El poder tras el trono se convirtió en una fuerza marginal
En las urnas colombianas, el movimiento político que durante años ejerció el poder desde las sombras ha encontrado su propio límite histórico. El Centro Democrático uribista, que alguna vez concentraba el 15% de la intención de voto, cayó por debajo del 7%, con su candidata Paloma Valencia en tercer lugar. El analista Farid Kahhat sitúa este colapso en la confluencia de tres fuerzas: la fragilidad de un movimiento sin estructura institucional sólida, el desgaste acumulado por gobiernos que decepcionaron, y el peso moral de las investigaciones sobre ejecuciones sistemáticas de civiles durante la era uribista.
- El uribismo perdió más de la mitad de su respaldo electoral en un ciclo, pasando del 15% a menos del 7%, una caída que supera cualquier ajuste político ordinario.
- La candidata Paloma Valencia terminó en tercer lugar, convirtiendo al que fue el 'poder tras el trono' en una fuerza marginal frente a los nuevos polos de ultraderecha e izquierda.
- La ruptura de Juan Manuel Santos con Uribe y la gestión fallida de Iván Duque erosionaron sucesivamente la capacidad del movimiento para transferir lealtades y movilizar votos.
- Las revelaciones sobre los 'falsos positivos' —civiles asesinados y presentados como terroristas— transformaron la narrativa pública: Uribe pasó de negar los hechos a alegar ignorancia, sin poder ya evadir la verdad.
- El colapso no es solo electoral: es el desmoronamiento de un legado construido sin partido institucionalizado, ahora expuesto a la vez por sus fracturas políticas y por su historia de violaciones a los derechos humanos.
Frente a las cámaras de RPP TV, el internacionalista Farid Kahhat examinó lo que acaba de ocurrir en Colombia con una claridad que incomoda. Las elecciones presidenciales no solo revelaron quiénes emergieron con fuerza —Abelardo de la Espriella por la ultraderecha e Iván Cepeda por la izquierda— sino que pusieron en evidencia un colapso más silencioso y quizás más significativo: el del uribismo.
El Centro Democrático, durante años descrito como el 'poder tras el trono' de la política colombiana, vio a su candidata Paloma Valencia terminar en tercer lugar. La intención de voto del movimiento cayó del 15% a menos del 7%. Para Kahhat, esto no es una corrección electoral menor: es un desmoronamiento estructural. El uribismo nunca construyó un partido verdaderamente institucionalizado a nivel nacional, lo que hizo que la capacidad de Álvaro Uribe para transferir su respaldo se fuera debilitando con cada ciclo.
Ese debilitamiento tiene hitos precisos. La ruptura de Juan Manuel Santos con su mentor político marcó el primer quiebre. Luego vino la gestión de Iván Duque, también respaldada por Uribe, que Kahhat calificó de fallida. Cada decepción erosionó la cohesión del movimiento y la lealtad de sus seguidores.
Pero el factor más devastador, según el analista, no es político sino moral. Las investigaciones de justicia transicional confirmaron la existencia sistemática de los 'falsos positivos': civiles asesinados y presentados como terroristas neutralizados en combate durante la administración uribista. Ante la imposibilidad de seguir negando los hechos, Uribe argumentó que no tenía conocimiento de ellos. Ese giro —de la negación a la ignorancia alegada— dejó una marca que los colombianos llevaron consigo a las urnas.
Lo que queda es un movimiento que alguna vez fue hegemónico, reducido hoy a una sombra de su antigua influencia, atrapado entre la falta de estructura, el peso de gobiernos que decepcionaron y un legado de violaciones que ya no puede ser borrado.
Farid Kahhat, un analista especializado en relaciones internacionales, se sentó frente a las cámaras de RPP TV para examinar lo que acaba de suceder en Colombia. Las elecciones presidenciales han reconfigurado el mapa político del país de una manera que pocos esperaban, y el cambio más dramático no está en quién ganó, sino en quién perdió terreno de forma casi irreversible.
En la primera vuelta, dos candidatos emergieron con el mayor respaldo: Abelardo de la Espriella, representante de la ultraderecha, e Iván Cepeda, de la izquierda. Pero mientras la atención se enfocaba en esos dos polos, sucedía algo más silencioso y quizás más significativo. El Centro Democrático, el partido que durante años fue la maquinaria política detrás del poder en Colombia, vio a su candidata Paloma Valencia terminar en tercer lugar. Lo que alguna vez fue descrito como el "poder tras el trono" se había convertido en una fuerza marginal en las urnas.
