Desde los márgenes del debate estratégico occidental, un analista levanta una pregunta incómoda pero persistente: ¿hasta qué punto el miedo a Rusia refleja una evaluación honesta del riesgo, y hasta qué punto es una narrativa construida para sostener presupuestos militares y ventas de armamento? Su voz no niega las capacidades de Moscú, sino que interroga los intereses que rodean su amplificación. En la era post-Guerra Fría, la frontera entre la amenaza real y la amenaza útil sigue siendo uno de los territorios más disputados de la política de seguridad.