A trescientos kilómetros de la costa argentina, un robot submarino desciende a casi cuatro mil metros de profundidad mientras miles de personas observan en tiempo real desde sus hogares. La expedición conjunta del CONICET y el Schmidt Ocean Institute en el cañón submarino Mar del Plata no solo revela organismos nunca antes documentados in situ, sino que convierte el acto científico en un acontecimiento colectivo. En un momento de recortes a la investigación pública, este viaje al fondo del mar se convierte también en un recordatorio de que conocer es el primer paso para preservar.
Expedición submarina argentina cautiva a miles con transmisiones en vivo desde 3.900 metros
Es imposible conservar lo que no se conoce
¿Por qué esta expedición genera tanta atención si es solo un grupo de científicos haciendo su trabajo?
Porque por primera vez, miles de personas pueden ver en vivo lo que sucede a casi cuatro mil metros de profundidad. No es un documental editado; es transmisión en directo. Cuando ves a un pez que nunca antes fue observado en su hábitat natural, algo cambia.
Pero hay que ser precisos: ¿cuántos de esos treinta mil espectadores son estudiantes, educadores, o simplemente curiosos que ven cinco minutos? No sabemos si realmente genera vocaciones científicas o si es entretenimiento pasajero.
Es verdad que no hay datos sobre conversión a vocaciones. Pero lo que sí sabemos es que en Camarones, chicos de diez y once años se conectaron con investigadores reales. Eso es tangible.
¿Y el material que recolectan? ¿Cuánto tiempo realmente llevará procesarlo?
Bigatti dice que tienen para diez años de trabajo. Pero eso depende de financiamiento continuo. Las muestras de agua, sedimento, ADN ambiental, las veinticinco especies de peces identificadas... todo eso requiere laboratorios, equipamiento, personal.
Y aquí está el punto crítico: en un contexto de recortes presupuestarios, ¿cómo sostienen eso? El artículo menciona que ganaron un subsidio del Schmidt Ocean Institute, pero ¿qué pasa después? ¿Es sostenible?
No lo sabemos. Pero Bigatti fue explícito: "Hay que seguir invirtiendo en tecnología a lo largo del tiempo. Los resultados en ciencia no son de un día para el otro". Es una advertencia.
¿Qué hace que esta expedición sea diferente de las que hicieron en 2012 y 2013?
Entonces usaban redes de arrastre. Capturaban organismos, pero sin ver dónde vivían ni cómo se comportaban. Ahora el robot SuBastian puede hacer zoom a un animal de un centímetro, observar su morfología, su coloración, su entorno.
Y hallaron esponjas carnívoras que nunca antes se habían visto. Eso es un descubrimiento real, verificable. Pero el artículo no dice si eso es una especie completamente nueva o una especie conocida en otras aguas que ahora aparece aquí.
Es una buena pregunta. El artículo dice "jamás vistas en expediciones anteriores", no "especie nueva para la ciencia". Hay una diferencia.
¿Cuál es el impacto real para Argentina como país?
Cassini lo resume bien: Argentina desconoce su propio mar. Eso tiene consecuencias reales: contaminación, sobrepesca, ecosistemas degradados. Si la gente no sabe qué hay ahí, no lucha por protegerlo.
O Pulso
- Un robot llamado SuBastian trabaja en silencio a 3.900 metros de profundidad, registrando esponjas carnívoras, rayas de aguas profundas y 25 especies de peces que las redes de arrastre nunca pudieron mostrar en su hábitat real.
- Las transmisiones en vivo superan los 30.000 espectadores simultáneos, convirtiendo una misión científica remota en un fenómeno de participación ciudadana que cruza fronteras.
- En Camarones, Chubut, alumnos de una escuela patagónica se conectaron en vivo con la tripulación del Falkor, acercando el océano profundo a comunidades que rara vez lo imaginan como propio.
