Antes de que el 6G exista como realidad cotidiana, Grecia ha llevado a Bruselas una pregunta que pocas veces se formula tan temprano: ¿a quién pertenece el valor económico de lo que aún no ha llegado? El ministro Kyriakos Pierrakakis propone que los ingresos de las futuras subastas de frecuencias 6G —entre 12.000 y 15.000 millones de euros— se coordinen entre los 27 Estados miembros para financiar innovación tecnológica común y aliviar la presión sobre los presupuestos nacionales. Es una apuesta por convertir un recurso invisible y todavía vacío en palanca de cohesión europea.