Cada año, las Fiestas Patrias chilenas envuelven a millones de personas en un paisaje sonoro que supera con creces los límites que la ciencia considera seguros para el oído humano. Lo que se vive como celebración colectiva puede convertirse, sin que nadie lo advierta, en una pérdida silenciosa e irreversible. Especialistas en audiología recuerdan que proteger la audición no es renunciar a la fiesta, sino honrar la capacidad de seguir escuchando —la música, las voces, el mundo— mucho después de que las fondas cierren.