En Belgrado, el entierro con honores militares del general Ratko Mladic —condenado por crímenes de guerra en los Balcanes— reveló una fractura que va más allá de lo diplomático: la distancia entre lo que una nación proclama querer ser y lo que sus actos colectivos confiesan que aún es. La Unión Europea, que observó la ceremonia con malestar explícito, ve en ese homenaje público una contradicción con los valores que Serbia dice compartir. Lo que ocurrió en Belgrado no fue solo un funeral; fue una declaración sobre la memoria, la culpa y el precio de pertenecer.
Funeral con honores militares de Mladic genera tensión entre Serbia y la UE
El funeral de Mladic, condenado por crímenes de guerra en los Balcanes, refleja divisiones persistentes sobre la responsabilidad por atrocidades cometidas durante los conflictos de los años 90.