Expedición submarina argentina cautiva al mundo con transmisiones en vivo desde 3.900 metros

Es imposible conservar lo que no se conoce
Mabragaña explica por qué las transmisiones en vivo de la expedición submarina importan para la conservación marina argentina.
Mark

¿Por qué es tan importante que esta expedición se transmita en vivo? Parece un detalle de comunicación, pero ¿cambia algo en la ciencia misma?

Mimi

Cambia todo. Durante décadas, los descubrimientos marinos argentinos quedaban en artículos académicos que casi nadie leía. Ahora, treinta mil personas ven en tiempo real cómo se descubre una esponja carnívora. Eso genera presión política, conciencia pública, y vocaciones. Los chicos en Camarones ven a científicos reales haciendo ciencia real.

Luke

Pero hay que ser cuidadoso: ¿sabemos si esos treinta mil espectadores se quedan después? ¿Se convierte en acción política o es entretenimiento que se olvida al día siguiente?

Mark

Buena pregunta. Mimi, ¿hay evidencia de que esto realmente cambia comportamientos o decisiones sobre conservación marina?

Mimi

La evidencia es temprana. Lo que sí sabemos es que Cassini tiene razón: no se puede conservar lo que no se conoce. Argentina desconoce su propio mar. Esta transmisión es el primer paso.

Luke

Pero también hay que nombrar lo que no sabemos. ¿Cuánto de este proyecto depende de financiamiento extranjero? El Schmidt Ocean Institute es estadounidense. ¿Qué pasa cuando ese dinero se agota?

Mark

¿Es sostenible esto sin apoyo internacional?

Mimi

Bigatti lo dijo claramente: necesitan inversión continua en tecnología. Con los recortes presupuestarios actuales en Argentina, sin el Schmidt Ocean Institute, esta expedición no existiría.

Luke

Exacto. Entonces la historia real es que Argentina tiene científicos brillantes pero depende de fundaciones extranjeras para hacer ciencia en sus propias aguas. Eso es importante decirlo.

Mark

¿Y el material que recolectan? ¿Quién lo estudia, quién publica, quién se lleva el crédito?

Mimi

Los científicos del CONICET. Tienen diez años de trabajo por delante con lo que recogieron. Pero tienes razón en preguntar: la colaboración internacional es real, pero también hay asimetrías de poder.

Luke

Y una última cosa: ¿realmente es la primera vez que Argentina usa un ROV para esto? ¿O es la primera vez que se hace de forma pública y transmitida?

  • Un robot llamado SuBastian transmite en vivo desde casi 4.000 metros de profundidad, rompiendo la tradición argentina de explorar el mar a ciegas con redes de arrastre.
  • Las transmisiones superan los 30.000 espectadores simultáneos en YouTube, convirtiendo una expedición científica en un fenómeno de participación ciudadana inesperado.
  • El equipo ya ha documentado esponjas carnívoras nunca antes registradas y 25 especies de peces, con material suficiente para una década de investigación.
  • Desde un pueblo patagónico de Chubut, alumnos de primaria se conectaron en vivo con la tripulación, acortando la distancia entre el fondo del océano y el aula.
  • En un contexto de recortes presupuestarios al CONICET bajo el gobierno de Milei, los investigadores advierten que la visibilidad pública de la ciencia es también una forma de defenderla.

A trescientos kilómetros de la costa argentina, un robot submarino desciende hacia los cuatro mil metros del cañón Mar del Plata mientras miles de personas observan en tiempo real: es la primera expedición de esta escala que Argentina realiza con tecnología de observación no destructiva. Científicos del CONICET y el Schmidt Ocean Institute no solo cartografían ecosistemas desconocidos, sino que invitan al mundo a presenciar el acto mismo del descubrimiento. En un país que se piensa a sí mismo desde la tierra, esta ventana al fondo del mar plantea una pregunta antigua: ¿cómo proteger lo que nunca hemos aprendido a ver?

A trescientos kilómetros de la costa de Mar del Plata, el buque Falkor navega el Atlántico Sur mientras el robot SuBastian desciende hacia la oscuridad de casi cuatro mil metros. Es agosto de 2025, y la expedición Underwater Oases of Mar Del Plata Canyon marca un punto de quiebre: por primera vez en Argentina, una exploración submarina de gran profundidad se realiza con un vehículo operado remotamente, capaz de observar ecosistemas intactos sin captura destructiva.

Hasta ahora, la investigación de aguas profundas en la región dependía de redes de arrastre que capturaban organismos a ciegas, sin revelar su entorno ni su comportamiento. El SuBastian cambia eso radicalmente: puede hacer zoom a animales de un centímetro, tomar muestras de agua y sedimento, extraer ADN ambiental y recolectar especímenes con sus pinzas. El ictiólogo Ezequiel Mabragaña ha documentado ya veinticinco especies de peces, mientras Gregorio Bigatti, investigador principal del CONICET, celebra hallazgos como esponjas carnívoras nunca antes registradas en la zona.

Lo que nadie anticipó fue la dimensión pública del proyecto. Algunas inmersiones superan los treinta mil espectadores simultáneos en YouTube. Bigatti ve en eso un círculo virtuoso: la ciencia visible despierta conciencias y, quizás, vocaciones. En Camarones, un pequeño pueblo de Chubut, alumnos de primaria se conectaron en vivo con la tripulación gracias al Proyecto Patagonia Azul, acercando el fondo del océano al aula.

La investigadora Mariana Cassini señala un problema de fondo: Argentina se piensa a sí misma como país terrestre. La riqueza del mar permanece invisible para la mayoría, y ese desconocimiento tiene consecuencias concretas: contaminación sin resistencia ciudadana, porque nadie sabe qué se está perdiendo. En un contexto de recortes presupuestarios al CONICET, Bigatti insiste en que mostrar la utilidad de la ciencia es también una forma de protegerla. La expedición continúa hasta el diez de agosto, llevando las profundidades silenciosas a las pantallas de quienes, quizá por primera vez, ven lo que existe bajo el agua que rodea a su país.

A trescientos kilómetros de la costa de Mar del Plata, el buque de investigación Falkor navega aguas del Atlántico Sur mientras un robot submarino desciende hacia la oscuridad. Es agosto de 2025, y lo que sucede a casi cuatro mil metros de profundidad se transmite en directo por YouTube a miles de espectadores repartidos por el mundo. Científicos argentinos del CONICET y la fundación Schmidt Ocean Institute han lanzado la expedición Underwater Oases of Mar Del Plata Canyon: Talud Continental IV, un proyecto que marca un punto de quiebre en la forma en que Argentina estudia sus propios fondos marinos.

Hasta ahora, las investigaciones de aguas profundas en la región se realizaban con redes de arrastre. Entre 2012 y 2013, científicos argentinos utilizaron esa tecnología de bajo nivel para descubrir nuevas especies y publicar más de sesenta artículos científicos. Pero el método tenía limitaciones claras: capturaba organismos a ciegas, sin revelar dónde vivían ni cómo se comportaban en su entorno natural. El robot SuBastian, operado de forma remota desde el buque, cambió eso. Por primera vez en Argentina, una expedición submarina de esta envergadura utiliza un vehículo operado remotamente para observar ecosistemas intactos a profundidades extremas, recolectando muestras de agua, sedimentos, ADN ambiental y material biológico sin necesidad de captura destructiva.

Ezequiel Mabragaña, ictiólogo del CONICET especializado en peces cartilaginosos, viaja a bordo del Falkor. Su trabajo consiste en identificar especies de peces en las grabaciones y fotografías que el robot captura. Hasta el momento, su equipo ha documentado veinticinco especies distintas, tanto peces óseos como cartilaginosos, con particular énfasis en las rayas de aguas profundas. El robot no puede atrapar a los peces—son demasiado esquivos—pero sí puede acercarse lo suficiente para registrar su morfología, coloración y características identificables. Gregorio Bigatti, investigador principal del CONICET en el Instituto de Biología de Organismos Marinos de Puerto Madryn, lleva más de una década trabajando en aguas profundas. Con el SuBastian, la precisión cambió radicalmente. El robot puede hacer zoom a animales de un centímetro de largo, utilizar sus dos brazos para tomar muestras de agua y sedimento, extraer ADN ambiental, recolectar plancton, y succionar o agarrar especímenes con sus pinzas. Los hallazgos ya incluyen sorpresas: esponjas carnívoras nunca antes registradas en expediciones anteriores.

La transmisión en vivo ha generado un fenómeno inesperado. Algunas inmersiones superan los treinta mil espectadores simultáneos en YouTube. Los descubrimientos son celebrados en los canales de conversación de la plataforma. Bigatti ve en eso un círculo virtuoso: la visibilidad pública de la ciencia marina despierta conciencias y, potencialmente, vocaciones científicas. Muchos de los investigadores crecieron bajo la influencia de Jacques Cousteau; ahora viven algo similar, pero con alcance global. Los niños juegan con las transmisiones, y quizá alguno de ellos se convertirá en biólogo marino. Eso importa, porque es imposible conservar lo que no se conoce.

En Camarones, un pequeño pueblo de Chubut a más de mil cuatrocientos kilómetros de Mar del Plata, alumnos de quinto y sexto año de la Escuela N°16 vieron las transmisiones y se conectaron con miembros de la tripulación. La iniciativa surgió del Proyecto Patagonia Azul, una iniciativa de la Fundación Rewilding Argentina dedicada a proteger y restaurar ecosistemas marinos costeros. Martín Brogger, uno de los investigadores a bordo del Falkor, coordinó la conexión. Mariana Cassini, coordinadora del proyecto, señala un problema más amplio: Argentina es un país terrestre en su imaginario colectivo. Cuando se piensa en Mar del Plata, aparecen la playa, la sombrilla, el sol. La riqueza y biodiversidad del mar argentino permanecen invisibles para la mayoría. Ese desconocimiento tiene consecuencias concretas: contaminación marina sin resistencia ciudadana, porque nadie sabe qué se está perdiendo.

El material recolectado en esta expedición alimentará investigaciones durante aproximadamente una década. Los científicos cierran teorías que venían desarrollando, observan patrones de distribución de especies que antes eran imposibles de documentar, y descubren organismos completamente nuevos. Bigatti subraya que el subsidio del Schmidt Ocean Institute llegó porque el CONICET tiene trayectoria, pero advierte que la tecnología requiere inversión continua. Los resultados científicos no son inmediatos. En un contexto de recortes presupuestarios para la investigación implementados por el Gobierno del presidente Javier Milei, Bigatti insiste en que la sociedad debe ver la utilidad de lo que hacen. La expedición continúa hasta el diez de agosto, transmitiendo en vivo cada inmersión, llevando las profundidades silenciosas que fascinaban a Joseph Conrad a las pantallas de miles de personas que, quizá por primera vez, ven lo que existe debajo del agua que rodea a su país.

Es un cambio en el modo de obtener información sobre nuestra biodiversidad y nuestros fondos marinos argentinos. Ahora podemos conocer las riquezas de los distintos microambientes, gracias a la tecnología
— Ezequiel Mabragaña, ictiólogo del CONICET
Somos un país muy terrestre. El desconocimiento del mar argentino es grave, y es una de las razones por las que hay problemas de contaminantes en el mar
— Mariana Cassini, coordinadora del Proyecto Patagonia Azul
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