Hace casi dos décadas, una joven colombiana de diecisiete años se plantó ante su país con un sonido que este aún no sabía escuchar. Farina, pionera del rap y el reggaetón femenino en Latinoamérica, ha recorrido el largo camino entre el rechazo y el reconocimiento —una nominación al Latin Grammy, una película autobiográfica, disculpas públicas de quienes no la comprendieron— recordándonos que las puertas que nadie quiere abrir son, con frecuencia, las más necesarias. Su historia es la de una artista que convirtió la indiferencia en combustible y el silencio en legado.
Farina: «Me piden disculpas por no reconocer mi visión con la música urbana»
Agradezco el no apoyo, porque eso me incentivó a crecer
¿Por qué crees que Colombia no estaba listo para lo que tú traías en ese momento?
Porque la música urbana no era nuestra. Escuchábamos vallenato, pop, folclor. Yo crecí en una familia de músicos tradicionales, pero me enamoré del reggaetón de Puerto Rico, del hip-hop de Estados Unidos. Eso no era colombiano. Entonces cuando salí, la gente se preguntaba qué estaba haciendo. No era rechazo personal, era incomprensión cultural.
¿Sentiste que tu familia te entendía menos que el resto del país?
Mi madre no tenía dinero para llevarme a un estudio. Ella había dejado la música atrás para buscar trabajo. Entonces no era que no me entendiera, era que estábamos en circunstancias diferentes. Factor X fue mi puerta, no porque mi familia me la abriera, sino porque la televisión me la abrió.
Ahora la gente te pide disculpas. ¿Eso duele o te da satisfacción?
Ambas cosas. Duele porque significa que pasé años siendo invisible en mi propio país. Pero me da satisfacción porque significa que la visión que tenía era correcta. Yo no necesitaba que me lo dijeran entonces, pero es bonito que lo reconozcan ahora.
¿Crees que Karol G habría llegado donde está sin ti?
No sé si habría llegado o no. Lo que sé es que yo abrí una puerta. Después de Ivy Queen en Puerto Rico, después de La Mala Rodríguez en España, fui yo quien tocó esa puerta en Colombia. Y cuando la abrí, salieron todas las demás. Eso me enorgullece.
¿Por qué decidiste contar tu historia ahora a través de una película?
Porque hay muchas chicas en barrios que están tocando puertas como yo lo hice. Quería que vieran que es posible, que los rechazos no son el final. La película es para ellas, para que sepan que lo que yo viví, lo que sufrí, tuvo sentido.
O Pulso
- Farina irrumpió en la televisión colombiana hace veinte años con un sonido urbano que su propio país rechazó, en un entorno cultural dominado por el vallenato y el pop.
- Durante años construyó su carrera en las sombras mientras otras artistas recogían los frutos de un género que ella había ayudado a sembrar en Colombia.
- Su primera nominación al Latin Grammy llegó recién en 2021 —como única mujer en su categoría—, un reconocimiento tardío que ella recibió sin amargura sino como confirmación.
- Ahora protagoniza Flow Calle, una película que reconstruye el noventa por ciento de su vida y que ya arrasa en República Dominicana, donde su sencillo lidera Spotify.
- Colombianos que antes la ignoraron le piden disculpas en redes sociales, y Farina responde con generosidad: agradece el rechazo porque fue el motor de su evolución.
Hace casi dos décadas, una joven colombiana de diecisiete años se plantó ante su país con un sonido que este aún no sabía escuchar. Farina, pionera del rap y el reggaetón femenino en Latinoamérica, ha recorrido el largo camino entre el rechazo y el reconocimiento —una nominación al Latin Grammy, una película autobiográfica, disculpas públicas de quienes no la comprendieron— recordándonos que las puertas que nadie quiere abrir son, con frecuencia, las más necesarias. Su historia es la de una artista que convirtió la indiferencia en combustible y el silencio en legado.
Hace casi veinte años, una joven de diecisiete años llamada Farina se presentó en el reality colombiano Factor X con algo que el país no esperaba: rap, reggaetón, los ritmos que había absorbido de Puerto Rico, Jamaica y República Dominicana. En una Colombia obsesionada con el vallenato y el pop, aquel sonido era casi un idioma extranjero. "La mitad del país no entendía bien lo que yo quería dar a conocer", recuerda hoy desde Medellín, a sus treinta y cinco años.
Lo que siguió fue un camino de resistencia silenciosa. Farina firmó con Sony, colaboró con el productor Wyclef Jean y construyó una carrera sólida mientras otras artistas acaparaban los titulares. El reconocimiento institucional tardó casi dos décadas: en 2021 recibió su primera nominación al Latin Grammy por el sencillo A fuego, siendo la única mujer nominada en la categoría de mejor canción urbana.
Este año da un paso más al protagonizar Flow Calle, una película de Caribbean Films en la que interpreta a Yizelle, una chica de barrio con un sueño que el mundo no sabe cómo recibir. Según Farina, el noventa por ciento del filme es su propia vida: los rechazos, las puertas cerradas, las voces que le decían que no daba la talla. La película ya se estrenó en República Dominicana, donde su sencillo Bendecido encabeza Spotify.
