En el cruce entre la geopolítica y el petróleo, Venezuela y Estados Unidos han sellado un acuerdo que entrega el 20% de las reservas venezolanas a una empresa de mayoría familiar: Nabep, controlada por los Betancourt. Lo que emerge no es solo un contrato energético, sino un espejo de cómo los intereses privados y los estatales se entrelazan cuando dos naciones deciden reescribir su relación. El acuerdo, que durará un siglo, plantea preguntas duraderas sobre soberanía, transparencia y quién, en última instancia, se beneficia del subsuelo.