Como ocurrió hace casi tres décadas con el inicio del Plan Colombia, un cambio de gobierno en Bogotá vuelve a abrir puertas en Washington con una velocidad que sorprende. La delegación del gobierno electo de Abelardo De La Espriella, encabezada por el vicepresidente designado José Manuel Restrepo, recorrió durante cuatro días la capital estadounidense buscando recomponer una relación bilateral que el gobierno de Gustavo Petro había desgastado profundamente. Lo que emergió no fue solo un restablecimiento de la cooperación en seguridad, sino el esbozo de una alianza más amplia que aspira a inclu
Gira de De La Espriella reabre puertas en EE. UU. con agenda que va más allá de seguridad
El amor en Washington se expresa con dinero
¿Por qué esta gira de cuatro días en Washington es tan importante si el nuevo gobierno ni siquiera ha tomado posesión?
Porque el nivel de las reuniones es un mensaje político. Que Restrepo se reúna con el secretario de Estado, los secretarios del Tesoro y Comercio, y directivos de la banca multilateral antes de que De La Espriella sea presidente, eso dice que Estados Unidos quiere empezar ya. No es protocolo, es prioridad.
¿Qué cambió respecto a cómo era la relación con el gobierno anterior?
Durante Petro, la relación se deterioró significativamente. Había desacuerdos sobre seguridad, sobre política exterior. Esta gira es el reset. Trump quiere dejar claro que Colombia vuelve a ser el socio preferencial, pero también que quiere una relación más amplia que solo seguridad y drogas.
¿Entonces la seguridad ya no es lo central?
Sigue siendo importante, pero ahora es un pilar dentro de una agenda mucho más grande. Comercio, inversión, infraestructura, energía, inteligencia artificial. Restrepo se reunió con Google. El Fondo Monetario Internacional anunció misiones técnicas. Es un cambio de mentalidad: Colombia como socio económico, no solo como aliado en la guerra contra las drogas.
¿Cuál es el riesgo real que enfrenta este nuevo gobierno en Washington?
Los demócratas. Hoy los republicanos controlan todo, pero en noviembre hay elecciones legislativas. Si los demócratas recuperan influencia, el apoyo a Colombia va a estar condicionado a cosas que el nuevo gobierno podría no querer hacer: defender los acuerdos de paz, proteger derechos humanos, mantener instituciones fuertes. Meeks fue muy claro sobre eso.
¿Entonces Restrepo logró lo que vino a buscar?
Logró lo inmediato: abrió puertas, presentó al nuevo gobierno, mostró que hay alineamiento con Trump. Pero lo que importa ahora es si eso se convierte en dinero, en recursos concretos, en apoyo que dure más allá de esta administración. Eso es lo que Whitaker llamó el verdadero test.
O Pulso
- La relación Colombia-Estados Unidos llegó a su punto más bajo en años recientes, y el gobierno entrante enfrenta la urgencia de reconstruirla antes incluso de asumir el poder el 7 de agosto.
- El nivel de acceso fue inusual para un gobierno aún no posesionado: reuniones con el secretario de Estado Marco Rubio, los secretarios del Tesoro y Comercio, y directivos del Banco Mundial, el FMI y el BID.
- La administración Trump señaló públicamente su deseo de convertirse en el 'socio preferencial' de Colombia, ampliando la agenda más allá de la seguridad hacia comercio, energía e inteligencia artificial.
- En el Capitolio, demócratas como Joaquín Castro y Gregory Meeks advirtieron que el respaldo republicano no garantiza el apoyo del Congreso, y condicionaron su cooperación a la defensa de los acuerdos de paz, los derechos humanos y el Estado de derecho.
- El verdadero termómetro de la relación llegará pronto: la delegación estadounidense que asista a la posesión presidencial podría llegar con recursos concretos, pero consolidar un apoyo bipartidista será la prueba diplomática más exigente de los próximos años.
