Cada día, personas convencidas de estar sufriendo un infarto llegan a urgencias para descubrir que lo que las sacude es un ataque de pánico. Ambas condiciones comparten el mismo lenguaje físico —el pecho que aprieta, el corazón que galopa— pero pertenecen a mundos distintos: uno cardiaco, otro psicológico. Aprender a distinguirlos no es solo un ejercicio clínico; es un acto de autoconocimiento que puede devolver a las personas el gobierno sobre su propio cuerpo y, con el tiempo, sobre su propia vida.
Experta revela cómo diferenciar un ataque de pánico de un infarto antes de urgencias
Los ataques de pánico recurrentes no tratados pueden generar aislamiento progresivo y restricción de espacios de desarrollo personal.