En el horizonte de 2029, un asteroide de 375 metros rozará la Tierra con una proximidad que desafía la imaginación sin representar peligro alguno. Este momento no es una advertencia de catástrofe inmediata, sino una invitación a reflexionar sobre la condición humana frente al cosmos: los grandes impactos son inevitables en la escala del tiempo civilizatorio, y la pregunta no es si ocurrirán, sino si estaremos listos. La NASA y sus aliados internacionales llevan décadas construyendo esa respuesta, convirtiendo la vigilancia del cielo en un acto de responsabilidad colectiva hacia las generacione