Madrid ha cruzado un umbral que pocas ciudades alcanzan: el de convertirse en escenario obligado de la élite deportiva mundial. El Gran Premio de Fórmula 1 en la capital española no es solo una carrera, sino un catalizador económico que moviliza más de 450 millones de euros y redefine el lugar de la ciudad en el mapa global del automovilismo. En un continente donde ninguna otra capital ostenta este privilegio, Madrid plantea una pregunta más amplia sobre cómo los grandes eventos deportivos pueden transformar no solo una economía, sino la identidad de una metrópolis.