En los escombros de Gaza, miles de familias han tomado una decisión que revela la profundidad de su desesperación: prefieren vivir bajo techos que amenazan con derrumbarse antes que refugiarse en campamentos donde el hacinamiento borra toda dignidad. Más de 2.000 estructuras en la Franja corren riesgo de colapso, y el edificio Al Sa'ada ya cobró más de veinte vidas en septiembre. Lo que parece una elección irracional es, en realidad, el testimonio más elocuente de lo que significa quedar atrapado entre el peligro visible y el sufrimiento invisible.
Familias en Gaza viven en edificios al borde del colapso por falta de alternativas
Familias desplazadas se instalan en viviendas con problemas estructurales en lu…
What happened here?
La vida en edificios a punto de colapsar en Gaza: “Caen trozos de vez en cuando, en mi habitación o en las de al lado”.
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Familias desplazadas se instalan en viviendas con problemas estructurales en lugar de en tiendas de campaña, a pesar de que más de 2.000 estructuras en toda la Franja corren riesgo de derrumbe
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O Pulso
- Mohammed al Zatma, de 34 años, observa a sus hijos jugar al borde de un apartamento parcialmente destruido en Jan Yunis, sabiendo que cualquier momento podría ser el último.
- El derrumbe del edificio Al Sa'ada en septiembre mató a más de 20 personas y dejó decenas desaparecidas, convirtiendo cada grieta en una sentencia pendiente.
- El 80% de las estructuras de Gaza están destruidas o dañadas, y reconstruirlas costaría unos 60.000 millones de euros, una cifra que hoy parece abstracta para quienes duermen entre cascotes.
- Las autoridades gazatíes han identificado 255 edificios de riesgo inminente y anunciado un plan de evacuación, pero sin maquinaria pesada —bloqueada por Israel— la crisis no tiene salida a corto plazo.
- Defensores de derechos humanos advierten que el bloqueo de equipos de demolición y construcción convierte la tragedia estructural en una política sostenida de vulnerabilidad.
En los escombros de Gaza, miles de familias han tomado una decisión que revela la profundidad de su desesperación: prefieren vivir bajo techos que amenazan con derrumbarse antes que refugiarse en campamentos donde el hacinamiento borra toda dignidad. Más de 2.000 estructuras en la Franja corren riesgo de colapso, y el edificio Al Sa'ada ya cobró más de veinte vidas en septiembre. Lo que parece una elección irracional es, en realidad, el testimonio más elocuente de lo que significa quedar atrapado entre el peligro visible y el sufrimiento invisible.
Mohammed al Zatma tiene 34 años y vive en lo que queda de un apartamento en el barrio de Amal, al oeste de Jan Yunis. Los niños juegan cerca del borde expuesto del edificio, donde ya no hay pared que los proteja. «Caen trozos de vez en cuando, en mi habitación o en las de al lado», dice. Aun así, permanece allí. La alternativa —los campamentos superpoblados— le parece peor.
Esta escena se repite en miles de hogares a lo largo de la Franja de Gaza. Más de 2.000 estructuras han sido catalogadas como en riesgo de derrumbe, y el 80% del total de edificios está destruido o gravemente dañado. El 58% de la población gazatí enfrenta necesidades críticas de alojamiento. Reconstruir todo costaría alrededor de 60.000 millones de euros, una cifra que contrasta brutalmente con la realidad de familias que duermen bajo techos agrietados porque no tienen adónde ir.
El precio de esta elección ya se ha cobrado vidas. En septiembre, el edificio Al Sa'ada colapsó y mató a más de veinte personas; decenas siguen desaparecidas. En otros puntos de Gaza, 150 personas malviven en aulas derruidas. El peligro no es hipotético: es cotidiano y letal.
Las autoridades gazatíes han respondido con un plan de evacuación que apunta a 255 edificios de riesgo inminente. Pero los defensores de derechos humanos señalan que el bloqueo israelí sobre la entrada de maquinaria pesada impide tanto demoler las estructuras peligrosas como comenzar cualquier reconstrucción real. Mientras ese bloqueo persista, las familias seguirán eligiendo entre dos formas distintas de sufrir, y muchas seguirán eligiendo las ruinas.
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Mohammed al Zatma, de 34 años, sale de una habitación y corre hacia el borde expuesto de su apartamento en ruinas, situado en el barrio de Amal, al oeste de Jan Yunis, en Gaza. Sus hijos y los de sus primos están jugando allí, en una parte…
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