En el templo del Maracaná, Flamengo no necesitó brillar para avanzar: le bastó con sostener lo construido en Ecuador y esperar que el fútbol, con su habitual ironía, le entregara el gol definitivo a través del error ajeno. El empate 1-1 ante Independiente del Valle, logrado con diez hombres durante buena parte del partido, confirma que clasificar a semifinales de la Copa Libertadores 2026 es a veces un ejercicio de paciencia y temple más que de destreza.