En el cruce entre la soberanía nacional y la gobernanza supranacional, Frontex desplegó por primera vez una patrullera española en el Canal de la Mancha, ignorando la solicitud formal del ministro Marlaska de reforzar Ceuta. La decisión revela una tensión estructural en la Europa de las fronteras: quién tiene la última palabra sobre dónde se coloca el escudo común. Mientras Ceuta sigue esperando, los guardias civiles asignados a la agencia europea navegan aguas que no eligieron, emblema de una integración que aún no ha resuelto cómo equilibrar las urgencias del sur con las del norte.