Durante más de una década, el juego en la nube fue presentado como la gran promesa democratizadora de los videojuegos: una puerta abierta para quienes no podían costear hardware de alto rendimiento. Hoy, periodistas y analistas que vivieron de cerca cada fracaso —de OnLive a Google Stadia— coinciden en que esa promesa nunca se cumplirá, atrapada entre la física implacable de la latencia, la economía hostil de los servidores y la competencia silenciosa pero devastadora de la inteligencia artificial. La industria debe aceptar que algunas visiones del futuro no sobreviven al contacto con la reali