Desde hace siglos, la sabiduría popular ha confiado al tiempo la tarea de sanar las heridas del alma. El médico y pensador Gabor Maté desafía esta creencia al trazar una distinción esencial: el trauma no es el acontecimiento que nos hirió, sino la huella invisible que ese acontecimiento dejó en nuestra manera de sentir, relacionarnos y reaccionar. Su propuesta nos recuerda que el olvido no es lo mismo que la sanación, y que la verdadera recuperación exige mirar no hacia el pasado, sino hacia cómo ese pasado sigue viviendo en el presente.
Gabor Maté cuestiona el mito de que el tiempo cura las heridas emocionales
El tiempo por sí mismo no cura; la herida permanece dormida
¿Por qué insiste Maté en que el tiempo no cura si la mayoría de las personas siente que el dolor disminuye con los años?
Porque disminuir no es lo mismo que desaparecer. El recuerdo puede volverse menos vívido, pero la estructura que dejó en ti sigue ahí, dormida, esperando ser activada.
¿Y eso significa que alguien que sufrió hace treinta años sigue siendo víctima de eso?
No exactamente. Significa que si esa experiencia sigue moldeando cómo te relacionas, cómo confías, cómo reaccionas, entonces sigue siendo relevante. No porque seas víctima, sino porque está activo en tu vida presente.
¿Entonces la terapia es obligatoria para sanar?
Maté no lo plantea así. Dice que el trabajo tiene sentido cuando los efectos interfieren. Si algo no te está limitando, quizá no necesites revisitarlo constantemente.
¿Cuál es la diferencia entre curar y sanar en su lenguaje?
Curar suena a reparar algo roto. Sanar es más sobre recuperar integración, volver a conectar contigo mismo después de que algo te fragmentó.
¿Y esas defensas rígidas que menciona, cómo se reconocen?
Cuando notas que reaccionas de la misma manera ante situaciones diferentes, cuando proteges algo que ya no necesita protección. Eso es una defensa que se quedó en el tiempo.
The Pulse
- La creencia de que 'el tiempo lo cura todo' es cuestionada de raíz: una herida emocional puede permanecer dormida durante décadas y reactivarse ante cualquier situación que la conecte con la experiencia original.
- Maté advierte que confundir el evento doloroso con el trauma mismo lleva a buscar soluciones equivocadas, como esperar que el paso de los años haga el trabajo que solo el proceso terapéutico puede hacer.
- Los llamados 'triggers' o desencadenantes revelan que lo que parecía superado no ha desaparecido, sino que simplemente esperaba una circunstancia presente para volver con toda su intensidad.
- El camino hacia la recuperación no pasa por revivir obsesivamente el pasado, sino por observar con honestidad cómo ese pasado condiciona las emociones, decisiones y relaciones de hoy.
- Las defensas que en su momento protegieron al individuo pueden volverse patrones rígidos que lo limitan; reconocerlos sin aferrarse a ellos es, según Maté, una parte central del proceso de sanación.
Desde hace siglos, la sabiduría popular ha confiado al tiempo la tarea de sanar las heridas del alma. El médico y pensador Gabor Maté desafía esta creencia al trazar una distinción esencial: el trauma no es el acontecimiento que nos hirió, sino la huella invisible que ese acontecimiento dejó en nuestra manera de sentir, relacionarnos y reaccionar. Su propuesta nos recuerda que el olvido no es lo mismo que la sanación, y que la verdadera recuperación exige mirar no hacia el pasado, sino hacia cómo ese pasado sigue viviendo en el presente.
Dos personas pueden atravesar experiencias similares y cargar con consecuencias completamente distintas. Esta realidad, bien conocida por la psicología, es el punto de partida desde el que el médico y autor Gabor Maté desmonta una de las creencias más extendidas en la cultura popular: que el tiempo, por sí solo, cura las heridas emocionales.
Maté propone una distinción que parece sencilla pero lo cambia todo: el trauma no es lo que ocurrió, sino lo que quedó después. El acontecimiento doloroso pertenece al pasado; el trauma, en cambio, es la marca que permanece y sigue condicionando cómo sentimos, cómo nos relacionamos y cómo reaccionamos. Esta diferencia tiene una consecuencia práctica inmediata: no podemos modificar lo que sucedió, pero sí podemos trabajar sobre cómo nos afecta hoy.