Kahhat explicó la magnitud del colapso con números concretos. El uribismo, como movimiento político, había disfrutado de una intención de voto cercana al 15 por ciento. Ahora esa cifra había caído por debajo del 7 por ciento. No se trataba de una corrección menor o de un ajuste electoral normal. Era un desmoronamiento. El internacionalista atribuyó parte de esta caída a una realidad estructural fundamental: el movimiento uribista nunca desarrolló un partido institucionalizado y organizado a nivel nacional. Sin esa infraestructura política sólida, la capacidad de Álvaro Uribe para transferir su respaldo a candidatos de su elección se había vuelto cada vez más débil.
Este debilitamiento no fue repentino. Kahhat identificó varios momentos de quiebre. El primero ocurrió cuando Juan Manuel Santos, quien fue elegido presidente con el apoyo explícito de Uribe, rompió con su mentor político. Esa ruptura marcó un punto de inflexión. Posteriormente, la gestión de Iván Duque como presidente, que también había contado con el respaldo uribista, fue caracterizada por Kahhat como fallida. Estos eventos sucesivos erosionaron la capacidad del movimiento para mantener cohesión y lealtad entre sus seguidores.
Pero hay un factor que Kahhat consideró aún más devastador que los cálculos políticos ordinarios. Las investigaciones sobre derechos humanos, particularmente los hallazgos sobre los "falsos positivos", han tenido un impacto profundo en la imagen pública de Uribe. Los falsos positivos se refieren a civiles que fueron asesinados y luego presentados como terroristas neutralizados en combate. Durante años, Uribe había minimizado o negado la existencia sistemática de estas violaciones. Las investigaciones de justicia transicional revelaron la verdad: hubo violaciones sistemáticas a los derechos humanos que ocurrieron bajo su administración. Cuando ya no pudo negar los hechos, Uribe argumentó que no tenía conocimiento de ellos.
Este cambio en la narrativa pública, de la negación a la ignorancia alegada, ha dejado una marca indeleble. Los colombianos que votaron en esta primera vuelta lo hicieron en un contexto donde la verdad sobre el pasado se había vuelto imposible de evadir. El colapso electoral del uribismo no es simplemente una cuestión de estrategia política fallida o de candidatos débiles. Es el resultado de una acumulación de fracturas: la pérdida de capacidad institucional para movilizar votos, el desgaste causado por gobiernos sucesivos que decepcionaron, y la exposición de un legado de violaciones de derechos humanos que no puede ser borrado ni minimizado. Lo que queda es un movimiento que alguna vez fue hegemónico, ahora reducido a una sombra de su anterior influencia.
Citações Notáveis
Donde no hay un partido institucionalizado y organizado a nivel nacional, la capacidad de endoso es muy limitada— Farid Kahhat
Mostraron que hubo violaciones sistemáticas a los derechos humanos que él siempre había negado y cuando ya no puede negarlas dice que no sabía de ellas— Farid Kahhat
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué el Centro Democrático cayó tan rápido si Uribe fue una figura tan dominante en la política colombiana?
Porque la dominación personal no es lo mismo que la dominación institucional. Uribe tenía carisma y poder, pero nunca construyó un partido que pudiera funcionar sin él. Cuando la gente empezó a dudar de él, no había estructura que sostuviera el movimiento.
¿El quiebre con Santos fue realmente tan importante?
Fue un momento simbólico crucial. Mostró que Uribe no podía controlar ni siquiera a sus propios elegidos una vez que llegaban al poder. Eso debilitó la promesa central del uribismo: que Uribe sabía cómo gobernar y cómo elegir gobernantes.
¿Entonces Duque fue el golpe final?
Fue un golpe más en una serie de golpes. Duque gobernó mal, y eso reflejó mal en Uribe. Pero lo que realmente fue irreversible fue lo de los derechos humanos. No puedes recuperarte de eso en política.
¿Los falsos positivos eran algo que la gente no sabía?
Muchos lo sabían, pero había negación oficial. Cuando la justicia transicional lo documentó sistemáticamente, se volvió innegable. Y cuando Uribe pasó de negar a decir que no sabía, perdió credibilidad completamente.
¿Puede el uribismo recuperarse?
No en la forma que fue. Quizás como una corriente dentro de otro movimiento, pero como fuerza política independiente, lo que vimos en estas elecciones es probablemente su fin.