Gerardo Fernández: La innovación debe cambiar la vida de las personas

La confianza tiene que mantenerse cuando el cliente entra a la concesionaria
Fernández explica que la industria automotriz ya no compite solo por atributos, sino por la experiencia completa que genera con el consumidor.
Mark

Cuando dices que el consumidor está más informado, ¿qué tan diferente es eso de hace cinco años?

Mimi

Es una diferencia de velocidad y acceso. Antes, el consumidor comparaba entre dos o tres opciones. Ahora tiene toda la información en el teléfono. Eso cambia la negociación, la confianza, todo.

Mark

¿Y eso significa que los anuncios bonitos ya no funcionan?

Mimi

No significa eso. Funcionan, pero no solos. Un anuncio bonito te trae al concesionario. Pero si la experiencia allí no es consistente con lo que promete el anuncio, perdiste al cliente. La confianza es el puente entre ambas cosas.

Mark

Reducir de diecisiete plantas a diez suena como despidos, cierre de operaciones. ¿Cómo se vende eso internamente?

Mimi

Se vende porque es supervivencia. Pero también porque México, por ejemplo, se convierte en un hub más fuerte. Más producción concentrada, más empleos en los lugares donde nos quedamos. Es una apuesta diferente, no una retirada.

Mark

¿Por qué e-power y no simplemente autos eléctricos puros?

Mimi

Porque la infraestructura no existe. Un auto eléctrico puro en un país sin cargadores es un auto que no puedes usar. E-power te da la experiencia sin la dependencia. Es pragmatismo, no idealismo.

Mark

¿Eso significa que Nissan no cree en la electrificación completa?

Mimi

Creemos en ella. Pero creemos más en que funcione. Cuarenta mil unidades de e-power vendidas dicen que existe una ruta real. Esa es la que seguimos.

  • El consumidor latinoamericano llega hoy a la concesionaria habiendo investigado, comparado y elevado sus expectativas, lo que obliga a las marcas a sostener la confianza más allá de la publicidad.
  • Nissan respondió con su plan re-Nissan, reduciendo sus plantas globales de diecisiete a diez y concentrando recursos en mercados estratégicos como México, donde lidera el segmento desde hace dieciocho años.
  • La electrificación total enfrenta barreras reales en la región —infraestructura desigual, regulaciones dispares, hábitos distintos— y Nissan apuesta por una ruta intermedia antes de que el mercado esté listo para el salto completo.
  • La tecnología e-power, con más de cuarenta mil unidades vendidas en Argentina, México y Colombia, demuestra que el pragmatismo no es una concesión sino una estrategia viable y ya probada en el terreno.

En un momento en que la industria automotriz global se reinventa, Nissan Latinoamérica no solo ajusta sus plantas y mercados, sino que reorienta su filosofía entera hacia el consumidor que ya no se deja seducir por promesas vacías. Gerardo Fernández, su vicepresidente de marketing, articula una transformación que es tanto industrial como cultural: la confianza ya no se gana en la pantalla, sino en cada punto de contacto con la marca. En una región tan diversa como América Latina, esa convicción se traduce en decisiones concretas —menos plantas, más foco, tecnología adaptada al territorio— que revelan cómo una empresa global aprende a pensar localmente.

Gerardo Fernández, vicepresidente de marketing y ventas de Nissan Latinoamérica, describe un doble movimiento: la industria automotriz cambia, pero también cambia el consumidor que la habita. El latinoamericano de hoy llega informado a cada decisión de compra, compara opciones y exige que la confianza se sostenga no solo en la campaña publicitaria, sino en la concesionaria, en el volante, en el servicio posventa. La competencia ya no es solo por diseño o precio; es por experiencia completa.

