En el tejido invisible de la infraestructura digital cotidiana, una grieta ha aparecido donde menos se espera: en el motor que interpreta el lenguaje de la web moderna. Google ha confirmado que atacantes reales, no hipotéticos, están aprovechando un fallo crítico en el corazón de Chrome para comprometer ordenadores en todo el mundo. La respuesta, Chrome 152, ya existe y está disponible, pero su valor depende enteramente de que cada usuario dé el pequeño paso de instalarlo antes de que el daño llegue a su puerta.