En el eterno pulso entre el poder y la cultura, el presidente Trump ha convertido el Kennedy Center —templo del arte que lleva el nombre de un presidente asesinado— en campo de batalla personal. Tras perder ante un juez la posibilidad de inscribir su nombre en la fachada del recinto, Trump blandió desde las alturas del Air Force One un cartel que amenaza con la demolición del edificio, gesto que una congresista demócrata convirtió de inmediato en prueba judicial. Lo que comenzó como un deseo de reconocimiento se ha transformado en una disputa que revela cuánto puede pesar el nombre de un hombr