Historiador jerezano revela evidencia de una muralla primitiva medieval en Jerez

La muralla original de Jerez no sería la que vemos hoy, sino una muralla interna anterior
Caramazana propone que la ciudad estuvo protegida primero por una línea defensiva más pequeña y antigua, prealmohade.

Una muralla interna prealmohade (anterior al siglo XII) habría protegido un Jerez primitivo mucho más pequeño, limitado a las collaciones de San Dionisio, San Marcos y partes de San Juan y San Lucas. El estudio se basa en análisis de documentos históricos, Vistas de Wyngaerde (1567), parcelarios, toponimia y comparativas con otras ciudades de al-Andalus, proponiendo nuevas áreas para exploración arqueológica.

  • Muralla primitiva prealmohade anterior al siglo XII, limitada a collaciones de San Dionisio, San Marcos, partes de San Juan y San Lucas
  • Estudios publicados en Al-Qantara del CSIC y Revista Historia. Instituciones. Documentos de la Universidad de Sevilla
  • Ayuntamiento medieval ubicado entre la Torre de la Atalaya de San Dionisio y actual heladería, hasta 1518-1520
  • Análisis basado en documentos de 1510, Vistas de Wyngaerde (1567), parcelarios, toponimia y comparativas con ciudades andalusíes

El historiador David Caramazana publica estudios que demuestran la existencia de una muralla medieval más pequeña y antigua en Jerez, además de ubicar el Ayuntamiento medieval entre la Torre de la Atalaya.

David Caramazana Malia, historiador jerezano, ha presentado una reinterpretación radical de cómo creció Jerez durante la Edad Media. En dos artículos académicos recientes —uno publicado en la revista Al-Qantara del CSIC y otro en la Revista Historia. Instituciones. Documentos de la Universidad de Sevilla— propone que la ciudad medieval no se desarrolló como se creía hasta ahora, sino que estuvo protegida primero por una muralla interna más pequeña y antigua, anterior incluso a la dominación almohade.

La hipótesis de Caramazana surge de un análisis minucioso de fuentes documentales visuales, parcelarios históricos, nombres de calles y comparaciones con otras ciudades andalusíes. Según su investigación, esa muralla primitiva, que data de antes del siglo XII, habría llegado más allá de la calle Francos, posiblemente hasta la calle Juana de Dios Lacoste, y se conectaba con el Alcázar atravesando la calle Cruces. Esta no sería la muralla que hoy ven residentes y visitantes en Jerez, sino una línea defensiva anterior que protegía un asentamiento urbano mucho más reducido. El primer Jerez habría estado limitado a las collaciones de San Dionisio, San Marcos y partes de San Juan y San Lucas. Las zonas de San Mateo y San Salvador, que hoy forman parte del centro histórico, prácticamente no existían en esa primera ciudad.

Caramazana propone una cronología de cuatro fases constructivas para explicar la formación del Jerez islámico. La primera, que denomina Constitución, sitúa el origen en el siglo IX, cuando dos núcleos poblacionales autónomos se configuraron en una encrucijada de rutas: uno en el cerro del Alcázar y otro en el espacio de las collaciones mencionadas. La segunda fase, Expansión, habría visto la construcción de esa primera muralla entre el cerro del Alcázar y las posteriores collaciones cristianas, probablemente entre los siglos X y XII. La tercera, Saturación, corresponde al período almohade posterior a 1146, cuando se reforzaron las defensas, se aumentó la altura de las torres del sector norte y se amplió el Alcázar. La cuarta, Desbordamiento, describe una segunda fase almohade en la que se amurallaron arrabales como San Salvador y San Mateo, y se proyectó una nueva mezquita aljama en el solar de la actual Catedral.

Lo que hace particularmente interesante esta investigación es que explica fenómenos urbanos que hasta ahora no tenían sentido. Por ejemplo, en el centro de Jerez existían curtidurías que generaban una suciedad considerable. Esto sugiere que el primer asentamiento era mucho más pequeño y que esas industrias contaminantes estaban ubicadas en los márgenes de la ciudad primitiva. Caramazana propone nuevas áreas de exploración arqueológica basadas en su análisis, lugares donde podría hallarse evidencia de esa línea de muralla primitiva.

