En el convento de Santa Clara de Pontevedra, las excavaciones han sacado a la luz siglos de historia entrelazada: cerámica Ming, objetos del siglo veinte y restos humanos saponificados que la Diputación presentó como únicos en la Península Ibérica. Sin embargo, la singularidad proclamada se desvanece ante la realidad de Ourense, donde más de doscientos cerebros saponificados aguardan en silencio a menos de cien kilómetros. El hallazgo sigue siendo valioso, pero nos recuerda que la urgencia de lo extraordinario puede oscurecer lo verdaderamente significativo: la vida callada de quienes habitaro