A finales de 2023, el segundo año de la guerra en Ucrania reveló una verdad que los estrategas occidentales ya no podían ignorar: atacar sin los medios suficientes no es valentía, sino desgaste. Analistas militares comenzaron a aconsejar a Kiev que abandonara la iniciativa ofensiva y se atrincherara en la defensa, no como rendición, sino como una forma más austera y sostenible de resistir. En el horizonte, la pregunta no era ya cuánto territorio podría recuperarse, sino cuánto podría preservarse mientras el apoyo de Occidente navegaba sus propias turbulencias políticas.
Expertos recomiendan a Ucrania adoptar postura defensiva ante estancamiento militar
Es un punto muerto en las trincheras
¿Por qué los expertos recomiendan ahora que Ucrania se pase a la defensiva? ¿Qué cambió?
La contraofensiva que lanzaron no logró los objetivos. Después de meses de combate intenso, no rompieron las líneas rusas ni llegaron al mar de Azov. Los analistas están siendo realistas: Ucrania simplemente no tiene los recursos para seguir atacando.
Pero espera, ¿cuáles son exactamente esos recursos que le faltan? El reportaje menciona munición y soldados, pero ¿cuántos? ¿Cuánta munición necesitaría para continuar?
El reportaje no da números específicos. Solo cita a un combatiente de la 47.ª Brigada que dice que tienen poca munición y pocos soldados. Es anecdótico, pero probablemente representativo.
¿Y si Ucrania se pasa a la defensiva, qué pasa con el territorio que controla? ¿Lo va a perder?
Gorenburg dice que probablemente habrá pequeñas pérdidas territoriales. Pero su argumento es que es una posición más segura mientras Ucrania recupera fuerzas y suministros.
Eso es importante: "pequeñas pérdidas". ¿Quién define pequeño? ¿Cuánto territorio estamos hablando? El reportaje no lo especifica.
No, no lo hace. Es una recomendación estratégica general, no un plan territorial específico.
¿Cuál es el riesgo de una guerra prolongada para Ucrania?
Que Rusia tiene más población, más capacidad industrial, más recursos para sostener el conflicto. Una guerra larga favorece al que tiene más.
Y aquí está el problema político real: Ucrania depende del apoyo occidental, especialmente de Estados Unidos, pero el Congreso está bloqueando nuevos paquetes de asistencia. Eso es lo que realmente limita las opciones.
Exacto. Sin ese apoyo, Ucrania no puede hacer nada, ni atacar ni defender indefinidamente.
O Pulso
- La contraofensiva ucraniana, lanzada con entrenamiento occidental y equipamiento moderno, no logró romper las líneas rusas ni alcanzar la costa del mar de Azov, dejando al país ante un callejón estratégico.
- En el frente, la escasez de munición y soldados obliga a tripulaciones de vehículos blindados y pilotos de drones a desplegarse directamente en primera línea, señal de una presión táctica extrema.
- Expertos como Dmitri Gorenburg advierten que el paso a la defensiva implicará pérdidas territoriales, pero argumentan que es la única postura viable mientras Ucrania recupera fuerzas y suministros.
- Una guerra de trincheras prolongada favorece a Rusia, cuya mayor población e industria de defensa le otorgan una ventaja de resistencia que Ucrania no puede igualar sin apoyo externo sostenido.
- El Congreso estadounidense enfrenta obstáculos políticos para aprobar nuevos paquetes de asistencia militar, y ningún aliado occidental ha ofrecido aún el equipamiento avanzado que Kiev considera decisivo.
A finales de 2023, el segundo año de la guerra en Ucrania reveló una verdad que los estrategas occidentales ya no podían ignorar: atacar sin los medios suficientes no es valentía, sino desgaste. Analistas militares comenzaron a aconsejar a Kiev que abandonara la iniciativa ofensiva y se atrincherara en la defensa, no como rendición, sino como una forma más austera y sostenible de resistir. En el horizonte, la pregunta no era ya cuánto territorio podría recuperarse, sino cuánto podría preservarse mientras el apoyo de Occidente navegaba sus propias turbulencias políticas.
A finales de 2023, mientras la guerra en Ucrania completaba su segundo año, un consenso incómodo tomaba forma entre los analistas militares occidentales: Kiev ya no podía permitirse seguir atacando. The Wall Street Journal recogió las recomendaciones de expertos en seguridad que instaban a Ucrania a abandonar su estrategia ofensiva y adoptar una postura defensiva, un giro que reflejaba la realidad cada vez más dura sobre el terreno.
El diagnóstico era severo. Especialistas señalaban que Ucrania carecía de la capacidad para sostener la iniciativa contra las fuerzas rusas, y que era más prudente defender posiciones y obligar al enemigo a gastar sus propios recursos. Dmitri Gorenburg, del Centro de Análisis Naval en Arlington, Virginia, lo resumió con claridad: defenderse es mucho más fácil que atacar. Aun así, advirtió que este cambio probablemente conllevaría pérdidas territoriales, aunque lo consideraba una posición más segura a largo plazo.
