, publicó el domingo 14 de junio un cuestionamiento directo a los resultados del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), que había anunciado un empate técnico entre Iván Cepeda y Abelardo De la Espriella para los comicios del 21 de junio.
La encuesta de Celag mostraba a Cepeda con 40,8% de intención de voto frente a 39,7% para De la Espriella, basada en respuestas de 2.046 personas. El estudio también registraba 7,6% de voto en blanco, 5,2% de indecisos y 6,7% de voto nulo o abstención. Estos números, que sugerían una ventaja marginal para el candidato oficialista, fueron amplificados por el presidente Gustavo Petro en sus propias redes, alimentando una narrativa de competencia cerrada que podría decidirse en los márgenes.
Pero Zhang identificó dos problemas fundamentales. Primero, señaló que Celag no aparece registrado ante el Consejo Nacional Electoral (CNE) como empresa autorizada para realizar encuestas, lo que significaría que la difusión de estos resultados violaría la ley de encuestas colombiana. Segundo, cuestionó la coherencia metodológica del trabajo: la ficha técnica no dejaba claro si se trataba de una encuesta o un sondeo, una distinción técnica que importa. Zhang observó que el diseño incluía cuotas de sobrerepresentación y la selección de 53 localidades en cada uno de los 25 departamentos, lo que le parecía excesivo para una muestra de apenas 2.046 personas.
La crítica de Zhang no se limitó a cuestiones técnicas. Conectó el problema de las encuestas con el comportamiento electoral real: en la primera vuelta del 31 de mayo, Cepeda había quedado segundo con 40,90% de los votos, mientras que De la Espriella lo superó con 43,74%. Zhang sugirió que muchos votantes potenciales de Cepeda no acudieron a las urnas porque confiaron en los sondeos que lo favorecían, un efecto de desmovilización que podría repetirse. Su consejo fue directo: votar sin dejarse influenciar por las encuestas.
Desde Celag, el director Alfredo Serrano Mancilla defendió el estudio como una fotografía de máxima paridad. Argumentó que el punto de diferencia entre los candidatos constituía un empate técnico y que la verdadera batalla se decidiría entre los votantes indecisos, los abstencionistas de la primera vuelta y los jóvenes progresistas. Serrano señaló que los votantes de Sergio Fajardo y Claudia López estaban divididos entre Cepeda, la abstención y el voto en blanco, mientras que los de Paloma Valencia se inclinaban ampliamente hacia De la Espriella. Los jóvenes, argumentó, serían decisivos si acudían a votar.
El presidente Petro, tras conocer los resultados de Celag, lanzó una estrategia de movilización electoral. Pidió la inscripción de un millón de personas y llamó a los ciudadanos a salir de todos los rincones del país a votar y a cuidar el voto, con instrucciones detalladas que, según él, buscarían contener el fraude. La controversia sobre la validez de los sondeos resurgiría así en los días finales de la campaña, con una pregunta de fondo: ¿qué tan confiables eran realmente estas mediciones que tanto movían la aguja política?
Notable Quotes
Su ficha técnica no me da indicios claros sobre si es una encuesta o un sondeo— Hanwen Zhang, estadística
La clave estará en los que faltan por decidir. Y entre ellos, lo más nutrido será el nuevo voto, es decir, los que no fueron a votar en primera vuelta pero sí podrían hacerlo en segunda— Alfredo Serrano Mancilla, director de Celag
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un cuestionamiento técnico sobre una encuesta genera tanta tensión política días antes de una votación?
Porque las encuestas no son neutrales. Cuando dicen que hay empate técnico, eso afecta cómo la gente vota, cuánta gente sale a votar, qué tan urgente se siente la participación. Si alguien cree que su candidato va ganando, quizás no madruga a votar.
Pero Zhang trabaja para el Gobierno Petro. ¿No es sospechoso que critique una encuesta que favorece a Cepeda, el candidato del Gobierno?
Es precisamente lo contrario de lo que parece. Zhang está diciendo que la encuesta no tiene credibilidad metodológica, no que los números sean malos para Cepeda. Su crítica es técnica: Celag no está registrado legalmente, y el diseño muestral no tiene sentido. Si fuera solo política, sería más fácil de descartar.
¿Qué significa que Celag no esté registrado ante el CNE?
Significa que legalmente no deberían estar publicando estos números como encuesta. Es como si alguien vendiera medicinas sin licencia sanitaria. No importa si el producto funciona; el proceso es ilegal.
¿Y el argumento de Serrano sobre que los jóvenes y los indecisos decidirán la elección?
Es plausible, pero también es lo que cualquier director de un centro de estudios diría para explicar por qué su encuesta muestra empate cuando la realidad de la primera vuelta fue diferente. Es una forma de decir: "Nuestros números son correctos, solo que el futuro es impredecible".
¿Qué pasa si Zhang tiene razón y la encuesta es metodológicamente débil?
Entonces Petro está tomando decisiones de campaña basadas en datos que no son confiables. Y los ciudadanos están siendo expuestos a información que legalmente no debería estar circulando. Eso es más grave que una encuesta equivocada.