En las alturas silenciosas de la cordillera mendocina, a tres mil metros sobre el nivel del mar, un andinista curioso encontró lo que los arqueólogos aún no saben nombrar con certeza: estructuras de piedra dispuestas en pasillos lineales que no tienen precedente conocido en la región. El hallazgo, posiblemente vinculado al mundo incaico de los siglos XV y XVI, recuerda que el paisaje andino nunca fue solo geografía, sino también lenguaje sagrado. Un equipo hispano-argentino se prepara para interrogar estas piedras en diciembre, confiando en que la ciencia pueda escuchar lo que el tiempo ha gua
Hallan misteriosas estructuras de piedra en los Andes a 3000 metros de altura
No hay antecedentes de esto. Es un hallazgo inédito.
¿Cómo es posible que algo así no se haya descubierto antes? Estamos hablando de estructuras de treinta metros de largo.
La altura es brutal—tres mil metros—y el acceso es casi imposible sin equipo y experiencia. Un andinista necesitó tres intentos para llegar. Además, Google Earth cambió el juego: permitió ver patrones que nadie había visto caminando por ahí.
Pero espera. ¿Cuánto tiempo llevan esas estructuras ahí? ¿Cien años? ¿Mil? Porque "posiblemente incaicas" es bastante vago cuando no hay cerámica, no hay fechas, no hay nada que lo confirme.
Exacto. Por eso van en diciembre. Sin datar, es solo una hipótesis. Pero la ubicación, la forma, el hecho de que no hay restos de ocupación permanente... todo apunta a que fueron campamentos estacionales.
¿Y si no son incaicas? ¿Qué pasa entonces?
Podrían ser anteriores o posteriores. Los investigadores son cuidadosos con eso. Lo que saben es que es único en Mendoza. Nunca se ha visto algo así.
Aquí hay algo que me preocupa: el andinista no encontró material arqueológico en la superficie. Nada. ¿Eso no es raro para un sitio incaico?
No necesariamente. Si fue un campamento temporal, la gente no dejaba cerámica rota por todos lados. Entraban, usaban el espacio, se iban. La geoarqueología va a buscar en el suelo, en los sedimentos, donde la gente no ve.
¿Qué tan importante es esta colaboración entre Argentina y España?
Fundamental. Los españoles traen tecnología de análisis microscópico que Argentina no tiene. Pueden leer la historia en los granos de polen, en las moléculas del suelo. Solos, los argentinos no podrían hacer eso.
Pero aún así, en diciembre van a llegar, van a tomar muestras, y probablemente se irán sin respuestas definitivas. Esto va a ser un trabajo de años.
Claro. Pero es así como funciona la arqueología. Haces una pregunta, recopilas datos, y luego esperas años mientras los laboratorios hacen su trabajo. Este sitio acaba de abrirse. Recién estamos empezando.
O Pulso
- Un andinista mendocino pasó meses de intentos fallidos antes de alcanzar el sitio tras cuatro días de marcha sin agua ni señal, solo para encontrar pasillos de piedra de más de treinta metros sin paralelo conocido en la arqueología local.
- La ausencia total de cerámica, restos orgánicos o señales de ocupación prolongada convierte el lugar en un enigma que desafía las categorías habituales con las que la arqueología clasifica los asentamientos humanos.
- El hallazgo fue absorbido de inmediato por Arqueoandes, un proyecto conjunto entre Argentina y España, lo que eleva la escala del misterio y multiplica los recursos científicos disponibles para abordarlo.
- La hipótesis más sólida apunta a campamentos estacionales incaicos integrados en una red de significado religioso y político, pero los investigadores advierten que el origen podría ser anterior o posterior al Imperio inca.
- En diciembre, drones, geoarqueología, análisis de sedimentos a escala microscópica y teledetección convergerán en la cordillera para intentar datar las estructuras y reconstruir el mundo que las vio nacer.
En las alturas silenciosas de la cordillera mendocina, a tres mil metros sobre el nivel del mar, un andinista curioso encontró lo que los arqueólogos aún no saben nombrar con certeza: estructuras de piedra dispuestas en pasillos lineales que no tienen precedente conocido en la región. El hallazgo, posiblemente vinculado al mundo incaico de los siglos XV y XVI, recuerda que el paisaje andino nunca fue solo geografía, sino también lenguaje sagrado. Un equipo hispano-argentino se prepara para interrogar estas piedras en diciembre, confiando en que la ciencia pueda escuchar lo que el tiempo ha guardado.
En mayo de 2025, un andinista mendocino detectó en imágenes de Google Earth unas formaciones de piedra dispuestas en patrones lineales a tres mil metros de altura en los Andes. La curiosidad lo llevó a intentar llegar hasta allí en persona, pero el terreno y el clima lo rechazaron dos veces. Recién en febrero de este año, tras cuatro días de marcha sin agua ni cobertura telefónica, pudo alcanzar el sitio.
Lo que encontró desafió cualquier expectativa: pasillos de piedra de más de treinta metros de largo y montículos de roca apilada, sin cerámica, sin restos orgánicos, sin los rastros habituales de una ocupación humana sostenida. Compartió las fotografías con Cristina Prieto-Olavarría, del instituto Ianigla-Conicet, y con Horacio Chiavazza, de la Universidad Nacional de Cuyo. Ambos arqueólogos reconocieron de inmediato que no existía nada comparable en la literatura ni en los registros locales.
El hallazgo fue incorporado al proyecto Arqueoandes, una colaboración entre investigadores argentinos y españoles que estudia cómo el paisaje de la alta montaña andina se transformó a lo largo de la historia. La hipótesis principal sitúa las estructuras en el período incaico, entre los siglos XV y XVI, aunque no se descartan otros orígenes. La función más plausible por ahora es la de campamentos estacionales vinculados a la cosmovisión incaica, en la que las montañas y los caminos formaban parte de un territorio cargado de sentido religioso y político.
En diciembre, un equipo interdisciplinario regresará al sitio con drones, teledetección, análisis geoquímicos y métodos de geoarqueología para datar las estructuras y reconstruir el ambiente en que existieron. Juan Pedro Bellón, director del instituto español participante, ha calificado el descubrimiento como "de primer orden". Hasta entonces, las piedras seguirán guardando sus secretos en la altura.
Un andinista mendocino descubrió en mayo de 2025, mientras exploraba imágenes de Google Earth, formaciones de piedra dispuestas en patrones lineales a tres mil metros de altura en la cordillera de los Andes. Lo que vio en la pantalla lo intrigó lo suficiente como para intentar llegar hasta allí en persona. Pasaron meses de intentos fallidos—primero en septiembre, luego en noviembre—antes de que las condiciones meteorológicas y el terreno implacable le permitieran alcanzar el sitio en febrero de este año, tras una marcha de cuatro días sin agua ni cobertura telefónica.
Lo que encontró fue notable: estructuras pétreas que formaban pasillos lineales de más de treinta metros de largo, junto con montículos de piedra apilada. No había cerámica visible, no había restos de comida, no había los indicios típicos de una ocupación humana prolongada. Tomó fotografías y las compartió con Cristina Prieto-Olavarría, arqueóloga del instituto Ianigla-Conicet, y Horacio Chiavazza, del Laboratorio de Arqueología Histórica y Etnohistoria de la Universidad Nacional de Cuyo. Ambos reconocieron de inmediato que estaban ante algo sin precedentes en la arqueología local. "No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones", dijeron a La Nación. "No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza".
El descubrimiento se integró rápidamente en Arqueoandes, un proyecto de colaboración entre investigadores argentinos y españoles diseñado para estudiar cómo el paisaje de la alta montaña andina se transformó a lo largo del tiempo y cómo distintos procesos históricos moldearon ese entorno. Prieto-Olavarría y Mario Gutiérrez, del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, dirigen el esfuerzo conjunto. La hipótesis principal apunta al período incaico, entre los siglos XV y XVI, aunque los investigadores no descartan orígenes anteriores o posteriores. La función de las estructuras sigue siendo un misterio, pero una posibilidad que gana terreno es la de campamentos estacionales: el lugar está en una zona de acceso extremadamente difícil, sin agua cercana, y nada sugiere que fue habitado de manera permanente.
Si estas estructuras son efectivamente incaicas, podrían revelar algo profundo sobre cómo esa sociedad concebía el espacio sagrado. Para los incas, las montañas, los caminos y otros hitos geográficos no eran simplemente accidentes del terreno: formaban parte de un territorio cargado de significado religioso y político. Las estructuras podrían haber servido como puntos de referencia en esa red simbólica, o como refugios temporales para viajeros que cruzaban la cordillera.
En diciembre, un equipo interdisciplinario regresará al sitio con tecnología de punta. Planean realizar análisis del terreno de alta precisión, prospecciones a pie, estudios geoquímicos, trabajos con drones y teledetección, además de investigaciones de geoarqueología. El objetivo es doble: determinar cuándo se construyeron las estructuras y qué función cumplieron, pero también reconstruir el ambiente en el que existieron. "Vamos a poder trabajar aspectos ambientales relacionados con disponibilidad de agua, eventos climáticos y también eventos humanos", explican los investigadores. Los especialistas españoles aportarán métodos avanzados para analizar sedimentos y restos botánicos a escala microscópica, lo que permitirá rastrear cómo evolucionó el paisaje y qué actividades desarrollaron las sociedades que ocuparon ese espacio.
Juan Pedro Bellón, director del instituto de Jaén, ha calificado el hallazgo como "de primer orden", subrayando la importancia de que instituciones de dos países trabajen juntas en un misterio que ninguno podría resolver completamente solo. En los próximos meses, mientras el equipo se prepara para la expedición de diciembre, estas estructuras de piedra seguirán guardando sus secretos en la altura, esperando a que la ciencia las interrogue.
Citações Notáveis
No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones. Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza.— Cristina Prieto-Olavarría y Horacio Chiavazza, investigadores principales
El lugar está en una zona de acceso muy complejo y sin agua. Tampoco parece haber sido un sitio de ocupación permanente.— Equipo de investigación