A los 76 años, el cineasta Fernando Colomo sigue trabajando con la misma ilusión que en su juventud, y en esa persistencia reside su filosofía más profunda: no la búsqueda de una felicidad perfecta y estable, sino la práctica cotidiana de estar presente, aceptar lo real y encontrar una ocupación que importe. Frente a los mitos culturales de la pareja ideal, el éxito garantizado y la jubilación como descanso merecido, Colomo opone una sabiduría más honesta y más antigua, que va de los griegos a los maestros japoneses del ikigai.
Fernando Colomo: «Hay que vivir el presente, no anticiparse a lo que no ha ocurrido»
Hay que vivir el presente, no anticiparse a lo que no ha ocurrido
¿Por qué Colomo insiste tanto en rechazar la jubilación? ¿Es que piensa que descansar es malo?
No es eso. Lo que dice es que la jubilación pasiva —levantarse cuando quieras y quedarte ahí esperando— no es vivir. El ikigai es encontrar algo que te importe, algo que aporte. Cuando tienes eso, el trabajo no es una carga.
Pero hay que ser honesto: no todos tienen la suerte de Colomo. No todos pueden seguir haciendo lo que aman a los 76. Muchas personas se jubilan porque sus cuerpos no aguantan, o porque no tienen opción.
Entonces, ¿es un consejo solo para gente privilegiada?
Quizá. Pero el ikigai no tiene que ser una carrera. Puede ser un hobby, algo que hagas porque te importa. Lo que rechaza es la pasividad total.
Eso tiene sentido. Pero cuando habla de "aceptar lo que tienes", ¿no está siendo un poco contradictorio? Primero dice que busques algo que te importe, luego que aceptes lo que tienes.
No es contradicción. Es aceptar tu situación real mientras buscas lo que te importa dentro de eso. No es resignación, es realismo.
¿Y lo del baile como meditación? ¿Eso es ciencia o filosofía?
Probablemente ambas. El baile requiere concentración, te saca del pensamiento ansioso. Eso es verificable. Lo que no sabemos es si funciona igual para todos o solo para gente como Colomo.
Pero el punto es que encontró algo que lo ancla en el presente. Eso es lo que importa.
O Pulso
- Colomo desafía la narrativa dominante del envejecimiento pasivo: retirarse no es descansar, es apagarse lentamente.
- El mito de la media naranja y el de la felicidad como destino fijo generan frustración silenciosa en millones de personas que no se atreven a confesar que la realidad no coincide con la promesa.
- El discurso de que todo deseo puede hacerse realidad tiene un reverso cruel: convierte el fracaso en vergüenza personal y obliga a aparentar una vida perfecta que nadie tiene.
- Frente a esa presión, Colomo propone prácticas concretas y modestas —caminar, cuidar la alimentación, bailar— como anclas para volver al presente cuando la mente se adelanta a los problemas.
- Su trayectoria personal —arquitecto por imposición paterna, cineasta por vocación irrenunciable— es en sí misma la prueba de que el ikigai no es un concepto abstracto, sino una decisión que se toma y se sostiene cada día.
A los 76 años, el cineasta Fernando Colomo sigue trabajando con la misma ilusión que en su juventud, y en esa persistencia reside su filosofía más profunda: no la búsqueda de una felicidad perfecta y estable, sino la práctica cotidiana de estar presente, aceptar lo real y encontrar una ocupación que importe. Frente a los mitos culturales de la pareja ideal, el éxito garantizado y la jubilación como descanso merecido, Colomo opone una sabiduría más honesta y más antigua, que va de los griegos a los maestros japoneses del ikigai.
Fernando Colomo llegó al cine por una ruta oblicua: su padre rechazó que estudiara Bellas Artes, así que se licenció en Arquitectura. Pero terminó haciendo exactamente lo que quería, y a los 76 años trabaja más que en su juventud. Dice que no sabe hacer cine sin gracia, que el humor aparece solo.
Su filosofía de vida orbita alrededor del ikigai japonés: encontrar una ocupación que realmente importe, algo que aporte al mundo. No se trata de jubilarse y esperar, sino de mantener la ilusión activa. Cuando trabajas en algo que te importa, la autoestima sube y el tiempo pasa sin que lo notes.
Colomo desmonta con igual convicción el mito de la media naranja. No niega que algunas personas pasen toda la vida con la misma pareja y les vaya bien, pero rechaza que ese sea el modelo universal. El divorcio no es una tragedia, y el poliamor es simplemente otra forma de normalizar la diversidad afectiva.
