El 28 de abril, España vivió un apagón total cuyas causas siguen sin esclarecerse del todo. Semanas después, el Ministerio para la Transición Ecológica publicó un informe de 182 páginas que, según los expertos, describe los hechos sin explicar verdaderamente sus raíces: datos censurados, conversaciones ocultas y análisis incompletos diluyen las responsabilidades en lugar de fijarlas. En la historia de los grandes fallos sistémicos, este documento se suma a la larga tradición de informes que iluminan la superficie sin atreverse a descender al fondo.
Expertos critican el informe del apagón por «muy cojo»: describe circunstancias pero no causas
Armar un mare magnum de circunstancias dispersas sin concretar culpas
¿Por qué un informe de 182 páginas no puede simplemente decir qué causó el apagón?
Porque el Ministerio que lo escribió no tiene autoridad regulatoria. La CNMC sí la tiene, pero el Ministerio no pudo acceder a toda la información. Así que describió lo que vio sin poder explicar completamente por qué pasó.
Pero espera—¿el Ministerio redactó un informe sobre un evento crítico sin tener acceso a los datos que necesitaba? ¿Eso es normal?
Parece que el documento culpa a Red Eléctrica, ¿no?
Sí, pero de manera tan vaga que es casi inútil. Dice que hubo sobretensiones por varios factores, pero nunca enumera cuáles fueron esos factores. Los expertos tienen que hacerlo por él.
Entonces el informe no es realmente un análisis. Es una descripción de síntomas sin diagnóstico.
¿Qué preguntas quedaron sin responder?
Docenas. Quién decidió tener tan pocos reactores nucleares disponibles. Quién permitió que los grupos térmicos decayeran durante horas sin intervención. Por qué no se activó la energía hidroeléctrica cuando estaba disponible.
Esas no son preguntas menores. Son preguntas sobre decisiones operativas específicas que alguien tomó ese día.
¿Entonces el informe del Ministerio es básicamente inútil?
No inútil, pero incompleto. Es un primer paso que deja claro que hay responsabilidades, pero no las identifica. Ahora todo depende de que la CNMC haga mejor trabajo.
Y la CNMC tiene la autoridad que el Ministerio no tiene. Eso es importante. Pero significa que pasaron semanas sin que el público supiera realmente qué salió mal.
El Pulso
- El apagón del 28 de abril dejó a millones de españoles sin electricidad y abrió una herida de incertidumbre que el informe ministerial no ha logrado cerrar.
- Expertos califican el documento de '182 páginas muy flojas': datos de centrales eléctricas y comunicaciones clave entre Red Eléctrica y las empresas aparecen tachados o directamente suprimidos.
- El informe señala a Red Eléctrica como principal responsable —por exceso de generación renovable, escasa generación síncrona y mala gestión de flujos—, pero lo hace con una vaguedad que impide determinar qué decisiones concretas fallaron.
- Preguntas críticas permanecen sin respuesta: por qué solo nueve grupos de generación operaban ese día, por qué no se activó la hidroeléctrica disponible y quién ordenó las maniobras de red que aceleraron el colapso.
- Toda la expectativa recae ahora sobre la CNMC, cuyo informe —con autoridad regulatoria real— podría acceder a los datos censurados y trazar por fin una línea clara entre las decisiones tomadas y el apagón.
El 28 de abril, España vivió un apagón total cuyas causas siguen sin esclarecerse del todo. Semanas después, el Ministerio para la Transición Ecológica publicó un informe de 182 páginas que, según los expertos, describe los hechos sin explicar verdaderamente sus raíces: datos censurados, conversaciones ocultas y análisis incompletos diluyen las responsabilidades en lugar de fijarlas. En la historia de los grandes fallos sistémicos, este documento se suma a la larga tradición de informes que iluminan la superficie sin atreverse a descender al fondo.
El 28 de abril España se quedó a oscuras. Semanas después, el Ministerio para la Transición Ecológica entregó un informe de 182 páginas que prometía explicar lo ocurrido. Lo que encontraron los expertos fue un documento que narra los hechos sin revelar sus causas: datos de las centrales generadoras y conversaciones entre Red Eléctrica y las empresas productoras aparecen censurados, fuera del alcance público. Los especialistas lo califican de «muy flojo» y deliberadamente opaco. La razón de fondo es que el Ministerio carece de competencia regulatoria real, que corresponde a la CNMC, aún pendiente de publicar su propio análisis.
Jorge A. González Sánchez, director de Energía y Proyectos de Losán, identifica lo que el informe omite nombrar: exceso de generación renovable, insuficiente generación síncrona con capacidad de control de tensión y mala gestión de los flujos de intercambio. Todo ello, subraya, son decisiones del operador del sistema. El documento tampoco analiza la inercia de la red ni las medidas que debieron adoptarse entre las 9 de la mañana, cuando comenzaron los problemas, y las 12:30, cuando se produjo el colapso definitivo.
Lo que más inquieta a los analistas es lo que el informe dice a medias. Acusa a ciertos grupos de generación de no absorber la energía reactiva que les correspondía, pero sin citar normas ni aportar gráficos que lo demuestren. Un exdirectivo del operador eléctrico es más directo: Red Eléctrica generó el exceso de energía reactiva al acoplar varias líneas en el sur con bajo nivel de carga, y además diseñó un programa incapaz de absorberla. El resultado fue una perturbación que el sistema no estaba preparado para contener.