El historiador es cauteloso respecto a las limitaciones de su trabajo. Reconoce que no hay evidencia científica arqueológica que confirme su hipótesis, ya que la muralla habría sido construida con materiales como arena y tapial, extremadamente difíciles de detectar bajo tierra. Sin embargo, afirma que a nivel visual y de fuentes escritas la evidencia es sólida. Cree que algunos edificios en el centro de Jerez podrían contener restos de esa muralla primitiva, lo que significaría que la confirmación arqueológica requeriría intervenciones en el suelo que permitieran a los especialistas identificar esos materiales.

En su segundo artículo, Caramazana también resuelve otra cuestión histórica: la ubicación del Ayuntamiento medieval de Jerez. Mediante comparación con otras ciudades del reino de Castilla y análisis de la normativa de los Reyes Católicos en las cortes de Toledo de 1480, confirma que el Ayuntamiento medieval estuvo ubicado entre la Torre de la Atalaya de San Dionisio y lo que hoy es una heladería contigua, anteriormente una floristería. Las reuniones capitulares se celebraban en estos pequeños espacios adosados a la parroquia de San Dionisio, patrón de la ciudad. Solo a partir de la década de 1490 se planteó trasladar la casa del Cabildo a otro lugar, pero hubo que esperar a la ampliación de la plaza de los Escribanos, entre 1518 y 1520, para que se construyera el nuevo edificio del Ayuntamiento en la plaza de la Asunción. En ese primer edificio se colocó la heráldica del emperador Carlos V, detalle que aparece registrado en la Vista de Wyngaerde.

La investigación de Caramazana se apoya en documentos históricos de 1510 y en las Vistas de Wyngaerde de 1567, que muestran torres y líneas de muralla dentro de la ciudad en zonas donde hasta ahora no se había considerado que existiera muralla alguna. Estos dibujos históricos revelan estructuras defensivas que se habían perdido para el siglo XVI pero que aún eran visibles en esa época. El trabajo abre nuevas preguntas sobre cómo se desarrolló Jerez urbana y administrativamente durante la Edad Media, y señala la necesidad de futuras intervenciones arqueológicas para confirmar lo que las fuentes documentales y visuales sugieren.

Hubo un cerco amurallado menor al que se ha podido constatar hasta ahora, una primitiva muralla que llegaba hasta más allá de la calle Francos y conectaba con el Alcázar
— David Caramazana Malia, historiador
El primer asentamiento de Jerez era mucho más pequeño, englobando las collaciones de San Dionisio, San Marcos, parte de San Juan y parte de San Lucas
— David Caramazana Malia
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué es importante descubrir que había una muralla más pequeña y antigua? ¿No es solo un detalle histórico?

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No es un detalle menor. Esa muralla primitiva explica cómo se organizaba realmente la ciudad medieval. Si el primer Jerez era mucho más pequeño, limitado a cuatro collaciones, entonces entendemos por qué ciertas industrias como las curtidurías estaban donde estaban, y cómo la ciudad se expandió en fases distintas.

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Mencionas que la muralla estaba hecha de arena y tapial. ¿Por qué eso hace tan difícil encontrarla arqueológicamente?

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Esos materiales se degradan y se mezclan con el suelo con el tiempo. No dejan la huella clara que dejaría una muralla de piedra. Además, si está bajo edificios modernos del centro histórico, no se puede excavar fácilmente sin afectar estructuras actuales.

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¿Cómo llegó Caramazana a esta conclusión si no hay evidencia arqueológica directa?

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Combinó varias fuentes: documentos escritos de 1510, los dibujos de Wyngaerde de 1567, el análisis de cómo estaban divididas las parcelas, los nombres de las calles, y comparó todo con cómo crecieron otras ciudades andalusíes. Las fuentes visuales muestran torres y líneas de muralla que desaparecieron pero que existían en el siglo XVI.

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¿Y el Ayuntamiento medieval? ¿Qué importancia tiene saber que estaba junto a la Torre de la Atalaya?

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Sitúa el poder administrativo de la ciudad en un lugar específico durante siglos. Muestra que el Ayuntamiento estuvo en espacios muy pequeños, adosados a la parroquia de San Dionisio, hasta que en los años 1518-1520 se construyó un edificio más grande en la plaza de la Asunción. Es un cambio que refleja cómo creció la ciudad y su administración.

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¿Qué pasaría si alguien excavara en el centro de Jerez y encontrara esa muralla?

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Confirmaría toda la hipótesis de Caramazana. Pero también obligaría a reescribir partes de la historia urbana de Jerez. Cambiaría cómo entendemos el desarrollo medieval de la ciudad, sus fases de crecimiento, y cómo se relacionaban los diferentes barrios entre sí.

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