En las montañas de Yunán, una cueva llamada Bianfu devuelve al presente los rastros de una humanidad que creíamos casi invisible: los denisovanos, ese grupo antiguo identificado apenas hace tres lustros, emergen ahora con nuevos huesos, nuevas herramientas y nuevas preguntas sobre quiénes somos y de dónde venimos. El hallazgo de un radio —el primer hueso de brazo atribuido con certeza a esta población— junto a dientes, fragmentos craneales y evidencia de ocupación durante más de cien mil años, amplía el espejo en el que la humanidad se contempla a sí misma. Cuando el ADN no sobrevive al tiempo