En un país donde la inseguridad ha erosionado la confianza de comunidades enteras, el gobierno del Presidente Kast dio inicio formal a una estrategia que aspira a algo más que patrullas: el Plan Escudo de Barrio busca reunir al Estado en su totalidad —policía, desarrollo social, comunidad— en los territorios donde el delito se ha vuelto más pesado. La apuesta no es nueva en su nombre, pero sí en su pretensión de focalización técnica y medición de resultados, reconociendo que la seguridad es, antes que nada, una deuda con las familias más vulnerables.