Frente a la persistente capacidad del crimen organizado para operar desde dentro de las prisiones, el gobierno colombiano ha resucitado una táctica de otra época: recluir a los cabecillas más peligrosos en buques de guerra, lejos de las redes que comandan. La estrategia REMAS, presentada en Barranquilla el 23 de agosto por el presidente De la Espriella, no es solo una medida de aislamiento físico, sino el reconocimiento de que los muros convencionales ya no bastan para contener el poder de quienes gobiernan el crimen desde una celda.