En la política, las lealtades tienen fecha de vencimiento. Cinco meses después de prometer luchar sin descanso por la liberación de Nicolás Maduro, el gobierno interino de Delcy Rodríguez lo ha borrado silenciosamente de la agenda diplomática venezolana, omitiendo su nombre en cinco rondas de negociación con la oposición. Lo que guía este giro no es la traición por principio, sino la aritmética del poder: Rodríguez necesita el respaldo de Washington para sobrevivir, y Washington no negocia por Maduro.
Gobierno venezolano abandona a Maduro en negociaciones con la oposición
Los han borrado de la historia de las negociaciones
¿Por qué el gobierno cambió tan radicalmente su posición sobre Maduro en apenas cinco meses?
Porque la supervivencia política de Rodríguez depende de Washington, no de Maduro. Una vez que él fue capturado, dejó de ser útil como símbolo de resistencia y se convirtió en un obstáculo para negociar con Estados Unidos.
¿Pero no hay riesgo de que esto alienar a los seguidores de Maduro que quedan?
Probablemente. Pero Rodríguez ha consolidado el control militar reemplazando comandantes leales a Maduro. Sin apoyo militar, los seguidores de Maduro tienen poco poder para desafiarla.
¿Qué significa que su nombre simplemente no aparezca en las negociaciones?
Significa que ya no es negociable. No es que hayan decidido dejarlo ir; es que han decidido que su caso no es asunto de ellos. Lo dejan en manos de la justicia estadounidense mientras avanzan con sus prioridades.
¿Y María Corina Machado? ¿Por qué fue excluida?
Eso es más complicado. Ella es la líder opositora más popular, pero su exclusión sugiere que Rodríguez está negociando con sectores de la oposición que la ven como una amenaza, no con toda la oposición unida.
¿Qué viene ahora para Maduro?
Su caso seguirá en los tribunales de Brooklyn. Pero políticamente, ya está muerto en Venezuela. Nadie lo va a rescatar.
El Pulso
- El nombre de Maduro desapareció por completo de cinco rondas de negociación entre el gobierno interino y la oposición venezolana, un silencio que habla más que cualquier declaración oficial.
- Los carteles y murales que exigían su liberación fueron retirados de las calles venezolanas, borrando físicamente la causa que el propio gobierno prometió defender en enero.
- Rodríguez consolida su poder reemplazando mandos militares y acercándose a Washington, que sostiene su administración a cambio de apertura económica y acceso al petróleo venezolano.
- Las negociaciones avanzan hacia temas concretos —reconstrucción post-terremoto, repatriación de oro, reforma judicial y electoral— mientras Maduro queda atrapado en un vacío político sin defensores.
- La exclusión de María Corina Machado de las conversaciones revela que las fracturas internas de la oposición persisten incluso mientras el diálogo con el gobierno toma forma.
En la política, las lealtades tienen fecha de vencimiento. Cinco meses después de prometer luchar sin descanso por la liberación de Nicolás Maduro, el gobierno interino de Delcy Rodríguez lo ha borrado silenciosamente de la agenda diplomática venezolana, omitiendo su nombre en cinco rondas de negociación con la oposición. Lo que guía este giro no es la traición por principio, sino la aritmética del poder: Rodríguez necesita el respaldo de Washington para sobrevivir, y Washington no negocia por Maduro.
Cuando Nicolás Maduro fue capturado en enero, las promesas fueron enfáticas: el gobierno interino venezolano lucharía sin descanso por su regreso. Su hermano Jorge juró no descansar; Delcy Rodríguez calificó el arresto como una "agresión vil". Cinco meses después, en las cinco rondas de negociación celebradas este mes entre el gobierno y la oposición, el nombre de Maduro no fue pronunciado ni una sola vez. Nadie pidió su liberación. Nadie cuestionó los cargos de narcoterrorismo que enfrenta en Brooklyn. "Los han borrado de la historia", dijo una figura opositora al Financial Times.
El silencio tiene correlato físico: los carteles que exigían la libertad de Maduro y su esposa Cilia Flores desaparecieron de las ciudades venezolanas, y los murales fueron borrados. Rodríguez, más contenida que su antecesor en el discurso público, rara vez menciona su nombre, y tampoco lo hizo al concluir las negociaciones.
Detrás del abandono hay un cálculo preciso. El gobierno de Rodríguez depende del apoyo de Washington para mantenerse en pie: desde enero, Estados Unidos ha sostenido su administración a cambio de apertura económica, y las empresas estadounidenses ya tienen acceso a las reservas petroleras del país. Incluso Diosdado Cabello, ministro de Justicia que también enfrenta cargos en Estados Unidos, se ha acercado abruptamente a Washington. "Su destino ya está sellado", señaló el analista Edward Rodríguez. "Dejarán que el caso siga su curso mientras se centran en sobrevivir".
