Gaza: tres años de supervivencia tras la destrucción de vidas ordinarias

Aproximadamente 75.000-77.000 palestinos muertos, cientos de miles desplazados, destrucción masiva de hogares, escuelas y hospitales, y pérdida generalizada de medios de vida para dos millones de habitantes.
Los planes han sido destruidos; el genocidio ha creado nuevos planes, más dolorosos
Tres años después, los gazatíes luchan por sobrevivir el presente en lugar de construir un futuro.
Mark

¿Por qué es importante que hablemos de Nourhan y Asmaa específicamente? Hay dos millones de personas en Gaza.

Mimi

Porque los números nos adormecen. Cuando dices "dos millones de personas", es abstracto. Cuando dices "Nourhan no puede hacer prácticas hospitalarias", ves lo que se perdió realmente: no solo educación, sino la vida que iba a vivir.

Luke

Pero tenemos que ser claros: el reportaje se basa en dos historias personales y en cifras del Ministerio de Salud de Gaza. ¿Cuántas otras historias hay? ¿Cuántas personas están en situaciones similares pero peores?

Mimi

Exactamente. Nourhan y Asmaa son ejemplos, no la totalidad. Pero ilustran algo que los números no capturan: la diferencia entre perder una casa y perder la vida que ibas a vivir en esa casa.

Mark

¿Qué significa que "más de la mitad de los hospitales de Gaza ya no funcionan"? ¿Eso es destrucción física o falta de recursos?

Luke

El reportaje dice que han sufrido daños, pero no especifica si es destrucción física, falta de electricidad, medicinas o personal. Es una cifra importante, pero incompleta.

Mimi

Lo que sí sabemos es que 134.000 estructuras están completamente destruidas. Eso es verificable. Y cuando los hospitales no funcionan, la gente muere de cosas que antes eran tratables.

Mark

¿Cómo sobreviven económicamente dos millones de personas si los negocios cerraron y la infraestructura se derrumbó?

Mimi

Esa es la pregunta que el reportaje deja abierta. Asmaa perdió su trabajo. Nourhan no puede trabajar. ¿Quién está alimentando a estas familias? ¿Ayuda humanitaria? ¿Ahorros que se acabaron hace tiempo?

Luke

El reportaje no lo dice. Menciona que la gente lucha por encontrar comida y agua, pero no explica cómo lo consiguen. Es un vacío importante.

Mark

¿Hay alguna esperanza en estas historias?

Mimi

La esperanza está en que siguen intentando. Nourhan sigue estudiando. Asmaa sigue buscando formas de mantener a su familia. No es esperanza optimista, es esperanza de supervivencia.

Luke

Pero también hay que decir: el reportaje termina con una declaración sobre buscar libertad y derechos. Eso es una voz palestina, no reportería verificada. Es importante distinguir entre lo que pasó y lo que alguien espera que pase.

  • Entre 75.000 y 77.000 palestinos muertos según el Ministerio de Salud de Gaza
  • 134.000 estructuras completamente destruidas de más de 201.000 dañadas
  • 526 de 564 edificios escolares requieren reconstrucción total o rehabilitación importante
  • Más de la mitad de los hospitales de Gaza ya no funcionan
  • Aproximadamente dos millones de personas viven en 365 kilómetros cuadrados

Más de 75.000 palestinos han muerto y 134.000 estructuras han sido completamente destruidas en Gaza desde octubre de 2023. La educación y economía se han colapsado: 526 de 564 escuelas requieren reconstrucción y más de la mitad de hospitales no funcionan.

Tres años después del 7 de octubre de 2023, los gazatíes enfrentan la destrucción masiva de infraestructuras, pérdida de vidas y colapso económico. Las familias palestinas luchan por sobrevivir el presente en lugar de construir un futuro.

La mañana del 7 de octubre de 2023 llegó a Gaza como cualquier otra, hasta que dejó de serlo. Los teléfonos comenzaron a sonar. Los mensajes se multiplicaron. Lo primero que hizo cada persona fue lo mismo: verificar que sus seres queridos estaban vivos, que todos estaban a salvo. Nadie sabía entonces que esa violencia no duraría días o semanas, sino años. Tres años después, cada gazatí carga una marca distinta de lo que se perdió ese día y en los que vinieron después: no solo vidas, sino la posibilidad misma de una existencia ordinaria.

