En el Día Internacional de la Paz, António Guterres recuerda a los gobiernos del mundo una verdad que la historia confirma una y otra vez: la paz no es un estado que se hereda ni un silencio que llega solo, sino una construcción que exige recursos, mediadores, canales abiertos y voluntad política sostenida. Su llamado desde las Naciones Unidas no es retórico; es una advertencia ante un mundo donde los conflictos sin resolver y las crisis humanitarias crecientes demuestran el costo de ignorar la diplomacia preventiva.