En la madrugada del 28 de agosto, el centro Galáctica en Teruel convoca a cien personas para contemplar juntas un eclipse lunar, apenas dos semanas después de que más de mil doscientas acudieran a observar el eclipse solar. En ese gesto colectivo de alzar la mirada al cielo antes del amanecer late algo más que curiosidad científica: la búsqueda de experiencias compartidas que nos recuerden cuán pequeños y maravillados somos ante el cosmos. La Luna, que durante milenios ha guiado calendarios y encendido imaginaciones, vuelve a convocar a la humanidad en un momento en que el mundo entero debate