Detrás de cada apagón hay hombres que salen a trabajar en condiciones difíciles
En Cárdenas, Cuba, un electricista de 39 años llamado Osmani Rosales Núñez perdió la vida mientras intentaba reparar una avería en las líneas eléctricas de su ciudad. Su muerte no es un accidente aislado, sino el reflejo de una crisis energética que empuja a los trabajadores a operar en condiciones extremas, con infraestructura deteriorada y sin los equipos de protección necesarios. En el fondo de esta tragedia late una pregunta que la sociedad cubana no puede seguir aplazando: cuánto vale la vida de quienes mantienen encendidas las luces de los demás.
- Osmani Rosales murió electrocutado el sábado pasado en la zona de Tenería, en Cárdenas, mientras reparaba una avería eléctrica en condiciones de extrema precariedad.
- Los apagones en Matanzas superan las 67 horas consecutivas, y el déficit eléctrico nacional alcanzó los 1.780 megavatios en la hora pico del mismo día de su muerte.
- Los linieros cubanos trabajan bajo presión máxima con equipos de protección insuficientes y una infraestructura que lleva años sin mantenimiento adecuado.
- Este es el tercer caso mortal o grave de electrocución entre trabajadores eléctricos en Cuba en menos de un año, configurando un patrón alarmante de inseguridad laboral.
- La indignación en redes sociales creció tras la difusión de la noticia: la comunidad exige respuestas sobre quién protege a los que protegen el servicio eléctrico.
Osmani Rosales Núñez tenía 39 años y trabajaba para la Empresa Eléctrica de Cárdenas. El sábado pasado, mientras intervenía una avería en la zona de Tenería, sufrió una descarga eléctrica que le costó la vida. Lo trasladaron primero al Policlínico Moncada y luego al hospital, pero los médicos no pudieron reanimarlo. Quienes estuvieron presentes describieron la gravedad de sus quemaduras al llegar.
Sus compañeros lo recordaban como un hombre dedicado y de buen carácter. Tras la difusión de la noticia por el periodista Christian Arbolaez, las redes sociales se llenaron de condolencias y también de rabia. La pregunta que muchos formularon en voz alta fue la misma: ¿cómo es posible que estos trabajadores salgan a reparar averías con tan pocos medios de protección, bajo presión extrema, en medio de apagones masivos?
La respuesta está en los números. El mismo día que murió Osmani, la Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de apenas 1.200 megavatios frente a una demanda de 2.580. Los cortes en Cárdenas y Matanzas superan las 26 y hasta las 67 horas consecutivas. Son los linieros quienes salen a enfrentar esa realidad con infraestructura deteriorada y equipos insuficientes.
No es la primera vez. En septiembre de 2025, un trabajador murió electrocutado en Bauta, Artemisa. Ese mismo mes, otro liniero fue gravemente herido en San Miguel del Padrón y tuvo que ser rescatado por vecinos porque los bomberos no llegaron a tiempo. El patrón es inequívoco: mientras Cuba atraviesa su peor crisis energética en años, los hombres que intentan mantener las luces encendidas están muriendo en el intento. Osmani Rosales dejó una familia destrozada y una pregunta sin respuesta: ¿cuántos más?
Osmani Rosales Núñez tenía 39 años recién cumplidos. Trabajaba para la Empresa Eléctrica de Cárdenas, en Matanzas, reparando las líneas que alimentaban la ciudad. El sábado pasado, mientras intervenía una avería en la zona de Tenería, entre las calles Neptuno y Ceres, recibió una descarga eléctrica que le quitó la vida.
Lo llevaron vivo al Policlínico Moncada. Luego lo trasladaron al hospital. Los médicos intentaron reanimarlo sin éxito. Según quien estuvo presente en la sala de emergencias, cuando llegó ya era evidente la gravedad: estaba quemado por completo. No había mucho que hacer.
Osmani vivía en Cristina y Portilla, en la misma ciudad donde trabajaba. Sus compañeros lo recordaban como un hombre dedicado, de buen carácter. En redes sociales, después de que el periodista Christian Arbolaez difundiera la noticia, llegaron las condolencias y también la indignación. Alguien escribió lo que muchos pensaban: estos trabajadores salen a reparar averías con pocos materiales de protección, bajo presión extrema, en horarios de apagones masivos. Y a veces no regresan a casa.
La muerte de Osmani no ocurre en un vacío. Sucede en medio de una crisis energética que ha convertido a Cárdenas y Matanzas en ciudades donde los cortes de electricidad duran más de 26 horas, a veces más de 67 horas consecutivas. El mismo sábado que murió, la Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de apenas 1.200 megavatios frente a una demanda de 2.580 megavatios. El déficit proyectado para la hora pico era de 1.780 megavatios. Son los linieros como Osmani quienes salen a trabajar bajo esa presión, con infraestructura deteriorada y equipos de protección insuficientes.
Este no es un caso aislado. En septiembre de 2025, un trabajador murió electrocutado en Bauta, Artemisa. Ese mismo mes, un liniero fue gravemente electrocutado en San Miguel del Padrón, en La Habana, y tuvo que ser rescatado por vecinos porque los bomberos no llegaron. El patrón es claro: mientras la isla enfrenta su peor crisis energética en años, los hombres que intentan mantener las luces encendidas están muriendo en el trabajo. Osmani Rosales dejó una familia destrozada. Dejó un vacío en Cárdenas. Y dejó una pregunta que nadie quiere responder: ¿cuántos más?
Notable Quotes
Detrás de cada apagón, de cada avería y de cada cable caído, hay hombres que salen a trabajar en condiciones difíciles para intentar devolver la poca electricidad a los hogares. Este sábado, uno de ellos no pudo regresar a casa.— Christian Arbolaez, periodista
Trabajan con pocos materiales de protección física y además con demasiado riesgo, una condición en el horario de los apagones, y mira cómo termina la vida de este muchacho que de seguro dejó una familia destrozada.— Comentario de vecino en redes sociales
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué un electricista muere reparando una línea? ¿No hay protocolos de seguridad?
Los hay en teoría. Pero cuando trabajas con infraestructura vieja, con equipos de protección escasos, y bajo la presión de apagones que duran más de 60 horas, los protocolos se vuelven casi decorativos.
¿Cuál es la conexión entre la crisis energética y esta muerte?
Directa. Cuanto más severa la crisis, más horas trabajan estos hombres, más rápido tienen que actuar, más riesgos toman. Es un sistema bajo estrés extremo.
¿Esto le pasaba a Osmani específicamente, o es un problema más amplio?
Osmani es el tercero en meses. En septiembre pasado murió otro en Bauta. Otro fue gravemente quemado en La Habana. No es mala suerte. Es un patrón.
¿Qué dicen sus compañeros?
Que era un buen trabajador, dedicado. Pero también que trabajan sin protección adecuada, en horarios imposibles, con infraestructura que se cae a pedazos.
¿Hay algo que podría haber evitado esto?
Equipos de protección mejor, infraestructura mantenida, menos presión de tiempo. Pero eso requiere recursos que no existen en medio de una crisis como esta.