Expertos advierten: no confundir ataques de pánico con infartos en mujeres

Las mujeres experimentan mayores tasas de infarto y mortalidad cardíaca debido a que sus síntomas han sido históricamente minimizados o atribuidos a ansiedad.
No debería ser responsabilidad del paciente decidir si es algo banal o más complejo
Un cardiólogo explica por qué los pacientes no pueden autodiagnosticarse entre pánico e infarto.
Mark

¿Por qué es tan difícil distinguir entre un ataque de pánico y un infarto si son condiciones tan diferentes?

Mimi

Porque los síntomas físicos son casi idénticos. La opresión en el pecho, las náuseas, la sudoración, la sensación de angustia—todo eso ocurre en ambos casos. El cuerpo no diferencia entre una amenaza real y una amenaza percibida.

Mark

Entonces, ¿cómo se supone que una persona debe saber cuándo ir al hospital?

Mimi

No debería tener que saberlo. Esa es la cuestión. Si el dolor persiste más de cinco o diez minutos, necesitas un profesional que lo determine, no tu propio juicio.

Mark

Mencionas que las mujeres tienen tasas más altas de infarto. ¿Es porque tienen más infartos biológicamente, o porque no se detectan a tiempo?

Mimi

Ambas cosas, pero el segundo factor es el que podemos cambiar. Cuando los síntomas se minimizan o se atribuyen a ansiedad, los infartos no se tratan. Eso lleva a más muertes y más complicaciones cardíacas a largo plazo.

Mark

¿Qué cambio específico necesita ocurrir?

Mimi

Educación. Las mujeres necesitan saber que sus síntomas cardíacos son tan válidos como los de los hombres. Los médicos necesitan dejar de asumir que el dolor torácico en una mujer es pánico. Y la sociedad necesita entender que cualquier dolor torácico persistente es una emergencia médica potencial.

Mark

¿Hay algo que distinga a un infarto de un ataque de pánico en la práctica?

Mimi

A veces no. Por eso el profesional médico es esencial. Pero el dolor relacionado con el esfuerzo físico, la sudoración excesiva, los mareos—esos son signos cardiovasculares específicos que no deberían ignorarse.

  • Los síntomas de un infarto y los de un ataque de pánico son casi idénticos, y esa superposición puede convertirse en una sentencia de muerte para quien espera demasiado.
  • Las mujeres han sido históricamente descartadas cuando reportan dolor torácico, con sus molestias atribuidas a ansiedad antes de que alguien considere siquiera una causa cardíaca.
  • El resultado de esa minimización es concreto y medible: más infartos, más muertes, más insuficiencia cardíaca en mujeres cuyos síntomas no fueron tomados en serio a tiempo.
  • Los especialistas insisten en que cualquier dolor torácico persistente —sin importar el género ni la historia clínica— exige evaluación profesional inmediata, no autodiagnóstico.
  • La educación pública emerge como la herramienta más urgente: la población necesita saber cuándo consultar, y las mujeres necesitan saber que tienen derecho a ser escuchadas.

Durante siglos, el cuerpo de la mujer ha sido leído con menos urgencia que el del hombre, y esa lectura equivocada tiene consecuencias mortales. Cuando los síntomas de un infarto —opresión en el pecho, náuseas, dificultad para respirar— se confunden sistemáticamente con ansiedad o pánico, el tiempo que se pierde no se recupera. Cardiólogos chilenos advierten hoy que ninguna mujer debería cargar con la responsabilidad de distinguir entre una crisis emocional y una emergencia cardíaca: esa distinción pertenece a la medicina, no a la intuición.

Cuando una mujer siente opresión en el pecho, náuseas y dificultad para respirar, puede estar frente a un infarto. O puede estar viviendo un ataque de pánico. El problema es que los síntomas se superponen con tanta precisión que ni el paciente ni su entorno pueden distinguirlos con certeza, y esa confusión puede costar la vida.

Pablo Mejías, cardiólogo de Clínica Biobío, señala que la indistinguibilidad entre ambas condiciones es el nudo central del problema. Una presión persistente en el pecho acompañada de náuseas que dura más de cinco o diez minutos requiere atención médica. Pero lo más importante, advierte, es que esa determinación no debería recaer sobre el paciente: es una responsabilidad clínica, no personal.

