Tres años después del ataque de Hamás que desencadenó una de las ofensivas más devastadoras de la historia reciente, Gaza persiste como un territorio donde la violencia ha cedido en intensidad pero no en consecuencias. En Al Mawasi, sobre la costa sur de la franja, más de cuatro mil niños huérfanos habitan una ciudad de lonas que se ha vuelto permanente sin haberlo pretendido. Con 74.000 palestinos muertos y casi dos millones desplazados, el alto el fuego vigente no ha logrado convertir el silencio de los cañones en dignidad para quienes sobreviven.
Gaza se abre a la vida tres años después pese al precario alto el fuego
Duermen bajo lona, en campamentos que nacieron de la urgencia y se han convertido en permanentes
¿Cómo es posible que exista una concentración de huérfanos que se considere la mayor del mundo? ¿Qué significa eso en términos prácticos?
Significa que en un solo lugar, Al Baraka, hay más de cuatro mil menores sin padres. Pero eso es solo una parte. Unicef dice que 58.000 niños en toda Gaza han perdido a uno o ambos progenitores. Es una escala que es difícil de comprender.
¿De dónde vienen esas cifras de 58.000? ¿Son del Ministerio de Sanidad palestino solamente, o hay otras fuentes?
Unicef cita datos del Ministerio de Sanidad palestino. Eso es lo que el reportaje documenta. No hay otras fuentes independientes mencionadas para esa cifra específica.
Y estos niños en los campamentos, ¿tienen acceso a educación real o es algo improvisado?
Kalakh es profesor de secundaria y dirige el lugar. Hay educación, hay apoyo psicológico. Pero todo funciona dentro de campamentos de tiendas de campaña. No es un sistema escolar normal.
El reportaje dice que hay 800 tiendas en Al Mawasi, pero también dice que Al Baraka es un conjunto de campamentos. ¿Son la misma cosa o son lugares diferentes?
El reportaje no lo aclara completamente. Parece que Al Baraka es el nombre de la iniciativa, y Al Mawasi es la zona geográfica donde está ubicada. Pero la relación exacta entre los números no queda del todo clara.
¿Qué pasó con los 251 secuestrados del 7 de octubre? El reportaje dice que 168 sobrevivieron.
Eso significa que 83 murieron en cautiverio o durante el conflicto. El reportaje no especifica las circunstancias de esas muertes.
Y esos 74.016 palestinos muertos, ¿son cifras verificadas o son estimaciones? ¿Quién las verifica?
El reportaje dice que cruzan números de múltiples fuentes: la Autoridad Nacional Palestina, el Ministerio de Sanidad, Wafa y la ONU. Pero no explica cómo se verifica cada cifra ni si hay discrepancias entre ellas.
¿Qué significa que "las hostilidades continúan" si hay un alto el fuego vigente?
El reportaje no lo especifica. Solo dice que la violencia ha disminuido pero que las hostilidades continúan. No hay detalles sobre qué tipo de hostilidades o con qué frecuencia ocurren.
Der Puls
- Más de 58.000 menores han perdido a uno o ambos padres en Gaza, y al menos 4.000 de ellos viven hacinados en campamentos de lona en Al Mawasi, la mayor concentración de huérfanos del mundo.
- La ofensiva israelí, iniciada veinte días después del ataque del 7 de octubre de 2023, ha dejado 74.016 palestinos muertos —21.638 de ellos niños— y ha desplazado internamente a 1,9 millones de personas, muchas de ellas en más de una ocasión.
- El alto el fuego vigente no ha detenido las hostilidades por completo, y la ayuda humanitaria que logra entrar a la franja sigue siendo insuficiente para los más de dos millones de gazatíes que dependen de ella.
- Maestros y voluntarios como Mahmoud Kalakh han transformado refugios improvisados en estructuras de cuidado que ofrecen comida, educación y apoyo psicológico a los huérfanos, aunque sin garantías de permanencia ni condiciones dignas.
- Gaza intenta abrirse a una vida cotidiana, pero esa vida transcurre bajo lona, en campamentos nacidos de la urgencia que el tiempo ha convertido en el único hogar conocido para decenas de miles de niños.
Tres años después del ataque de Hamás que desencadenó una de las ofensivas más devastadoras de la historia reciente, Gaza persiste como un territorio donde la violencia ha cedido en intensidad pero no en consecuencias. En Al Mawasi, sobre la costa sur de la franja, más de cuatro mil niños huérfanos habitan una ciudad de lonas que se ha vuelto permanente sin haberlo pretendido. Con 74.000 palestinos muertos y casi dos millones desplazados, el alto el fuego vigente no ha logrado convertir el silencio de los cañones en dignidad para quienes sobreviven.
En la costa sur de Gaza, en Al Mawasi, se extiende una ciudad de tiendas de campaña donde más de cuatro mil niños huérfanos intentan reconstruir algo parecido a una infancia. Ochocientas de esas tiendas albergan a menores cuya familia entera fue aniquilada; para ellos existe una sección especial con comida, educación y apoyo psicológico. Tres años después del ataque de Hamás contra Israel y un año después de que entrara en vigor un alto el fuego, Gaza sigue siendo un territorio de ruinas humanitarias donde la violencia ha disminuido pero no ha cesado.
