Galicia atraviesa esta semana una secuencia meteorológica que condensa en tres días la tensión entre el verano y el otoño que pugna por asomarse: el calor anticiclónico domina el lunes y el martes con avisos que llegan al nivel naranja en el Miño de Pontevedra y Ourense, pero el miércoles un frente atlántico quiebra ese dominio y devuelve a la región hasta siete grados de alivio. Es el recordatorio cíclico de que ningún extremo climático dura para siempre, y de que el paisaje gallego sigue negociando, como siempre, entre el océano y el continente.