Durante décadas, la educación universitaria fue considerada el escudo más fiable frente a la automatización; un nuevo análisis de la Oficina de Estadísticas de Estados Unidos invierte esa certeza. Los oficios artesanales —floristas, tapiceros, ebanistas— emergen como los menos vulnerables a la inteligencia artificial, mientras que profesiones de alta cualificación como abogados, analistas y contables enfrentan una exposición creciente. Lo que determina el riesgo no es el nivel de formación, sino la naturaleza del trabajo: si puede descomponerse en patrones y reglas, la IA puede aprenderlo.