Este giro estratégico era también un reconocimiento del fracaso de la contraofensiva. A pesar del entrenamiento intensivo y el equipamiento occidental entregado a decenas de miles de soldados, las tropas ucranianas no lograron romper las líneas rusas. Un alto funcionario ucraniano lo describió sin rodeos: era un punto muerto en las trincheras, y ninguno de los dos bandos parecía capaz de lanzar una ofensiva total.
En el frente, la situación era aún más apremiante. Un combatiente de la 47.ª Brigada Mecanizada reveló que sus fuerzas sufrían escasez crítica de munición y personal, al punto de que tripulaciones de vehículos blindados y pilotos de drones eran enviados directamente a primera línea.
El panorama se complicaba por la dependencia de Ucrania del apoyo occidental. Funcionarios reconocían que una guerra larga favorecía a Rusia, con su mayor población y capacidad industrial. Mientras tanto, la Administración Biden enfrentaba resistencia en el Congreso para aprobar nuevos paquetes de ayuda. El teniente general retirado Douglas Lute, exembajador ante la OTAN, fue categórico: no existía ninguna solución milagrosa que pudiera cambiar la situación en el corto plazo. La recomendación defensiva no era una admisión de derrota, sino el reconocimiento de que el conflicto había entrado en una fase donde resistir importaba más que avanzar.
A finales de 2023, mientras la guerra en Ucrania entraba en su segundo año, un consenso incómodo comenzaba a formarse entre los analistas militares occidentales: el país no podía seguir atacando. The Wall Street Journal reportó que expertos en seguridad estaban recomendando a Kiev que abandonara su estrategia ofensiva y adoptara una postura defensiva, un giro estratégico que reflejaba una realidad cada vez más clara en el terreno.
La recomendación surgía de un diagnóstico brutal. Los especialistas consultados señalaban que Ucrania tenía una capacidad limitada para tomar la iniciativa contra las fuerzas rusas. En lugar de continuar gastando recursos en ofensivas que no avanzaban, sugerían que el país se enfocara en defender posiciones y obligar a Rusia a gastar sus propias tropas y equipamiento. Dmitri Gorenburg, experto en seguridad del Centro de Análisis Naval en Arlington, Virginia, lo expresó de manera directa: defenderse es mucho más fácil que atacar. Sin embargo, advirtió que este cambio de estrategia probablemente resultaría en pérdidas territoriales para Ucrania, aunque argumentó que se trataba de una posición más segura mientras el país recuperaba fuerzas y suministros.
Esta transición reflejaba el fracaso de la contraofensiva que el alto mando ucraniano había anunciado con esperanza meses antes. A pesar del entrenamiento intensivo y el equipamiento proporcionado por Occidente a decenas de miles de soldados, las tropas ucranianas no lograron romper las líneas rusas ni alcanzar la costa del mar de Azov, los objetivos que se habían fijado. Un alto funcionario de seguridad ucraniano lo resumió con crudeza: era un punto muerto en las trincheras, y lo más probable era que ninguna de las partes pudiera lanzar una ofensiva total.
En el frente, la realidad era aún más apremiante. Un combatiente de la 47.ª Brigada Mecanizada, unidad que había sido equipada con vehículos blindados occidentales, reveló que sus fuerzas enfrentaban una escasez crítica de munición y soldados. Las tripulaciones de vehículos blindados y los pilotos de drones se desplegaban en la primera línea del frente, una asignación que hablaba de desesperación táctica más que de estrategia.
La dependencia de Ucrania del apoyo occidental complicaba aún más el panorama. Funcionarios ucranianos reconocían que una guerra prolongada favorecería a Rusia, que tenía una población más grande y una capacidad industrial para sostener el conflicto. Mientras tanto, la Administración Biden enfrentaba dificultades políticas en el Congreso para aprobar nuevos paquetes de asistencia militar. Muchos partidarios de Ucrania en Europa y Estados Unidos argumentaban que Kiev estaría en una posición más fuerte si recibiera rápidamente equipamiento más avanzado: tanques, misiles de largo alcance, aviones de combate. Pero Douglas Lute, teniente general retirado del Ejército estadounidense y exembajador ante la OTAN, fue claro: no existía una solución milagrosa que pudiera cambiar la situación en el corto plazo.
Funcionarios estadounidenses insistían en que estaban suministrando armas a Ucrania al ritmo adecuado, de acuerdo con lo que podían ofrecer. Pero la brecha entre lo que Ucrania necesitaba y lo que recibía seguía siendo el problema central. La recomendación de pasar a la defensiva no era una admisión de derrota, sino un reconocimiento de que el conflicto había entrado en una nueva fase, una donde la resistencia y la capacidad de aguante importaban más que la capacidad de avanzar.
Citações Notáveis
Defenderse es mucho más fácil que atacar— Dmitri Gorenburg, experto en seguridad del Centro de Análisis Naval
No existe una solución milagrosa que pueda cambiar la situación en el corto plazo— Douglas Lute, teniente general retirado del Ejército estadounidense