En el umbral de una nueva era del conflicto, las potencias mundiales libran una carrera silenciosa por dominar el espectro electromagnético, un campo de batalla invisible que no deja cráteres ni escombros, pero puede paralizar naciones enteras. China ha avanzado con paso firme en esta dirección, mientras Estados Unidos reconoce que podría necesitar una década para alcanzar ese nivel de capacidad. Lo que está en juego no es solo la superioridad militar, sino el control de la infraestructura que sostiene la vida moderna.