Como ocurrió hace casi tres décadas con el inicio del Plan Colombia, un cambio de gobierno en Bogotá vuelve a abrir puertas en Washington con una velocidad que sorprende. La delegación del gobierno electo de Abelardo De La Espriella, encabezada por el vicepresidente designado José Manuel Restrepo, recorrió durante cuatro días la capital estadounidense buscando recomponer una relación bilateral que el gobierno de Gustavo Petro había desgastado profundamente. Lo que emergió no fue solo un restablecimiento de la cooperación en seguridad, sino el esbozo de una alianza más amplia que aspira a incluir comercio, inversión e inteligencia artificial — aunque el verdadero examen llegará cuando ese entusiasmo inicial deba traducirse en respaldo bipartidista duradero.
Hace veintiocho años, el inicio del Plan Colombia demostró que un cambio de gobierno en Bogotá puede reescribir la relación con Washington en cuestión de semanas. Esta semana, algo parecido pareció ponerse en marcha. Durante cuatro días, José Manuel Restrepo, vicepresidente electo del gobierno de Abelardo De La Espriella, encabezó una gira de alto nivel en la capital estadounidense que reunió a la delegación colombiana con lo más alto de la administración Trump, el Congreso, la banca multilateral y los principales centros de pensamiento de la ciudad.
El encuentro más significativo fue con el secretario de Estado Marco Rubio, quien publicó un comunicado oficial expresando el deseo de Washington de convertirse nuevamente en el 'socio preferencial' de Colombia. Restrepo respondió reiterando el compromiso del nuevo gobierno con la lucha contra el narcotráfico, la recuperación del control territorial y la integración al Escudo de las Américas, siempre dentro del respeto a la soberanía colombiana. Pero el cambio más revelador de la gira no estuvo en la agenda de seguridad, sino en su expansión: reuniones con directivos de Google para explorar alianzas en inteligencia artificial, anuncios de misiones técnicas del EXIM Bank y el FMI, y una presentación en el Atlantic Council donde Restrepo delineó cinco pilares que incluyen comercio, inversión privada y consolidación de Colombia como aliado estratégico.
Sin embargo, la otra cara de la visita apareció en el Capitolio. En una audiencia del Subcomité para el Hemisferio Occidental, demócratas como Joaquín Castro cuestionaron el pasado de De La Espriella como abogado de personas vinculadas al paramilitarismo, mientras que Gregory Meeks fue directo: el respaldo republicano no basta, y la asistencia a Colombia estará condicionada a la defensa de las instituciones, los derechos humanos y los acuerdos de paz. Kevin Whitaker, exembajador estadounidense en Colombia, resumió el momento con precisión: la visita fue un éxito, pero en Washington el amor se expresa con dinero. La delegación que llegue a la posesión del 7 de agosto podría traer recursos concretos — convertir ese gesto inicial en un respaldo bipartidista duradero será, probablemente, el mayor desafío diplomático del nuevo gobierno.
Hace veintiocho años, cuando Andrés Pastrana llegó a la presidencia de Colombia, Washington abrió sus puertas con una rapidez que sorprendió incluso a los diplomáticos. Las tensiones con el gobierno anterior habían sido profundas, la descertificación había dejado cicatrices, pero el cambio de administración bastó para reescribir la relación. Semanas después comenzaría el Plan Colombia, un realineamiento que definiría dos décadas de cooperación.
Esta semana, en un contexto radicalmente distinto, la capital estadounidense pareció revivir esa misma sensación de apertura. Durante cuatro días, José Manuel Restrepo, el vicepresidente electo del gobierno de Abelardo De La Espriella, encabezó una gira que reunió a la delegación colombiana con lo más alto de la administración Trump, el Congreso, la banca multilateral y los principales centros de pensamiento de Washington. El mensaje fue claro: Estados Unidos quiere comenzar una nueva etapa, y quiere comenzarla ya.
El nivel de las reuniones fue extraordinario para un gobierno que aún no ha tomado posesión. Restrepo y los ministros designados de Hacienda, Comercio y Relaciones Exteriores fueron recibidos por el secretario de Estado Marco Rubio, los secretarios del Tesoro y Comercio, el representante comercial estadounidense, y directivos del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo. En Washington, el rango de los interlocutores es un mensaje político en sí mismo. Esta vez, la administración Trump dejó claro que quiere reconstruir una relación que se había deteriorado significativamente durante los últimos años del gobierno de Gustavo Petro.