Las conversaciones de este mes giraron en torno a la reconstrucción tras los terremotos de junio, la repatriación de unos 4.000 millones de dólares en oro almacenados en el Banco de Inglaterra, y el inicio de reformas judiciales y electorales. El gobierno anunció la liberación de 131 presos políticos, aunque Foro Penal verificó al menos 78 casos. Mientras tanto, María Corina Machado, la líder opositora más popular del país y Premio Nobel de la Paz, fue excluida de todas las rondas, evidenciando que las fracturas dentro de la oposición no han desaparecido. El hombre que gobernó Venezuela durante casi dos décadas existe hoy en un vacío político, abandonado por quienes prometieron no olvidarlo.
Cuando Nicolás Maduro fue capturado en enero, el gobierno interino de Venezuela prometió luchar sin descanso por su liberación. Su hermano Jorge, presidente de la Asamblea Nacional, juró que no descansarían hasta traerlo de vuelta. Delcy Rodríguez, quien ahora encabeza la administración, calificó su arresto como una "agresión vil". Pero cinco meses después, en las cinco rondas de negociación que el gobierno sostuvo con la oposición este mes, el nombre de Maduro nunca fue pronunciado. Nadie pidió su liberación. Nadie cuestionó los cargos de narcoterrorismo y narcotráfico que enfrenta en Brooklyn. "Maduro y Flores simplemente no existen en la mesa de negociaciones. Los han borrado de la historia", dijo una figura de la oposición al Financial Times.
El silencio es ensordecedor porque marca un giro radical respecto a las promesas de enero. Los carteles que exigían la libertad de Maduro y su esposa, Cilia Flores, han desaparecido de las calles de las ciudades venezolanas. Los murales pintados antes del arresto fueron borrados. En Caracas quedan apenas algunos retratos de gran tamaño de la ex primera dama. Rodríguez, cuyo estilo de comunicación es mucho más contenido que el de su antecesor, rara vez menciona el nombre de Maduro en sus apariciones públicas. Incluso en el discurso que pronunció al concluir las negociaciones, su nombre no fue mencionado.
Este abandono responde a un cálculo político concreto. El gobierno de Rodríguez depende del respaldo de Washington para mantenerse en el poder. Desde enero, Estados Unidos ha sostenido su administración a cambio de apertura económica, y ahora las empresas estadounidenses tienen acceso a las reservas petroleras venezolanas. Rodríguez ha consolidado su control interno reemplazando altos mandos militares por figuras leales. El ministro de Justicia y Seguridad, Diosdado Cabello, quien también enfrenta cargos en Estados Unidos por narcotráfico, se ha acercado abruptamente a Washington en los últimos meses. "Su destino ya está sellado", dijo el analista venezolano Edward Rodríguez al Financial Times. "Dejarán que el caso siga su curso mientras se centran en su única prioridad: la supervivencia".
Las negociaciones de este mes se enfocaron en asuntos muy distintos. El gobierno y la oposición discutieron cómo financiar la reconstrucción tras los terremotos de junio, la repatriación de aproximadamente 4.000 millones de dólares en lingotes de oro almacenados en el Banco de Inglaterra, y el inicio de una reforma del sistema judicial. Se esperan cambios adicionales, incluida una reforma electoral con miras a futuras elecciones. El gobierno interino anunció la liberación de 131 presos políticos, aunque la organización de derechos humanos Foro Penal verificó la libertad de al menos 78 personas.
Las negociaciones también generaron tensiones internas en la oposición. María Corina Machado, la líder opositora más popular del país y Premio Nobel de la Paz, no fue incluida en ninguna de las cinco rondas de conversaciones. Su exclusión refleja las fracturas que persisten incluso mientras el gobierno y sectores de la oposición avanzan en sus diálogos. Lo que una vez fue una causa común—la liberación de Maduro—ha sido silenciado en favor de negociaciones sobre reconstrucción, oro y reformas electorales. El hombre que gobernó Venezuela durante casi dos décadas ahora existe en un vacío político, abandonado por quienes alguna vez prometieron no dejar de luchar por él.
Citas Notables
Maduro y Flores simplemente no existen en la mesa de negociaciones. Los han borrado de la historia— Una figura de la oposición al Financial Times
Su destino ya está sellado. Dejarán que el caso siga su curso mientras se centran en su única prioridad: la supervivencia— Edward Rodríguez, analista venezolano