Cada fin de semana, millones de aficionados buscan atajos para ver el fútbol sin pagar, sin advertir que esos atajos tienen dueños con intereses propios. Las plataformas de streaming ilegal como Futbol Libre o Roja Directa no son actos de generosidad digital: son negocios que financian sus servidores robando datos bancarios, instalando spyware y secuestrando procesadores para minar criptomonedas. El espectador que cree estar ahorrando dinero es, en realidad, la mercancía.