Mahmoud Kalakh, profesor de secundaria reconvertido en gestor de emergencias, dirige la Ciudad Al Baraka para el Cuidado de los Huérfanos, en la gobernación de Jan Yunis. Él describe el lugar como la mayor concentración de huérfanos del mundo. Según Unicef, 58.000 menores en toda la franja han perdido a uno o ambos progenitores. Kalakh recuerda cómo comenzó todo: cuando la gente huía del norte al sur y del este al oeste, descubrió entre los desplazados a mujeres que llegaban solas con sus hijos. Al preguntarles qué había pasado, respondían que sus esposos habían muerto.
Las cifras del conflicto, recogidas por múltiples fuentes humanitarias y de la ONU, hablan de 74.016 palestinos muertos —21.638 de ellos menores de edad— y de casi dos millones de personas desplazadas internamente, muchas de ellas en más de una ocasión. Un millón doscientas mil personas se han quedado sin hogar. El ataque inicial del 7 de octubre de 2023 mató a más de mil doscientas personas en territorio israelí y dejó 251 secuestrados, de los cuales 168 sobrevivieron.
Hoy, los huérfanos de Al Mawasi van a la escuela y reciben contención emocional, pero duermen bajo lona en campamentos que nacieron como solución provisional y se han vuelto permanentes. La ayuda humanitaria entra a la franja, pero no alcanza para los más de dos millones de gazatíes que la necesitan. Kalakh y quienes trabajan junto a él luchan para que estos niños tengan algo que se parezca a una infancia, en un territorio donde la infancia misma ha sido arrebatada a decenas de miles.
En la costa sur de Gaza, en un lugar llamado Al Mawasi, existe una ciudad de tiendas de campaña donde viven más de cuatro mil niños que han perdido a ambos padres o a uno de ellos. Ochocientas de esas tiendas albergan a menores cuya familia entera fue aniquilada, y para ellos existe una sección especial donde reciben comida, educación y apoyo psicológico. Tres años después del ataque de Hamás contra Israel del 7 de octubre de 2023, y uno después de que entrara en vigor un alto el fuego, Gaza sigue siendo un territorio de ruinas humanitarias donde la violencia ha disminuido pero no ha cesado, y donde la ayuda que llega no alcanza ni para los huérfanos ni para los más de dos millones de personas que habitan la franja.
Mahmoud Kalakh, profesor de secundaria, dirige lo que se conoce como Ciudad Al Baraka para el Cuidado de los Huérfanos, un conjunto de campamentos en la gobernación de Jan Yunis. Kalakh describe el lugar como la mayor concentración de huérfanos del mundo. Los niños que viven allí representan apenas una fracción de una cifra más amplia: según Unicef, citando datos del Ministerio de Sanidad palestino, 58.000 menores en toda la franja han perdido a uno o ambos progenitores. La vida cotidiana en estos campamentos es de estrecheces constantes. El alojamiento consiste en dormir bajo lona. No hay lujos, no hay seguridad de permanencia, no hay promesa de que mañana sea diferente al hoy.
La historia de esta ciudad de huérfanos es inseparable de la historia de Gaza en estos tres años. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023, que mataron a más de mil doscientas personas en territorio israelí y dejaron 251 secuestrados (de los cuales 168 sobrevivieron y el resto murió), el Ejército israelí lanzó veinte días después una ofensiva terrestre contra la franja controlada por Hamás. Lo que sucedió después, medido en cifras que cruzan múltiples fuentes —la Autoridad Nacional Palestina, el Ministerio de Sanidad, la agencia Wafa y la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU—, arroja un saldo de 74.016 palestinos muertos. De ellos, 21.638 son menores de edad.
El desplazamiento ha sido masivo y repetido. Casi dos millones de personas han sido desplazadas internamente dentro de la franja, muchas de ellas más de una vez, huyendo de un lugar a otro sin encontrar seguridad. Un millón doscientas mil personas se han quedado sin hogar. Kalakh recuerda cómo comenzó todo. Cuando la gente palestina comenzó a huir del norte hacia el sur y del este hacia el oeste, quedaron perdidos en las calles y las carreteras. Él y otros intentaron construir refugios improvisados con tiendas de campaña para proteger a los desplazados del calor del verano y del frío del invierno. Fue entonces cuando descubrieron que entre esa gente había mujeres que llegaban solas con sus hijos, sin hombres. Cuando les preguntaban qué había pasado, les respondían que sus esposos habían muerto.
Tres años después, Gaza se abre a la vida, pero es una vida precaria. El alto el fuego existe, pero las hostilidades continúan. La ayuda humanitaria entra, pero no es suficiente. Los huérfanos van a la escuela, reciben apoyo psicológico, tienen un lugar donde dormir. Pero duermen bajo lona, en campamentos que nacieron de la urgencia y que se han convertido en permanentes. Kalakh y otros como él trabajan para que estos niños tengan algo que se parezca a una infancia, en un territorio donde la infancia misma ha sido arrebatada a decenas de miles.
Bemerkenswerte Zitate
Se considera la mayor concentración de huérfanos del mundo— Mahmoud Kalakh, director de Ciudad Al Baraka para el Cuidado de los Huérfanos
Intentamos albergar a parte de esta gente construyendo tiendas de campaña para protegerlos del calor del verano y del frío en invierno. Sin embargo, descubrimos que entre estas personas había madres que venían únicamente con sus hijos, sin encontrar un refugio— Mahmoud Kalakh