Sobre la felicidad, ha leído desde los griegos hasta los maestros indios, y todos apuntan en la misma dirección: vivir el presente. La felicidad no es un destino —casa, hijos, estabilidad— sino algo escurridizo que se escapa en cuanto se convierte en meta fija. Lo que funciona es estar donde estás, ahora.
Critica también el optimismo tóxico que promete que todo deseo puede cumplirse. Ese discurso tiene un lado oscuro: cuando no lo consigues, parece culpa tuya. Y como la mayoría de las cosas que nos proponemos no se logran, preferimos aparentar que todo va estupendamente. Colomo propone algo más honesto: acepta lo que tienes.
Para sostener ese equilibrio, camina media hora diaria por un parque, cuida la alimentación con rigor y baila. El baile, dice, es meditación pura: te obliga a concentrarte en el presente, hace ejercicio físico y tranquiliza la mente al mismo tiempo. No es un consejo aspiracional. Es lo que él hace, cada día, a los 76 años.
Fernando Colomo tiene 76 años y sigue trabajando más que cuando rondaba los treinta. No fue el camino que su padre le trazó —rechazó categóricamente que estudiara Bellas Artes, así que Colomo se licenció en Arquitectura— pero el director, productor, guionista y actor terminó haciendo exactamente lo que quería. Sus películas tienen humor incluso cuando él no se lo propone. Dice que no sabe hacer cine sin gracia.
En una conversación sobre cómo vivir bien los años que la ciencia nos regala, Colomo articula una filosofía que rechaza los mitos reconfortantes. El concepto japonés del ikigai —encontrar una ocupación o pasión que realmente importe, algo que aporte al mundo— es su brújula. No se trata de retirarse, dormirse en los laureles y esperar. Se trata de mantener la guardia alta, de seguir haciendo las cosas con ilusión. Cuando trabajas en algo que te importa de verdad, dice, la autoestima sube. El tiempo pasa sin que lo notes.
Rechaza con firmeza el mito de la media naranja, esa pareja perfecta que la cultura ha machacado en nuestras cabezas durante generaciones. No niega que haya gente que pase toda la vida con la misma pareja y le vaya bien, pero eso no tiene por qué ser el modelo universal. El divorcio no es una tragedia, es una realidad. El poliamor es otra forma de normalizar distintas formas de vivir la sexualidad y el amor. Cada uno debe encontrar su propio camino.
Sobre la felicidad, Colomo ha leído tratados desde los griegos hasta los maestros indios. Todos coinciden en lo mismo: hay que vivir el presente. No sirve anticiparse, no sirve preocuparse por lo que aún no ha ocurrido. La felicidad no es un destino fijo —no es ese momento en el que dices "ya tengo casa, tengo hijos, ya estoy feliz". Es escurridiza, inestable, porque continuamente estamos expuestos a circunstancias nuevas. Lo que funciona es estar donde estás, ahora.
Critica también el mensaje de que todo lo que desees se puede hacer realidad. Ese discurso tiene un lado oscuro: si no lo consigues, parece que eres un fracasado, que es culpa tuya, que no lo hiciste bien. La mayoría de las cosas que nos proponemos no se consiguen, pero nos avergüenza decirlo. Preferimos aparentar que todo nos sale genial, que nuestros hijos son maravillosos y sacan todas buenas notas, que la vida nos va estupendamente. Cuando la realidad no coincide, nos sentimos frustrados y lo ocultamos. El concepto que propone es más honesto: acepta lo que tienes.
Para mantenerse en forma, Colomo camina media hora o cuarenta minutos cada día, preferiblemente por un parque donde la mente también se libera. Cuida la alimentación de forma rigurosa. Son prácticas elementales que muchos olvidan. Y está el baile, que describe como meditación pura. Cuando bailas, no puedes pensar en otra cosa. Te obliga a estar concentrado en el presente, a no adelantar problemas futuros. Es terapéutico porque haces ejercicio físico pero también tranquilizas la mente para que no se descontrole. Te libera.
A los 76 años, Colomo sigue eligiendo la vida activa, la ocupación significativa, el presente vivido sin anticipación. No es un consejo aspiracional. Es lo que hace.
Citações Notáveis
Creo que el secreto para disfrutar de la vida está en no bajar la guardia y seguir haciendo las cosas con ilusión— Fernando Colomo
El concepto debería ser 'acepta lo que tienes', porque la mayoría de las cosas que nos proponemos no se consiguen, pero nos avergüenza comentarlo— Fernando Colomo