En mayo de 2025, Nissan anunció su plan de reestructuración re-Nissan, cuya premisa es colocar al consumidor en el centro de cada decisión operativa. Eso implicó reducir plantas globales de diecisiete a diez, unificar operaciones y elegir con precisión los mercados prioritarios. México, donde la marca lidera desde hace dieciocho años, concentra una producción de seiscientas mil unidades anuales que abastece a treinta y nueve países de la región. No es solo una operación comercial; es un ancla económica para varios países.

Sobre la electrificación, Fernández ofrece una lectura matizada. Latinoamérica no es uniforme: la infraestructura eléctrica, las regulaciones y los hábitos de movilidad varían profundamente entre países. Trasladar modelos de transición europeos o asiáticos sin adaptación sería un error. Por eso Nissan defiende el pragmatismo como filosofía: tecnología correcta para el contexto correcto. La apuesta concreta es e-power, una tecnología que entrega la experiencia de conducción eléctrica sin depender de puntos de carga. Con más de cuarenta mil unidades comercializadas en Argentina, México y Colombia, la ruta ya no es una promesa futura sino una realidad que la gente compra hoy.

Gerardo Fernández, vicepresidente de marketing y ventas de Nissan Latinoamérica, se sienta a explicar un sector en movimiento. No es solo la industria automotriz la que está cambiando, dice. Es también el consumidor, la forma en que decide, la manera en que las marcas construyen confianza. Y es ese cambio simultáneo el que hace este momento particularmente interesante.

El consumidor latinoamericano de hoy llega informado. Compara opciones, investiga, levanta el estándar de lo que espera. Ya no basta con un anuncio que resuene o un mensaje que conecte emocionalmente. La confianza tiene que mantenerse cuando el cliente entra a la concesionaria, cuando toca el auto, cuando lo maneja. Durante años, la industria compitió por diseño, desempeño, tecnología, precio. Ahora compite por experiencia. Es un cambio de eje fundamental.

Nissan lo sabe. Hace poco más de un año, en mayo de 2025, la empresa anunció su plan de reestructuración interno llamado re-Nissan. La idea es simple en teoría, compleja en ejecución: poner al consumidor en el centro de cada decisión. Eso significó reducir plantas de diecisiete a diez a nivel mundial, unificar operaciones, reducir costos, acelerar. Significó también elegir mercados clave. En México, donde Nissan es líder desde hace dieciocho años, eso se traduce en producción, manufactura, empleos.

Los números hablan. Durante el año fiscal 2025 —que para Nissan corre de abril a marzo—, las plantas de Latinoamérica produjeron más de seiscientas mil unidades. Aproximadamente el ochenta por ciento de esa producción se destinó a treinta y nueve países de la región. Es una operación que no solo vende autos; sostiene economías.

Pero hay una pregunta que flota sobre toda la industria: ¿hacia dónde va? La electrificación es la respuesta que todos esperan escuchar. Fernández no la rechaza, pero la matiza. Latinoamérica es diversa. Las infraestructuras eléctricas no son iguales en todos lados. Las regulaciones varían. Los hábitos de movilidad también. Una transición que funcione en Europa o Asia puede no funcionar aquí. Nissan apuesta por lo que llama pragmatismo: tecnología correcta, contexto correcto, beneficio real y palpable.

Por eso existe e-power. Es un vehículo que le da al cliente la sensación de conducir un auto eléctrico sin necesidad de infraestructura eléctrica. Es confuso decirlo así, lo admite Fernández. Pero es precisamente esa confusión la que señala su mayor ventaja en la región. Desde que Nissan lo introdujo en Latinoamérica, ha comercializado más de cuarenta mil unidades en Argentina, México y Colombia. No es teoría. Es una ruta práctica que funciona, que existe, que la gente compra.

La innovación tiene sentido cuando cambia algo real en la vida de las personas
— Gerardo Fernández, vicepresidente de marketing y ventas de Nissan Latam
El consumidor latinoamericano está mucho más informado, hace comparaciones y mantiene expectativas más altas de calidad basadas en su investigación
— Gerardo Fernández
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