El encuentro con Rubio fue el más importante. El Departamento de Estado publicó un comunicado oficial enfatizando que Washington desea convertirse nuevamente en el "socio preferencial" de Colombia y ofrecer alternativas "transparentes y de alto nivel" en sectores estratégicos. Rubio reforzó el mensaje en redes sociales, hablando de fortalecer la cooperación en seguridad y ampliar los vínculos económicos. Restrepo respondió agradeciendo el respaldo y reiterando el interés del nuevo gobierno en combatir el narcotráfico, recuperar el control territorial e integrarse al Escudo de las Américas, siempre con pleno respeto a la soberanía colombiana.
Pero reducir la visita al tema de seguridad sería perder de vista el cambio más importante que comenzó a perfilarse. Si durante el Plan Colombia la relación giró en torno a la lucha contra las drogas y la cooperación militar, el gobierno entrante busca ahora ampliarla a comercio, inversión, infraestructura, energía e inteligencia artificial. Restrepo se reunió con directivos de Google para explorar alianzas en inteligencia artificial y transformación digital. El EXIM Bank y el Fondo Monetario Internacional anunciaron misiones técnicas para avanzar en proyectos de financiamiento. En el Atlantic Council, ante diplomáticos, empresarios y funcionarios del Congreso, Restrepo presentó la hoja de ruta del nuevo gobierno: cinco pilares que incluyen expansión del comercio, fortalecimiento de la seguridad económica y nacional, consolidación de Colombia como aliado estratégico, defensa de la democracia, y una agenda de prosperidad sustentada en inversión privada.
Kevin Whitaker, exembajador estadounidense en Colombia, consideró que la visita "parece haber sido un verdadero éxito". Pero también planteó la pregunta que define el momento: "¿Cómo respaldará la administración Trump a un gobierno de De La Espriella? Hay un viejo dicho en Washington según el cual el amor se expresa con dinero". La delegación estadounidense que asista a la posesión presidencial del 7 de agosto podría llegar con recursos concretos.
La otra cara de la gira, sin embargo, apareció en el Capitolio. Durante una audiencia en el Subcomité para el Hemisferio Occidental, quedó claro que el entusiasmo republicano no se replica entre todos los demócratas. Joaquín Castro cuestionó el respaldo de Trump a De La Espriella, recordó su pasado como abogado de personas vinculadas al paramilitarismo, y expresó reparos sobre modificaciones al acuerdo de paz. Gregory Meeks, el principal demócrata del Comité de Relaciones Exteriores, fue más directo: "Puede que tenga el respaldo de Trump, pero va a necesitar a los demócratas aquí en el Congreso para ayudar a mantener la asistencia a Colombia. Y ese apoyo va a estar atado a la defensa de las instituciones, de los derechos humanos, del Estado de derecho y de los acuerdos de paz".
En la audiencia también surgió un anuncio significativo: funcionarios del Departamento de Estado plantearon la posibilidad de apoyar la creación de bases de operaciones para la Policía colombiana en regiones donde el Estado tiene poca presencia, no como bases militares estadounidenses sino como centros logísticos similares a los del Plan Colombia. La gira dejó una conclusión difícil de ignorar: si bien Washington está reseteando su relación con Colombia y existe un claro alineamiento entre el nuevo gobierno y el Partido Republicano, convertir el entusiasmo inicial en un respaldo duradero que incluya a los demócratas será probablemente la prueba más importante para la diplomacia colombiana en los próximos años.
Citações Notáveis
Puede que tenga el respaldo de Trump, pero va a necesitar a los demócratas aquí en el Congreso para ayudar a mantener la asistencia a Colombia. Y ese apoyo va a estar atado a la defensa de las instituciones, de los derechos humanos, del Estado de derecho y de los acuerdos de paz.— Gregory Meeks, principal demócrata del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara
Hay un viejo dicho en Washington según el cual el amor se expresa con dinero. La delegación estadounidense que asista a la posesión presidencial podría llegar con recursos concretos para respaldar a su nuevo aliado en América Latina.— Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia