En el cruce entre la cultura y el mercado, los festivales literarios han dejado de ser recintos del pensamiento íntimo para convertirse en grandes celebraciones públicas que transforman ciudades y movilizan multitudes. Lo que comenzó como un diálogo entre escritores y lectores devotos es hoy un ecosistema de entretenimiento, turismo y promoción editorial. Esta metamorfosis no es accidental: refleja la búsqueda de la industria del libro por sobrevivir y expandirse en una era de competencia feroz por la atención. La pregunta que queda suspendida en el aire es si el espectáculo puede ser, al mism