Lo que sorprende en Farina es su generosidad hacia quienes no la entendieron. Viene de una familia musical —su tía es Toto La Momposina, leyenda de la cumbia— pero creció en Medellín sin acceso a estudios de grabación, eligiendo un sonido que su entorno no hablaba. Hoy, personas de su propio país le piden disculpas en redes sociales por no haber apoyado su visión a tiempo. Ella lo agradece sin rencor: "Yo agradezco el no apoyo, porque eso me incentivó a crecer y a evolucionar más."
Farina reconoce haber sido la primera artista en hacer música urbana comercialmente en televisión colombiana, abriendo la puerta que después recorrerían Karol G y muchas otras. Esta semana lanzó Fiesta junto a Ryan Castro, y su tono al hablar del presente es el de alguien que ya pagó su cuota. Las generaciones que vienen, dice, harán el resto.
Hace casi veinte años, cuando Karol G y Cazzu aún no existían en el mapa de la música urbana latinoamericana, una joven de diecisiete años se presentó en un reality show colombiano llamado Factor X y cambió algo en el aire. Su nombre era Farina, aunque pronto la conocerían como 'la nena fina'. Lo que ella traía —rap, reggaetón, los ritmos que escuchaba en Puerto Rico, Jamaica, República Dominicana— no tenía cabida en un país obsesionado con el vallenato y el pop. "Cuando yo salí, la mitad del país no entendía bien lo que yo quería dar a conocer", recuerda ahora, a los treinta y cinco años, desde Medellín.
Lo que vino después fue un proceso lento de reconocimiento, el tipo de camino que requiere una resistencia casi imposible de imaginar. Farina firmó con Sony, trabajó con el productor Wyclef Jean, construyó una carrera sólida en las sombras mientras otras mujeres del género ganaban los titulares. No fue hasta finales de 2021 que recibió su primera nominación a los Latin Grammy, en la categoría de mejor canción urbana, por su sencillo A fuego. Fue la única mujer nominada en esa categoría ese año. El reconocimiento llegó tarde, pero llegó.
Ahora Farina cuenta su propia historia a través de otros ojos. Este año es la protagonista de Flow Calle, una película de la productora Caribbean Films en la que interpreta a Yizelle, una chica de barrio con un sueño imposible y un sonido que el mundo aún no sabe cómo recibir. Según Farina, el noventa por ciento de la película es su vida: los rechazos, las puertas cerradas, las voces que le decían que no daba la talla. "Lo que le hacen a la persona es un favor al decirle que no sirve", dice con una claridad que solo da el tiempo. Ella tomó esos rechazos y los convirtió en combustible. El filme ya se estrenó en República Dominicana, donde el sencillo Bendecido de Farina es el más escuchado en Spotify, y pronto llegará al resto del continente.
Lo que sorprende en la conversación con Farina es su generosidad hacia quienes no la entendieron. Ella viene de una familia de músicos —su tía es Toto La Momposina, la reina de la cumbia colombiana— pero creció en Medellín sin los recursos para acceder a un estudio de grabación. Su madre había dejado atrás los tambores y las flautas de Mompox en busca de trabajo, no de arte. Cuando Farina decidió hacer música urbana en lugar de seguir la tradición familiar, fue como elegir un idioma que su país aún no hablaba. "Yo me enamoré escuchando estas culturas, música de otros países, y me dediqué a hacer música urbana", explica. "Pero en ese entonces no había una mujer, además de Ivy Queen, que nos representara a nivel mundial."
Lo que más llama la atención es lo que Farina ha leído recientemente en las redes sociales: personas de su propio país pidiéndole disculpas. No por algo que haya hecho mal, sino por no haber entendido su visión hace años, cuando ella estaba tocando puertas que nadie quería abrir. "Yo agradezco el no apoyo, porque eso me incentivó a crecer y a evolucionar más", dice sin amargura. Ella reconoce que fue la primera artista en hacer música urbana comercialmente en televisión colombiana, abriendo un camino que después recorrerían Karol G y tantas otras. "Abrir esa puerta a nivel nacional después de una Ivy Queen, después de una Mala Rodríguez, que eran nuestros más grandes referentes latinos. Luego había una colombiana llamada Farina que estaba intentando mover esa puerta."
Esta semana lanzó Fiesta, un nuevo sencillo con el colombiano Ryan Castro, en cuyo video ella es arrestada por la policía en un bar por su único crimen: tener demasiado flow. Es una broma, pero también es verdad. Farina pasó dos décadas siendo arrestada por ser lo que era, por insistir en ser lo que nadie le pedía que fuera. Ahora, cuando habla de artistas como J Balvin y las expectativas que la sociedad pone sobre ellos, su tono es el de alguien que ha aprendido que los músicos no son políticos, que su trabajo es llevar amor y música, no responder por todo lo que el país necesita. Ha pagado su cuota. Ha abierto sus puertas. El resto, dice, es cosa de las generaciones que vienen.
Citações Notáveis
Cuando yo salí, la mitad del país no entendía bien lo que yo quería dar a conocer— Farina, sobre su debut en Factor X hace casi dos décadas
Yo fui la primera artista que salió comercialmente en televisión haciendo música urbana. Considero que abrí muchas puertas y me siento muy orgullosa de eso— Farina, sobre su rol como pionera del género en Colombia