Para entender lo que ocurrió en octubre de 2023, es necesario mirar más atrás. Para los palestinos, la historia no comienza en esa fecha. Se remonta a 1948, cuando la creación del Estado de Israel vino acompañada del desplazamiento de cientos de miles de palestinos, un evento que los palestinos llaman la Nakba, la catástrofe. Vivir entre la violencia en Gaza ya era, antes de octubre de 2023, una especie de normalidad. Ha habido seis grandes rondas de agresión en décadas anteriores, todas dirigidas al mismo objetivo: la destrucción de un enclave donde aproximadamente dos millones de personas viven hacinadas en 365 kilómetros cuadrados. Esos dos millones se despertaron el 7 de octubre con rutinas, trabajos e historias distintas, pero terminaron el día enfrentándose al mismo trauma.

La magnitud de lo que sucedió es casi imposible de comprender. Según el Ministerio de Salud de Gaza, entre 75.000 y 77.000 palestinos han muerto desde ese día. Cuando la muerte se convierte en una realidad cotidiana, existe el peligro de que incluso cien vidas perdidas se reduzcan a una cifra más en las noticias, en lugar de cien seres humanos concretos, cada uno con una familia, una historia, una vida. Pero más allá de los números de muertos, hay otro costo que soportan quienes siguen vivos: la pérdida de hogares, escuelas, hospitales, universidades, barrios enteros y los lugares que antes conformaban la vida cotidiana. En toda Gaza, más de 201.000 estructuras han sufrido daños, de las cuales más de 134.000 se consideran totalmente destruidas. Más de 328.000 unidades de vivienda han resultado dañadas. En educación, 526 de los 564 edificios escolares requieren reconstrucción total o rehabilitación importante. Más de 63 edificios universitarios han sido destruidos. Más de la mitad de los hospitales de Gaza ya no funcionan.

Nourhan Alostaz, una gazatí de 22 años que estudia farmacia clínica, representa la pregunta que muchos se hacen: no solo qué han perdido, sino en quién podrían haberse convertido si esto nunca hubiera ocurrido. Estaba a punto de terminar sus estudios en la Universidad Al-Aqsa cuando todo cambió. Ahora estudia en línea mientras intenta sobrevivir a los ataques. Antes de la guerra, convertirse en farmacéutica clínica significaba ir a la universidad, conocer compañeros, aprender de profesores y, sobre todo, hacer prácticas en un hospital para obtener su titulación. Eso nunca ocurrió. En lugar de despertarse con la alarma para una clase matutina o prepararse para una jornada de prácticas, Nourhan intenta descargar clases cada vez que logra una conexión a internet fiable. Su educación ha continuado, pero casi todo lo que la rodeaba ha cambiado. La pérdida no es solo de tiempo o de clases, sino de la vida estudiantil ordinaria, de la posibilidad de formarse con profesores, de encontrarse con gente nueva, de vivir nuevas experiencias.

Asmaa Mohammad mantenía a su familia de seis miembros con trabajo freelance antes del genocidio. Su marido tenía dificultades para encontrar empleo estable, así que ella era la principal fuente de ingresos. Su trabajo no era solo una carrera; era la forma en que su familia sobrevivía. A medida que la violencia avanzó, mantener ese trabajo se fue complicando cada vez más. La misma infraestructura que la conectaba con clientes y oportunidades fuera de Gaza se veía interrumpida repetidamente. No podía comunicarse, no podía trabajar, no podía ganar un sueldo. "Perdí el contacto con el mundo exterior tras un año de intentar simplemente sobrevivir", explica por videollamada. Para muchas personas en Gaza que trabajaban como autónomas o a distancia, la pérdida de internet y electricidad fiables significó perder por completo el acceso al trabajo: plazos incumplidos, clientes perdidos, ingresos que desaparecían de la noche a la mañana.

Estas historias son dos gotas en un océano de dos millones de personas, pero ambas siguen peleando por recuperar lo que queda de sus vidas. Nourhan sigue intentando terminar sus estudios. Asmaa sigue intentando sostener a su familia. Las dos continúan, pero en circunstancias que nunca eligieron. Tres años después del inicio del genocidio, los gazatíes viven una nueva rutina, pero no es la que imaginaron. Apenas pueden concentrarse en estudiar o trabajar. Están más centrados en encontrar comida y agua, conseguir tiendas de campaña, mantenerse a salvo y seguir las noticias. Los planes han sido destruidos, y el genocidio ha creado nuevos planes, más dolorosos: planes centrados no en construir un futuro, sino en sobrevivir al presente.

Toda mi vida sería distinta si no se hubiera destruido mi universidad
— Nourhan Alostaz, estudiante de farmacia clínica de 22 años
Perdí el contacto con el mundo exterior tras un año de intentar simplemente sobrevivir
— Asmaa Mohammad, trabajadora freelance
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