El médico también pone orden en el uso inflacionario de la palabra trauma, recordando que no todo estrés es traumático, aunque todo trauma sí sea estresante. Y sobre el tiempo, es categórico: puede atenuar la intensidad de un recuerdo, hacerlo menos accesible, pero no elimina sus efectos. Una situación presente puede reactivar respuestas emocionales intensas que creíamos superadas, lo que popularmente se conoce como un desencadenante o trigger.
Para Maté, el trabajo terapéutico real no consiste en quedar atrapado reviviendo el pasado, sino en observar cómo ese pasado aparece en el presente: qué emociones despierta, qué conductas favorece, hasta qué punto sigue gobernando decisiones cotidianas. La recuperación, en su visión, implica recuperar una integración personal que la experiencia traumática fragmentó.
Finalmente, Maté señala que ciertas defensas que en su momento fueron necesarias para protegerse pueden convertirse, con el tiempo, en patrones demasiado rígidos. Reconocerlos, y comprender que ya no son indispensables ante cada situación, forma parte esencial del proceso de sanar.
Todos enfrentamos momentos difíciles en la vida. Una pérdida, una infancia marcada por la inseguridad, un acto de violencia. Pero lo que sucede después de esos momentos no es siempre lo mismo. Dos personas pueden vivir experiencias similares y llevar consigo consecuencias muy distintas. La psicología reconoce esta realidad: existe una diferencia fundamental entre atravesar un acontecimiento estresante y desarrollar problemas que persisten años después.
Hay una creencia que circula con facilidad en las conversaciones cotidianas: que el tiempo lo cura todo. Que si esperas lo suficiente, las heridas emocionales simplemente desaparecen. El médico y autor Gabor Maté cuestiona directamente esta idea. Su argumento parte de una distinción que parece simple pero cambia todo: la diferencia entre lo que ocurrió y lo que quedó después de que ocurrió.
Maté propone pensar el trauma como una herida psicológica. El acontecimiento doloroso —un abuso, una pérdida, una experiencia de violencia— es lo que sucedió en el pasado. El trauma, en cambio, es la marca que permanece. Es lo que sigue condicionando cómo sientes, cómo te relacionas, cómo reaccionas ante ciertas situaciones. Esta distinción tiene una implicación práctica importante: no puedes cambiar lo que pasó, pero sí puedes trabajar sobre cómo te afecta ahora.
El médico también aclara un uso impreciso del lenguaje. La palabra trauma se ha convertido en una etiqueta que se aplica a casi cualquier experiencia desagradable. Maté establece una frontera: "Todo trauma es estresante, pero no todo estrés es traumático". La diferencia importa porque determina cómo abordas lo que te sucede.
Sobre la cuestión del tiempo, Maté es directo: "El tiempo por sí mismo no cura". Una herida emocional puede permanecer dormida durante años. El paso del tiempo puede hacer que el recuerdo pierda intensidad o se vuelva menos accesible. Pero eso no significa que sus efectos hayan desaparecido. Una situación presente, algo que conecta con esa experiencia anterior, puede reactivar respuestas emocionales intensas. Lo que popularmente se llama un trigger: un desencadenante que trae de vuelta lo que creías superado.
Para Maté, el trabajo real no consiste en quedarse atrapado reviviendo qué sucedió hace veinte o treinta años. Consiste en observar cómo eso sigue apareciendo hoy. Qué emociones despierta. Qué conductas favorece. Hasta qué punto condiciona tus decisiones actuales. Introduce además una distinción entre curar y sanar. La recuperación, en su concepto, significa recuperar cierta integración personal después de que una experiencia haya provocado desconexión respecto a tus propias emociones o necesidades.
Esto no significa que todo malestar actual tenga su origen en un trauma infantil, ni que todas las personas necesiten revisar exhaustivamente su pasado. El enfoque de Maté sitúa la atención donde importa: en las consecuencias presentes. Analizar el pasado tendría sentido cuando sus efectos continúan interfiriendo en tu vida cotidiana. La vulnerabilidad ocupa un lugar central en esta propuesta. Algunas defensas que fueron útiles para protegerte ante situaciones dolorosas pueden convertirse, años después, en patrones demasiado rígidos. Recuperarse implicaría poder reconocerlos sin asumir que siguen siendo necesarios ante cualquier situación.
Notable Quotes
Todo trauma es estresante, pero no todo estrés es traumático— Gabor Maté
El tiempo por sí mismo no cura— Gabor Maté