En las alturas silenciosas de la cordillera andina argentina, un andinista que miraba imágenes satelitales encontró lo que nadie había documentado antes: estructuras de piedra dispuestas en patrones geométricos a más de tres mil metros. El hallazgo, que podría ser un geoglifo del período incaico, convocó a arqueólogos de España y Argentina a planear una expedición conjunta para diciembre de 2026. Si se confirma su origen, este sitio no sería solo un vestigio arqueológico, sino una ventana hacia la forma en que una civilización leía y sacralizaba el paisaje de la montaña.
Expedición hispano-argentina investigará geoglifo inca descubierto en Google Earth
Un hallazgo inédito para la arqueología, sin precedentes en la región
¿Por qué tardó tanto Gobbi en llegar al sitio si lo vio en mayo de 2025?
La montaña no se deja conquistar fácilmente. Está a más de tres mil metros, en una zona de acceso muy complejo, sin agua. Intentó en septiembre, en noviembre, y solo en febrero logró llegar tras cuatro días de marcha sin apenas recursos.
Pero eso plantea una pregunta: ¿cómo sabemos que lo que vio en Google Earth es exactamente lo que encontró en el terreno? Las imágenes satelitales pueden engañar.
Tienes razón. Por eso los arqueólogos no pudieron determinar nada solo con las fotos que Gobbi tomó. Necesitan estar allí, medir, datar, analizar.
¿Y si resulta que no es incaico?
Los investigadores lo dicen claramente: no descartan que sea anterior o posterior. Pero hay elementos que sugieren esa época: la complejidad de la construcción, la ubicación, la ausencia de material arqueológico que indique ocupación permanente.
Espera, ¿la ausencia de material es evidencia de algo? Eso podría significar que fue limpiado, que fue ocupado brevemente, o simplemente que no se ha excavado lo suficiente.
Exacto. Por eso van en diciembre. Las prospecciones a pie, los análisis geoquímicos, los drones, todo eso debería aclarar qué pasó realmente en ese lugar.
¿Qué hace que este hallazgo sea tan importante?
Es inédito para la región de Mendoza. No hay precedentes documentados. Y si es incaico, podría revelar cómo esa sociedad entendía el paisaje como algo sagrado, no solo como geografía.
Pero eso es especulación todavía. Lo que sabemos es que hay estructuras de piedra, pasillos de treinta metros, montículos. Lo demás depende de lo que encuentren en diciembre.
¿Qué herramientas van a usar?
Métodos avanzados de análisis de sedimentos y restos botánicos a escala microscópica. Quieren reconstruir no solo qué hicieron las personas, sino cómo era el ambiente en ese momento.
El Pulso
- Un andinista descubrió mediante Google Earth estructuras pétreas en la cordillera del Tigre que nadie había documentado, desafiando el conocimiento arqueológico establecido sobre la región de Mendoza.
- Tres intentos fallidos —rechazado por el clima y la geografía— precedieron a la llegada de Carlos Gobbi al sitio en febrero de 2026, tras cuatro días de marcha sin agua potable ni señal.
- Los arqueólogos del CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo declararon que el hallazgo no tiene precedentes: 'No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones'.
- Una expedición hispano-argentina partirá en diciembre con drones, teledetección, estudios geoquímicos y análisis microscópicos de sedimentos para datar e interpretar las estructuras.
- El sitio podría reescribir la comprensión sobre cómo los incas —o quienes lo construyeron— concebían el territorio sagrado en la alta montaña.
En las alturas silenciosas de la cordillera andina argentina, un andinista que miraba imágenes satelitales encontró lo que nadie había documentado antes: estructuras de piedra dispuestas en patrones geométricos a más de tres mil metros. El hallazgo, que podría ser un geoglifo del período incaico, convocó a arqueólogos de España y Argentina a planear una expedición conjunta para diciembre de 2026. Si se confirma su origen, este sitio no sería solo un vestigio arqueológico, sino una ventana hacia la forma en que una civilización leía y sacralizaba el paisaje de la montaña.
En mayo de 2025, el andinista Carlos Gobbi observaba Google Earth cuando unas estructuras de piedra en patrones geométricos, a más de tres mil metros en la cordillera del Tigre, lo detuvieron. Reconoció que aquello podía ser un geoglifo —esa forma de arte monumental que solo revela su escala desde el cielo— y decidió investigar.
Llegar no fue sencillo. Dos intentos fallidos en septiembre y noviembre de 2025 lo obligaron a retroceder. Solo en febrero de 2026, tras cuatro días de marcha sin agua potable ni señal, alcanzó el lugar. Encontró corredores de piedra de más de treinta metros y montículos que parecían construcciones deliberadas. Las fotografías que tomó llegaron a manos de los arqueólogos Cristina Prieto-Olavarría y Horacio Chiavazza, del IANIGLA-CONICET y la Universidad Nacional de Cuyo, quienes reconocieron de inmediato la singularidad del hallazgo: 'No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza'.
Para diciembre de 2026, una expedición conjunta hispano-argentina viajará al sitio. La hipótesis principal apunta a una construcción incaica de los siglos XV o XVI, aunque no se descarta un origen anterior o posterior. La investigación se enmarca en Arqueoandes, proyecto liderado por Prieto-Olavarría y Mario Gutiérrez, de la Universidad de Jaén, que busca comprender cómo los pueblos de la alta montaña transformaron y significaron ese paisaje.