- Investigadores advierten que Argentina es un país 'muy terrestre' que desconoce la riqueza de su propio mar, y que esta expedición desafía ese olvido cultural con imágenes que ninguna generación anterior pudo ver.
- En un contexto de recortes presupuestarios al CONICET bajo el gobierno de Milei, la expedición funciona como prueba viva de que la ciencia marina argentina tiene historia, valor y capacidad de transformar conciencias.
A trescientos kilómetros de la costa argentina, un robot submarino desciende a casi cuatro mil metros de profundidad mientras miles de personas observan en tiempo real desde sus hogares. La expedición conjunta del CONICET y el Schmidt Ocean Institute en el cañón submarino Mar del Plata no solo revela organismos nunca antes documentados in situ, sino que convierte el acto científico en un acontecimiento colectivo. En un momento de recortes a la investigación pública, este viaje al fondo del mar se convierte también en un recordatorio de que conocer es el primer paso para preservar.
A trescientos kilómetros de la costa de Mar del Plata, el buque Falkor navega aguas que pocos han visto. En sus profundidades, el robot SuBastian documenta en silencio un mundo que durante siglos permaneció invisible. Lo extraordinario no es solo lo que descubre, sino quién lo presencia: miles de personas en Argentina y el mundo observan en vivo cómo científicos del CONICET y el Schmidt Ocean Institute exploran el cañón submarino Mar del Plata hasta casi cuatro mil metros de profundidad.
La expedición, que se extiende hasta el diez de agosto, permite por primera vez observar directamente el comportamiento de organismos marinos en su hábitat. El ictiólogo Ezequiel Mabragaña ha identificado veinticinco especies de peces, incluyendo una gran diversidad de rayas. Gregorio Bigatti, con más de una década trabajando en aguas profundas, destaca hallazgos como esponjas carnívoras nunca antes vistas. El material recolectado alimentará investigaciones durante aproximadamente diez años.
Las transmisiones en vivo han generado un entusiasmo inesperado. Para Bigatti, el fenómeno evoca la era de Jacques Cousteau y abre la posibilidad de despertar vocaciones científicas en nuevas generaciones. En Camarones, Chubut, estudiantes de una escuela patagónica se conectaron con la tripulación gracias al Proyecto Patagonia Azul, acercando el océano profundo a comunidades que raramente lo sienten como propio.
Mariana Cassini, coordinadora del proyecto, señala que Argentina padece un desconocimiento 'grave' de su propio mar: un país que se piensa a sí mismo desde la tierra, las playas y el ganado, ignorando la biodiversidad extraordinaria que guarda su océano. En un contexto de recortes presupuestarios a la ciencia pública, esta expedición es al mismo tiempo un logro científico y una declaración: es imposible conservar lo que no se conoce.
A trescientos kilómetros de la costa de Mar del Plata, el buque de investigación Falkor navega aguas que pocos han visto. En sus profundidades —más allá de los tres mil novecientos metros— un robot submarino llamado SuBastian trabaja en silencio, capturando imágenes de un mundo que durante siglos permaneció invisible. Lo que hace extraordinaria esta expedición no es solo lo que descubre, sino quién lo ve: miles de personas, sentadas frente a pantallas en Argentina y el mundo, observan en vivo cómo científicos argentinos documentan la vida marina en el cañón submarino Mar del Plata.
La travesía, que se extiende hasta el diez de agosto, es una colaboración entre el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y la fundación Schmidt Ocean Institute. A bordo viajan investigadores de distintas disciplinas, operando remotamente el robot para recopilar muestras biológicas, agua, sedimentos y ADN ambiental. Lo que antes requería redes de pesca de arrastre —herramientas que capturaban organismos a ciegas, sin revelar dónde ni cómo vivían— ahora es posible observar directamente: el comportamiento de los peces en su hábitat, la morfología de las rayas de aguas profundas, la distribución de especies en microambientes específicos.
Ezequiel Mabragaña, ictiólogo del CONICET especializado en peces cartilaginosos, forma parte de la expedición. Hasta ahora han identificado veinticinco especies distintas de peces, tanto óseos como cartilaginosos, incluyendo una gran diversidad de rayas que son objeto de su investigación. El robot no captura a los peces —son demasiado esquivos—, pero registra videos y fotografías de alta precisión que permiten identificar características y coloración. "Es un cambio en el modo de obtener información sobre nuestra biodiversidad y nuestros fondos marinos argentinos", explica Mabragaña. "Ahora podemos conocer las riquezas de los distintos microambientes, gracias a la tecnología".
Gregorio Bigatti, investigador principal del CONICET en el Instituto de Biología de Organismos Marinos de Puerto Madryn, lleva más de diez años trabajando en aguas profundas. Pero esta es la primera vez que puede observar con precisión cómo se mueven y distribuyen los organismos en su entorno natural. El robot tiene dos brazos capaces de tomar muestras de agua, sedimento, ADN ambiental y plancton, además de hacer zoom a animales de un centímetro de tamaño. Entre los hallazgos sorprendentes figuran esponjas carnívoras, nunca antes vistas en expediciones anteriores. El material recolectado proporcionará insumo para investigación durante aproximadamente diez años, aunque requiere inversión continua en tecnología marina avanzada.
Las transmisiones en vivo por el canal de YouTube del Schmidt Ocean Institute han cautivado a miles de espectadores. En algunas ocasiones, las inmersiones superan treinta mil observadores simultáneos, que celebran los descubrimientos en los canales de conversación. Para Bigatti, este entusiasmo genera un círculo virtuoso. "Muchos venimos de la era de Jacques Cousteau. Estamos viviendo algo similar. Los chicos juegan con las transmisiones y quizá en un futuro sirva para despertar vocaciones científicas. Eso es fundamental para fomentar la conservación de los ecosistemas". Mabragaña agrega: "El talud marino es poco conocido y esta expedición contribuye para investigarlo. Siempre decimos que es imposible conservar lo que no se conoce".
A más de mil cuatrocientos kilómetros de Mar del Plata, en el pequeño pueblo de Camarones, Chubut, alumnos de quinto y sexto año de la Escuela N°16 vieron las transmisiones y se conectaron con parte de la tripulación. La iniciativa surgió del Proyecto Patagonia Azul, una iniciativa de la Fundación Rewilding Argentina que busca proteger y restaurar los ecosistemas marinos de la costa de Chubut. Martín Brogger, uno de los investigadores a bordo del Falkor, coordinó la presentación para los estudiantes, acercándolos al ecosistema marino y a la importancia de investigarlo y cuidarlo.
Mariana Cassini, coordinadora del Proyecto Patagonia Azul, señala que en Argentina existe un desconocimiento "grave" del mar. "Somos un país muy terrestre, de comer vacas y criar ovejas. Cuando pensamos en Mar del Plata, se nos viene a la cabeza la playa, la sombrilla y el sol. No sabemos la riqueza increíble y la biodiversidad de nuestro mar". La educación, sostiene, abre los ojos: el primer paso para proteger algo es saber que existe. En un contexto de recortes presupuestarios para la investigación científica implementados por el Gobierno del presidente Javier Milei, esta expedición representa tanto un logro científico como un acto de resistencia: demostrar que la investigación marina argentina tiene trayectoria, tiene valor, y tiene el poder de transformar conciencias.
Citações Notáveis
Es un cambio en el modo de obtener información sobre nuestra biodiversidad y nuestros fondos marinos argentinos. Ahora podemos conocer las riquezas de los distintos microambientes, gracias a la tecnología— Ezequiel Mabragaña, ictiólogo del CONICET
Somos un país muy terrestre, de comer vacas y criar ovejas. No sabemos la riqueza increíble y la biodiversidad de nuestro mar— Mariana Cassini, coordinadora del Proyecto Patagonia Azul