En la quietud de los quehaceres cotidianos, millones de personas se han sorprendido hablando consigo mismas y han dudado de su propia cordura. Expertos de Cleveland Clinic y la Universidad de Wisconsin-Madison confirman que este monólogo en voz alta no es señal de fragilidad mental, sino una herramienta cognitiva que organiza el pensamiento, regula las emociones y acelera la resolución de tareas. La voz que nos acompaña en soledad resulta ser, paradójicamente, una de las más útiles que podemos escuchar.