El equipo empleará drones, teledetección, geoarqueología y análisis microscópicos de sedimentos y restos botánicos. Si el origen incaico se confirma, el sitio podría revelar algo más profundo que una estructura: la manera en que esa sociedad entendía las montañas, los caminos y el territorio como un texto sagrado escrito en piedra y altura. Lo notable es que todo comenzó con una pantalla y una mirada atenta: fue Google Earth quien puso en evidencia lo que nadie había visto antes.
Un andinista consultaba Google Earth en mayo de 2025 cuando algo en la pantalla lo detuvo: estructuras de piedra dispuestas en patrones geométricos, a más de tres mil metros de altura en la cordillera andina del Tigre, en Argentina. Carlos Gobbi, cuya profesión lo había entrenado a leer montañas, reconoció que aquello merecía una investigación. Lo que vio desde la órbita —pasillos lineales de piedra, montículos apilados— podría ser un geoglifo, esa forma de arte monumental que solo revela su verdadera escala cuando se la observa desde el cielo o desde las cimas circundantes.
Los geoglifos más célebres del mundo son los de Nazca, en Perú, figuras colosales grabadas en el desierto hace siglos y reconocidas como Patrimonio de la Humanidad. Pero este hallazgo en Mendoza, si resultaba ser real, sería distinto: no una línea trazada en tierra árida, sino estructuras de piedra en la altura extrema de los Andes. Gobbi intentó llegar al sitio en septiembre de 2025, pero las condiciones de la montaña lo rechazaron. Volvió a intentarlo en noviembre. De nuevo, el clima y la geografía lo obligaron a retroceder. Solo en febrero de 2026, tras una marcha de cuatro días sin agua potable ni señal telefónica, logró alcanzar la estructura.
Lo que encontró fueron corredores de piedra que superaban los treinta metros de largo, formando pasillos, y acumulaciones de rocas que parecían montículos deliberadamente construidos. Tomó fotografías y las compartió con Cristina Prieto-Olavarría y Horacio Chiavazza, arqueólogos del Instituto IANIGLA-CONICET y de la Universidad Nacional de Cuyo. Ambos reconocieron de inmediato que se enfrentaban a algo sin precedentes en la región. "No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones", declararon al diario argentino La Nación. "Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza".
Las imágenes que Gobbi capturó no eran suficientes para determinar cuándo se construyó la estructura ni para qué servía. Los arqueólogos necesitaban estar allí, en el terreno, con sus instrumentos y sus métodos. Por eso, en diciembre de este año, una expedición conjunta hispano-argentina viajará a la cordillera para analizar in situ lo que podría ser una construcción incaica de los siglos XV o XVI. Aunque esa es la hipótesis principal, los investigadores no descartan que sea anterior o posterior. Respecto a su función, especulan que pudo haber sido un campamento estacional, un lugar de ocupación temporal en una zona de acceso extremadamente difícil y sin fuentes de agua cercanas.
La investigación forma parte de Arqueoandes, un proyecto de colaboración entre especialistas españoles y argentinos dirigido por Prieto-Olavarría y Mario Gutiérrez, del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén. El objetivo es comprender cómo transformaron el paisaje de la alta montaña los pueblos que lo habitaron, y cómo distintos procesos históricos moldearon ese entorno. Si la estructura resulta ser incaica, podría revelar algo profundo sobre cómo esa sociedad concebía el territorio: montañas, caminos y otros hitos no eran solo geografía, sino lugares cargados de significado sagrado, vinculados entre sí dentro de un paisaje que era, en sí mismo, un texto.
El equipo planea un análisis de precisión del terreno, prospecciones a pie, estudios geoquímicos, trabajo con drones y teledetección, además de investigaciones de geoarqueología. No solo buscan reconstruir qué hicieron las personas que ocuparon ese espacio, sino también cómo era el ambiente en aquel momento: qué agua había disponible, qué eventos climáticos ocurrían, qué actividades humanas dejaron huella. Los especialistas españoles aportarán métodos avanzados para analizar sedimentos y restos botánicos a escala microscópica, herramientas que permitirán leer la evolución del paisaje en detalle. Juan Pedro Bellón, director del instituto de Jaén, ha calificado el hallazgo como "de primer orden", subrayando la importancia de que dos países colaboren en una investigación de esta envergadura.
Lo que hace singular este descubrimiento es que no fue producto de una excavación planificada o de un reconocimiento de campo tradicional. Fue Google Earth, esa herramienta que permite a cualquiera sobrevolar el planeta desde una pantalla, la que lo puso en evidencia. Un andinista mirando imágenes satelitales vio lo que nadie había visto antes, o al menos lo que nadie había documentado. Ahora, en diciembre, cuando el equipo hispano-argentino ascienda a esos tres mil metros, intentará confirmar si lo que Gobbi vio desde el cielo es realmente lo que parece ser. Si lo es, habrá que reescribir parte de lo que se sabe sobre cómo los incas —o quienquiera que construyó eso— entendían y marcaban su territorio en la altura extrema.
Citas Notables
No hay antecedentes de esto ni en notas ni en publicaciones. Es un hallazgo inédito para la arqueología. No es un sitio arqueológico común, no hay otro igual en Mendoza.— Cristina Prieto-Olavarría y Horacio Chiavazza, arqueólogos argentinos
El hallazgo es de primer orden y destaca la importancia de la colaboración entre ambas instituciones.— Juan Pedro Bellón, director del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica