En un momento en que Venezuela ensaya una cautelosa reapertura al capital extranjero, el empresario colombiano Jaime Gilinski ha extendido su vasto imperio hacia el petróleo, tomando control de GeoPark y con ella del bloque Bare en la Faja del Orinoco. La maniobra, consumada el 2 de septiembre sin desembolsar efectivo adicional, convierte a Gilinski en árbitro de un yacimiento con reservas casi equivalentes a todo el subsuelo colombiano. El movimiento no es solo financiero: es una apuesta sobre si la historia venezolana está, esta vez, dispuesta a cumplir sus promesas.