Los datos de la American Heart Association muestran que el 87 por ciento de las mujeres experimenta dolor torácico durante un infarto, frente al 89 por ciento de los hombres. La diferencia es mínima. Aníbal Zamorano, jefe de la Unidad Coronaria de Clínica Santa María, confirma que los síntomas cardiovasculares —dolor opresivo relacionado con el esfuerzo, sudoración, ansiedad, desmayos— son bastante específicos y no distinguen por género.

Sin embargo, existe un patrón histórico que lo complica todo: durante años, el dolor torácico en mujeres fue minimizado y atribuido de forma rutinaria a pánico o ansiedad. Las consecuencias son graves y documentadas: más infartos, más muertes cardíacas, más insuficiencia cardíaca, precisamente porque los síntomas no fueron tomados en serio cuando debieron serlo.

Los especialistas son enfáticos: cualquier dolor torácico persistente en una mujer —ya sea acompañado de falta de aire, náuseas, fatiga inusual o molestias en la espalda y la mandíbula— merece evaluación profesional inmediata. No es una cuestión de intuición. Es una cuestión de supervivencia.

Cuando una mujer siente opresión en el pecho, náuseas y dificultad para respirar, puede estar experimentando un infarto. O puede estar en medio de un ataque de pánico. Los síntomas se superponen de manera tan completa que ni siquiera los pacientes pueden distinguir entre ellos con certeza, y esa confusión puede costar vidas.

Pablo Mejías, cardiólogo de Clínica Biobío, explica que la indistinguibilidad entre ambas condiciones es el problema central. Cuando alguien siente esa presión característica en el pecho acompañada de náuseas y una irradiación típica que persiste más allá de cinco o diez minutos, necesita ver a un profesional médico. Pero aquí está el punto crítico: no debería ser responsabilidad del paciente decidir si lo que está experimentando es algo menor o algo que amenaza su vida. Esa determinación requiere evaluación profesional, no autodiagnóstico.

La American Heart Association documenta que un infarto puede manifestarse como presión, compresión o dolor en el centro del pecho, con molestias que se extienden hacia los brazos, la espalda, el cuello, la mandíbula o el abdomen. También pueden aparecer dificultad respiratoria, sudor frío, náuseas, mareos o debilidad general. Aníbal Zamorano, cardiólogo y jefe de la Unidad Coronaria de Clínica Santa María, señala que el dolor torácico sigue siendo un indicador relevante tanto en hombres como en mujeres. Los estudios muestran que el 87 por ciento de las mujeres experimenta dolor torácico durante un infarto, comparado con el 89 por ciento de los hombres. La diferencia es mínima. Los síntomas cardiovasculares tienden a ser bastante específicos: ese dolor opresivo en el pecho relacionado con el esfuerzo, la sudoración excesiva, la ansiedad y los desmayos.

Pero existe un patrón histórico que complica todo esto. Durante años, el dolor torácico en las mujeres ha sido minimizado, atribuido rutinariamente a ataques de pánico o crisis de ansiedad. Las consecuencias de esa minimización son graves. Las mujeres sufren más infartos, mueren más por causas cardíacas, se enferman más, y desarrollan insuficiencia cardíaca con mayor frecuencia, precisamente porque sus síntomas no fueron tomados en serio cuando debieron serlo. Mejías advierte que este patrón persiste y que la educación pública es fundamental. La población necesita saber cuándo consultar a un médico y mantener sus controles crónicos al día.

En el caso específico de las mujeres, los especialistas advierten contra la atribución automática de molestias a ansiedad o pánico. Además del dolor o presión en el pecho, pueden presentarse falta de aire, náuseas, vómitos, fatiga inusual o molestias en la espalda, cuello o mandíbula. Cualquier dolor torácico persistente merece evaluación profesional inmediata. No es una cuestión de intuición o experiencia previa. Es una cuestión de supervivencia.

Muchas veces es indistinguible. Por ejemplo, esa sensación de opresión en el pecho, que se asocia a náuseas y con irradiación típica, hace que un paciente que tenga el dolor persistente, más allá de cinco o diez minutos, tenga que consultar y que un profesional le diga si es un ataque de pánico o alguna otra cosa.
— Pablo Mejías, cardiólogo de Clínica Biobío
Lo que pasa es que por muchos años siempre se ha mirado en menos el dolor torácico en la mujer. Y se ha dicho que son ataques de pánico, crisis de ansiedad, pero eso mismo después las mujeres tienen más infarto en el corazón, mueren más, se enferman más.
— Pablo Mejías, cardiólogo de Clínica Biobío
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