Las preguntas sin respuesta se acumulan: quién autorizó operar con solo nueve grupos de generación, por qué no se activó la hidroeléctrica disponible en todas las cuencas del país, y qué medidas reales se tomaron durante las tres horas y media previas al apagón. Ahora todo depende de la CNMC. Su informe tendrá la autoridad regulatoria que el del Ministerio no posee, podrá acceder a los datos censurados y, esperan los expertos, nombrará responsabilidades concretas allí donde el documento ministerial solo dejó sombras.
El 28 de abril, España se quedó sin luz. Un apagón masivo dejó al país sumido en la oscuridad, y semanas después, el Ministerio para la Transición Ecológica, bajo la dirección de Sara Aagesen, entregó un informe de 182 páginas que prometía explicar qué había sucedido. Lo que los expertos encontraron fue un documento que describe lo que pasó sin explicar realmente por qué pasó.
El informe mantiene bajo secreto una cantidad significativa de información. Datos proporcionados por las centrales generadoras, conversaciones entre Red Eléctrica y las empresas productoras de energía durante aquella mañana crítica—todo está tachado, censurado, fuera del alcance público. Los expertos consultados lo califican de «muy flojo», de estar «muy embarrado para que no se entienda fácilmente». La razón de estos bloqueos es que el Ministerio carece de competencia regulatoria real. Esa autoridad recae en la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, la CNMC, que aún debe presentar su propio análisis. Sin esa jurisdicción, el Ministerio no pudo desvelar los intercambios de mensajes que documentaban cómo las alteraciones de tensión en la red escalaron hasta provocar una desconexión en cadena de las centrales de generación.
Jorge A. González Sánchez, director de Energía y Proyectos de Losán, ve en el informe un intento deliberado de dispersar responsabilidades. El documento señala que sobretensiones causadas por varios factores fueron el origen del problema, pero nunca enumera cuáles fueron esos factores. González Sánchez sí se atreve: exceso de generación renovable, falta de generación síncrona con capacidad de control de tensión, y mala gestión de los flujos de intercambio. Todo ello, subraya, son decisiones del operador del sistema, Red Eléctrica. El informe tampoco analiza la inercia del sistema ni las medidas que debieron haberse tomado para contener la crisis desde las 9 de la mañana, cuando los problemas comenzaron, hasta las 12:30, cuando finalmente se produjo el colapso.
Lo que más llama la atención a los analistas es lo que el informe dice a medias. Acusa a ciertos grupos de generación, tanto térmicos como no térmicos, de no absorber la energía reactiva que debían absorber, pero no cita normas, parámetros ni gráficos que lo demuestren. Más aún: menciona que algunos de estos grupos reciben compensación económica por este servicio, pero omite que otros, la mayoría, están obligados a mantener un factor de potencia específico y son penalizados si no lo cumplen. Esto es lo ordinario, lo que ocurre cada día en el sistema eléctrico, y sin embargo el informe lo presenta como si fuera una anomalía digna de mención.
Un exdirectivo del operador eléctrico ofrece una lectura más directa: Red Eléctrica es responsable de haber generado el exceso de energía reactiva al acoplar varias líneas en el sur de España cuando tenían bajo nivel de carga. Pero también es responsable de haber diseñado un programa incapaz de absorber esa reactiva. El resultado fue una perturbación que el sistema no estaba preparado para contener. El informe culpa principalmente a Red Eléctrica, pero lo hace de manera tan vaga que es difícil entender exactamente qué decisiones fueron las que fallaron.
Los expertos coinciden en que el informe del Ministerio «se queda demasiado cojo». Dejan sin respuesta preguntas fundamentales: ¿Quién decidió que solo hubiera cuatro reactores nucleares y seis ciclos combinados de potencia síncrona disponibles ese día, cuando uno había declarado indisponibilidad el día anterior y otro, según la ministra, no absorbió la reactiva en tiempo real? ¿Quién autorizó que el sistema operara con solo nueve grupos de generación? ¿Quién permitió que entre las 9 y las 12:30 los grupos térmicos decayeran hasta solo seis? ¿Por qué no se activaron más grupos térmicos entre las 9:30 y las 12:30? ¿Quién ordenó manipular las conexiones de red para compensar oscilaciones cuando ya existía un problema de tensión? ¿Qué medidas se tomaron realmente para contener la crisis? Y, finalmente, con agua disponible en todas las cuencas del país, ¿por qué no se activó la generación hidroeléctrica, que habría sido rápida y efectiva?
Ahora todo depende de la CNMC. Su informe, cuando llegue, tendrá la autoridad regulatoria que el del Ministerio no posee. Podrá acceder a esos datos censurados, a esas conversaciones tachadas, a los gráficos y parámetros que faltaron. Los expertos esperan que responda las preguntas que quedaron flotando, que nombre responsabilidades concretas, que trace una línea clara entre las decisiones que se tomaron y el colapso que dejó a millones de españoles sin electricidad.
Citas Notables
El informe busca armar un mare magnum de circunstancias dispersas sin entrar en el verdadero impacto y causalidad de las mismas. Suena a repartir para todos los lados para no concretar culpas en ninguno.— Jorge A. González Sánchez, director de Energía y Proyectos de Losán
El informe del Ministerio está muy embarrado, para que no se entienda fácilmente, y culpa básicamente de todo a Red Eléctrica.— Un exdirectivo del operador eléctrico